Opinión
Navidad, chamanes sami y Amanita muscaria
Contrariamente al circo navideño propuesto, la fecha oculta su verdadero origen, lógica y disposición. Así, resta su importancia natural en tanto sesga sus orígenes para negar civilizaciones y costumbres en nombre de un Señor absolutista.

Por Manu Campi | @manucampimaier
Pensar la navidad como una celebración cristiana sería negar de raíz el verdadero sentido de la misma. El carácter occidental, festivo y cristiano sobre el nacimiento del ‘barba’ un veinticinco de diciembre, es falso. Cualquier análisis serio sobre los evangelios y documentos del Imperio Romano suponen al natalicio entre abril o mayo, o septiembre y octubre. Así las cosas, diversas civilizaciones antiguas celebraban el solsticio de invierno. La más conocida y romana fue la Saturnalia.
Festividad en honor a Saturno, dios de la agricultura, del sol y el fuego, la Saturnalia simboliza al sol en su punto más bajo y los días más largos en representación del crecimiento y la necesidad agrícola. El festival de invierno llamaba a Saturno para que volviese y las cosechas siguiesen creciendo. La antigua Roma no fue la única que sostenía esta fecha como de vital importancia. Como Saturno a occidente a Egipto fue Vulcano; a los griegos, Cronos; a los babilonios, Tamuz.

Entonces, la fecha no fue elegida para la Navidad porque fuese el nacimiento de Cristo, sino que era la mejor forma de sustituir la Saturnalia como una imposición del cristianismo que atendió la necesidad de exterminar cualquier síntoma pagano. El vínculo de la Navidad y el 25 de diciembre se impone a través de una serie de decisiones de la curia entre los siglos III y IV. Quizás la más determinante sea la moción del Papa Julio I en 350 para establecer la navidad el 25 de diciembre, decretada cuatro años después por el Papa Liberio.
Como las Saturnales se realizaban del 17 al 23 de diciembre, los días más cortos del año, y luego el 25 de diciembre se consideraba en nacimiento del nuevo sol, la iglesia cristiana eligió entonces a este último como día del nacimiento de Jesús a modo de estrategia expansiva.
De esta manera, se da cuenta que las costumbres y celebraciones de la Navidad no tienen nada que ver con un origen cristiano y, por lo tanto, no es una celebridad cristiana, tal y como sucede con su origen real.
Si bien la Navidad encuentra comodidad dentro del sesgo que propone para con cualquier propuesta por fuera del cristianismo, el simbolismo que trae consigo tiene su amparo en rituales chamánicos escandinavos. Estos ritos contienen el verdadero espíritu navideño y refieren a las prácticas de los antiguos sami de Laponia, al norte de Noruega, Suecia, Finlandia y la península de Kola, y el noroeste de Rusia.
Los chamanes siberianos, del pueblo sami, comían setas alucinógenas y se las daban a sus renos en los días posteriores al solsticio de invierno. Vestidos de rojo y blanco, regalaban los hongos y se intoxicaban hasta el punto de poder creer que volaban.
No es casualidad entonces ubicar en el Polo Norte, donde se encuentra Polaris, la estrella que no se mueve, como lugar de residencia de Papá Noel. Volviendo al consumo de los hongos alucinógenos, puntualmente la Amanita muscaria, se encuentra congelada bajo la nieve o en la corteza de las coníferas. Esta especie son los famosos hongos rojos con puntos blancos que aparecen en una infinidad de cuentos de hadas, de gnomos, e incluso en los juegos de Mario Bros y en las aventuras de los pitufos. Su aparición era considerada mágica al pie de estos árboles y de ahí que los regalos se ponen debajo de los árboles navideños.
La historia cuenta que los días anteriores al solsticio de invierno, los chamanes siberianos, aferrados a sus ancestrales tradiciones, tenían por costumbre ataviarse con los colores de la Amanita para salir a recolectar los hongos. Una vez localizados y arrancados, los colgaban en las ramas más bajas de los pinos (de ahí los adornos sobre el árbol) o los ponían dentro de un calcetín junto al fuego para secarlos.
Los chamanes obsequiaban con las setas recogidas al resto de las familias del poblado, a modo de regalos con los que compartir experiencias y conocimientos. Debido a que la nieve bloqueaba las puertas de entrada a las viviendas, habían diseñado una abertura en el techo de las casas a través de la cual las personas entraban y salían, dando origen a la puerta de entrada de Santa a través de la chimenea.
Como se quiera pensar, la Navidad pasó sin sobresaltos. Quizás, a esta altura, la conciencia colectiva sea más fuerte que el cuento occidental cristiano. En nuestro país, la Copa del Mundo fue el auténtico regalo para todos, todas, chicos y grandes. La industria especializada vio trunco, felizmente, el abordaje de la fecha recolectora de divisas dando paso a un festejo nacional sin precedentes. Quizás así deban ser todas, quizás así deban ser siempre, fuera del shopping, lejos de la billetera y cerca de nosotros mismos.
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
-
Comunidad 👥6 díasTragedia en Recoleta: un hombre murió atropellado por un colectivo de la línea 92
-
Actualidad7 díasRío Grande le reclama a Melella $18.000 millones de coparticipación
-
Fútbol & Goles!4 díasPrimera Nacional: Godoy Cruz y Tristán Suárez definirán el ascenso en una final apasionante
-
Política 📢6 díasUn broker en Florida y 150.000 dólares: quién pagó el avión de Flávio Bolsonaro
-
Desregulación3 díasAySA: el 13 de noviembre el consorcio comprador se sienta en el directorio
-
Fórmula 14 díasColapinto se recuperó en el GP de México y mantiene viva la ilusión de sumar puntos
-
Espectáculos 🎭4 díasLali Espósito y Pedro Rosemblat dieron el sí: boda íntima en San Telmo
-
Mundo 🌐6 díasConfirmaron la muerte de Agustín Randazzo, el argentino desaparecido tras el choque de trenes en España
