Conectate con El Argentino

Medios

El streaming del CONICET llegó al New York Times como símbolo de resistencia al ajuste de Milei

De Mar del Plata al mundo: la «estrella culona» que desafía al régimen libertario. La transmisión en vivo desde un cañón submarino se convirtió en sensación internacional mientras crece la preocupación por los recortes a la ciencia argentina. Más de un millón de espectadores siguieron la expedición que el prestigioso diario estadounidense presenta como muestra de resistencia a la motosierra de la ultraderecha.

Publicado hace

#

El Argentino Diario-Estrella culona del CONICET.

Este viernes el prestigioso New York Times publicó una nota en la que destaca la llegada al público del streaming bajo el mar de la investigación liderada por científicos del CONICET en el cañón submarino Mar del Plata, en medio del brutal ajuste del gobierno de Javier Milei a la ciencia. La expedición «Oasis Submarinos del Cañón de Mar del Plata: Talud Continental IV», realizada en colaboración con el Schmidt Ocean Institute, logró capturar la atención de más de un millón de espectadores y se posicionó como tema de conversación nacional.

«Parejas en Buenos Aires cancelaron sus planes del fin de semana para conectarse a la transmisión. Grupos de amigos se amontonan en los sillones y los chats familiares explotan de novedades. Pero el espectáculo —el tema de conversación en toda Argentina, con más de un millón de espectadores— no es un partido de fútbol de Lionel Messi ni un debate presidencial. Era un video en vivo de crustáceos, esponjas y pepinos de mar arrastrándose, deslizándose y simplemente holgazaneando en el cañón de Mar del Plata, frente a la costa argentina», describe el artículo del diario estadounidense.

Un éxito que trasciende las fronteras científicas

La misión cuenta con apoyo del CONICET y financiamiento internacional, transmitiéndose en vivo por YouTube mediante el vehículo operado remotamente (ROV) SuBastian, capaz de capturar imágenes submarinas desde casi 4.000 metros de profundidad. Más de 30 investigadores argentinos exploran desde el 23 de julio el cañón submarino Mar del Plata, una región de alta biodiversidad y poco explorada del Atlántico sur, con más de 24.000 usuarios conectándose a diario.

El fenómeno trascendió ampliamente el ámbito científico. La transmisión de la expedición de Schmidt Ocean Institute, una fundación estadounidense sin fines de lucro que colabora con CONICET, resultó ser una sensación de Internet con reproducciones en YouTube que superaron los 80.000 espectadores en vivo, llegando las impactantes imágenes hasta la tapa de los diarios.

La «estrella culona» como símbolo de resistencia

El artículo del New York Times, firmado por las periodistas Emma Bubola y Lucía Cholakian Herrera, contextualiza el éxito del streaming dentro de la situación política actual. «Durante la última semana, la transmisión en vivo ha convertido un proyecto de exploración marina en una sensación de internet y a los mariscos en inesperados estandartes para quienes se oponen a las amenazas del presidente Javier Milei de recortar y privatizar la ciencia financiada por el Estado», sostienen las autoras.

Políticos opositores como Juan Grabois celebraron la viralización de la estrella de mar como una muestra de la «grandeza», mientras que el streaming se convirtió en símbolo de lo que la ciencia argentina puede lograr con recursos adecuados.

El contraste con las políticas de ajuste

El medio norteamericano no elude el contexto político que rodea el fenómeno. Cita declaraciones previas del presidente Milei durante su campaña: «¿Qué productividad tienen? ¿Qué han generado los científicos?», preguntó al proponer privatizar el CONICET. La nota contrasta este discurso con el esfuerzo del Gobierno en bajar la inflación y lograr el superávit fiscal, siendo los programas de investigación parte del ajuste realizado.

«Cientos de investigadores han perdido sus empleos desde entonces, y muchos otros han abandonado sus puestos e incluso el país en busca de un trabajo estable», describen en el artículo, evidenciando las consecuencias del recorte presupuestario.

Un fenómeno social inesperado

La publicación del The New York Times refleja que los investigadores de la expedición «se han abstenido en gran medida de hablar de política y se han enfocado en la vida acuática», pero «otros científicos y sus simpatizantes organizaron protestas esta semana contra las políticas del Gobierno».

El impacto social del streaming sorprendió a propios y extraños. Una de las consultadas por el diario es Magdalena Barrientos, una fotógrafa argentina de 32 años que vive en España, quien cuenta que ella suele consumir ese tipo de contenidos y creía que era la única que lo hacía. «Mis amigos me están mandando fotos, como si fuera el Mundial», se sorprende.

El artículo resalta cómo el streaming se coló en las conversaciones cotidianas y despertó la curiosidad de grandes y chicos, que incluso preguntan qué deberían estudiar para convertirse en científicos.

Las imágenes en tiempo real estuvieron disponibles hasta el 10 de agosto, mientras estaba previsto que al día siguiente el equipo ya estuviera de regreso en el continente, según fuentes del CONICET.

Puntos clave:

  • El streaming del CONICET desde el cañón submarino de Mar del Plata alcanzó más de un millón de espectadores
  • El New York Times destaca el fenómeno como resistencia simbólica al ajuste en ciencia
  • La expedición se realiza en colaboración con el Schmidt Ocean Institute con financiamiento internacional
  • Más de 30 investigadores argentinos participan de la misión desde el 23 de julio
  • El éxito trasciende lo científico y genera conversaciones familiares y sociales masivas

Goles! ⚽

The Guardian le pide a Londres que reabra las negociaciones por Malvinas

El columnista Simon Jenkins publicó en el diario británico The Guardian una columna en la que exhortó al gobierno del Reino Unido a retomar el diálogo con la Argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas, disparada por la bandera que la Selección exhibió tras vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026.

Publicado hace

#

"No pueden ser británicas para siempre": The Guardian le dice al gobierno británico lo que Milei no se anima a reclamar.

Una columna publicada el 16 de julio de 2026 en The Guardian, uno de los diarios de mayor influencia del Reino Unido, sacudió el debate sobre la soberanía de las Islas Malvinas desde adentro mismo del establishment mediático británico. Su autor, el periodista y analista Simon Jenkins, sostuvo que el gobierno de Londres deberá, tarde o temprano, sentarse a negociar con la Argentina la cuestión del archipiélago, y que ningún territorio colonial tiene el derecho eterno de permanecer bajo dominio imperial.

El disparador fue la imagen que dio la vuelta al mundo: jugadores de la Selección argentina desplegando una bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas» en el campo del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, minutos después de la victoria por 2 a 1 sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial de la FIFA 2026. El gesto, que generó una airada respuesta del gobierno británico y la exigencia de una investigación a la FIFA, tuvo sin embargo una lectura radicalmente distinta desde las páginas del diario progresista londinense.

Una voz disidente en el corazón del establishment británico

Jenkins no esquivó la incomodidad del argumento. En su columna, cuyo título completo fue «¿Las Malvinas son argentinas? No exactamente, pero ‘las Falklands’ no pueden seguir siendo británicas para siempre», el periodista reconoció la complejidad histórica del conflicto pero apuntó directamente contra la parálisis diplomática de Londres. «Tarde o temprano, el gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de reanudar las negociaciones», escribió, y agregó que, en el estado actual de las cosas, «el Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth y el ministro de Defensa pospondrán el problema».

La frase que condensó toda la carga política del texto fue contundente: «No pueden ser británicas para siempre». Y la pregunta que Jenkins formuló después no fue retórica sino estructural: cuánto tiempo más puede el Reino Unido sostener, a un costo de más de 60 millones de libras esterlinas anuales en defensa, la presencia militar en un archipiélago disputado a miles de kilómetros de sus costas.

Gibraltar como espejo: el antecedente que incomoda a Londres

El eje argumentativo central de Jenkins fue la comparación con Gibraltar. Apenas 24 horas antes de que la Selección argentina exhibiera su bandera en Atlanta, el Reino Unido y España habían firmado en Bruselas un acuerdo que eliminó los controles fronterizos entre España y el Peñón, poniendo punto final a décadas de tensión diplomática sobre otro enclave de la era colonial británica.

El paralelismo resultó inevitable para Jenkins: si Londres pudo sentarse a negociar con Madrid sobre Gibraltar, ¿por qué no podría hacerlo con Buenos Aires sobre Malvinas? «¿Será mucho esperar que una negociación similar surja producto de la semifinal de anoche?», se preguntó el columnista, en una formulación que mezcló ironía y desafío dirigido al propio gobierno del primer ministro Keir Starmer.

Jenkins también cuestionó el peso que la diplomacia británica suele asignar al referéndum de 2013, en el que el 99,8% de los 1.517 habitantes de las islas votó por permanecer bajo administración del Reino Unido. Para el columnista, ese resultado no cierra la discusión sobre la soberanía, sino que la congela artificialmente: no puede equipararse la voluntad de una población instalada bajo ocupación colonial con la resolución definitiva de una disputa territorial reconocida por la propia ONU.

El reclamo argentino: historia, derecho internacional y política actual

La Resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas, aprobada en 1965, reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos gobiernos a continuar negociaciones para alcanzar una solución pacífica. Ese mandato internacional nunca fue cumplido por Londres, que desde el fin de la guerra de 1982 adoptó una política de silencio sistemático sobre la cuestión.

Jenkins repasó en su columna los tres momentos históricos en que ambos países estuvieron más cerca de avanzar: las conversaciones bilaterales entre 1966 y 1968; la Declaración Conjunta de 1971 sobre comunicaciones con el continente; y la propuesta confidencial del gobierno laborista de Harold Wilson en 1974, que ofreció al presidente Juan Domingo Perón un esquema de condominio con administración conjunta, banderas compartidas y gobernación rotativa. Ese proceso, señaló el periodista, fue interrumpido violentamente por el inicio del conflicto armado de 1982, que transformó lo que pudo haber sido una solución negociada en una lógica de guerra que aún hoy condiciona la política exterior de ambos países.

La bandera como catalizador diplomático

Jenkins no se limitó al análisis histórico. Evaluó el impacto político concreto del gesto de los jugadores argentinos y expresó su deseo de que el símbolo trascienda lo deportivo. «Sería gratificante si la bandera de las Malvinas exhibida durante el partido en los Estados Unidos sacudiera a alguien para que pase a la acción», escribió, en una formulación que invierte completamente la lectura que el gobierno británico había hecho del episodio: donde Peter Kyle, ministro de Empresa, calificó el gesto de «totalmente inapropiado» y pidió una investigación de la FIFA, Jenkins lo leyó como un llamado a la responsabilidad política.

La columna del periodista británico tiene un peso político adicional que no puede ignorarse: el gobierno de Javier Milei, a diferencia de administraciones anteriores, exhibió un perfil notablemente más tibio en la defensa pública del reclamo soberano. Las ambigüedades del presidente argentino ante la cámara, en contraste con la firmeza del gesto de los futbolistas, generaron una situación paradójica: son los propios columnistas del establishment de prensa británico quienes, en este caso, empujan el debate con mayor énfasis que el jefe de Estado argentino.

Puntos clave

  • Simon Jenkins publicó el 16 de julio en The Guardian una columna que exige al gobierno británico reabrir negociaciones con Argentina por Malvinas.
  • El texto comparó la situación con el acuerdo sobre Gibraltar firmado entre el Reino Unido y España en Bruselas, apenas 24 horas antes de la semifinal del Mundial.
  • Jenkins cuestionó el referéndum de 2013 como argumento definitivo y recordó que la ONU reconoció la disputa de soberanía en 1965 mediante la Resolución 2065.
  • El columnista cifró en más de 60 millones de libras anuales el costo que representa para los contribuyentes británicos el mantenimiento militar del archipiélago.
  • La postura contrasta con la reacción oficial de Londres, que exigió una investigación a la FIFA por la exhibición de la bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas».
Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo