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Entrevista

El revolucionario no se jubila nunca

Entrevista al Comandante César Montes, detenido ilegalmente en Guatemala.

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Por María Fernanda Barreto

“A César Montes le dicen «el chirís», que es una palabra guatemalteca para significar muchachito. Pequeño, flaco, de rasgos delicados, el pañuelo siempre protegiendo la débil garganta, César no tiene en absoluto la figura imponente de Fidel Castro. «No me pidas que te ponga una cara temible para la foto, porque nadie nos creería», me comenta él mismo, riendo. Ha compensado, sin embargo, con una muy firme voluntad revolucionaria, cuanto le falta en fortaleza física; hay un hombre duro, valiente y astuto, tras la expresión inocente de esta cara de niño. Telegráfica historia de un rebelde: a los trece años, expulsión de un colegio católico, explosión de rabia por la caída del gobierno revolucionario de Arbenz; a los dieciocho, las manifestaciones estudiantiles, los compañeros desarmados que caen desangrándose, la cárcel por primera vez; a los veinte, la suerte está echada, el desafío aceptado, la violencia elegida, es el turno de la sierra: caminar hasta desmayarse, con los dientes apretados, sin exhalar una queja ni pedir nunca tregua….”

Sería una torpeza intentar mejorar esta breve biografía, escrita nada menos que por el famoso escritor uruguayo Eduardo Galeano, durante su paso por las selvas de Guatemala a finales de la década de los sesenta del siglo pasado. Cada palabra de Galeano logra hacernos sentir en carne propia la historia de ese país de Nuestramérica y nos acerca, con gran sensibilidad, al hombre militante con el que hoy dialogamos.

Se trata del Comandante guatemalteco César Montes. Durante los últimos días hemos conversado para conocer a este revolucionario latinoamericano que, a sus ochenta y dos años, nos responde con mensajes optimistas y cálidos desde su lugar de reclusión en el Cuartel Militar Mariscal Zavala, ubicado en Ciudad de Guatemala. 

Con esta entrevista también queremos hacernos eco de esa lucha, que es sin duda la más dura que deben confrontar los presos y presas políticas: la resistencia frente al olvido. A ellos y ellas dedica nuestro entrevistado, las últimas palabras de esta interesante conversación.

Trasladado ilegalmente desde México hacia Guatemala en 2020, fue condenado en el 2022 a la absurda pena de 175 años de cárcel. Al desarrollarse el próximo 17 de mayo una importante reunión de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México con  su homólogo de Guatemala, Bernardo Arévalo de León, en Tapachula, Chiapas, se abre la posibilidad de que en ese encuentro se aborde la solicitud de indulto y la oferta de conceder posteriormente asilo a Montes en México, que hiciera el propio presidente mexicano al pasado gobierno guatemalteco que, como era de esperarse, desestimó esta propuesta.

María Fernanda Barreto: Me gustaría comenzar por pedirle que nos contara brevemente, ¿cómo se ejecuta este montaje y secuestro que lo tiene hoy en una cárcel guatemalteca?

Comandante César Montes: Fui secuestrado en Acapulco, Guerrero y llevado al Aeropuerto Benito Juárez donde me internaron en una habitación cerrada —junto a varias colombianas detenidas, algún ecuatoriano y un par de venezolanas— para ser deportado. Allí empecé a exigir que no fuera deportado por correr peligro mi vida y porque presumiblemente sería encarcelado. 

No me podía acercar a los marinos, que ya no se despegaban de mi persona y al acercarme a ellos me encañonaban y retrocedían manteniendo distancia. Alguno de ellos me confesó, que les habían advertido que era capaz de arrancarles con los dedos la tráquea. Tamaña mentira me hizo reír a carcajadas pero no cambiaron de actitud.

Me negué a subir a un avión comercial a patadas y enredando las esposas que me habían puesto en uno de los pasamanos. Optaron por regresarme y prepararon otra forma para lograr mi expulsión ilegal. Exigí me enseñaran la orden de deportación y me ordenaron que me callara. Que debían llevarme a Tapachula y entregarme al Instituto Nacional de Migración para reiniciar mi trámite de asilo. Falsedad que les dije era imposible, que no les creía y que no podían hacer eso.

Me condujeron por la calle Hangares, fuera del aeropuerto, pero paralela a la pista para entrar de nuevo al sector de aviones privados donde me metieron a la fuerza a un avión jet ejecutivo de la Procuraduría General de la Nación. Me opuse a patadas y me tundieron a golpes metiéndome cargado al avión y levantaron vuelo rumbo a Tapachula. 

De allí me cruzaron el puente internacional y me entregaron a las autoridades del Ministerio de Gobernación de Guatemala. En ningún momento hubo nadie de INTERPOL como se ha dicho falsamente. Nunca hubo solicitud de extradición ni aceptación de esa inexistente solicitud. 

El delincuente que coordinó la operación de secuestro, expulsión del territorio mexicano fue el marino Contraalmirante Víctor Manuel Martínez Maya. Este individuo fue comprado por un furibundo anticomunista, neo fascista, de nombre Ricardo Méndez Ruiz quien junto con otro abogado, se dedican a dictarle la agenda a la repudiada nacional e internacionalmente Fiscal General de Guatemala, Consuelo Porras.   

Aquí me acusaron falsamente y me han tenido preso injustamente durante 3 años de mi vida a pesar de ser inocente y una persona de la tercera edad. En este momento tengo 82 años que cumplí el 20 de marzo de este año. Soy el preso político de más edad privado de libertad en el centro penal de detención para hombres y mujeres del cuartel Mariscal Zavala. 

Estoy preso por voluntad política y capricho del expresidente Giammattei que ha sido condenado internacional y nacionalmente por su insultante corrupción y violación de todas las leyes, por no tener independencia de poderes sino sujeción a sus órdenes y caprichos. 

No hay razón alguna para que esa voluntad política, esa obstinación, esa venganza política contra mi persona la mantenga el actual presidente Bernardo Arévalo que sustituyó al más corrupto y nefasto expresidente de la historia.

¿Usted ha acudido ante algún organismo internacional para presentar su caso? 

Sí, mi caso se presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque fui agraviado por el gobierno de Guatemala.   

¿Diría usted que ha recibido suficiente solidaridad de los movimientos revolucionarios del mundo y en particular, de quienes fueron parte de su historia militante?

Así es, he recibido inmensa solidaridad de varios países, incluso de personajes que no esperaba. Me han apoyado movimientos revolucionarios del mundo que consideran que la solidaridad es deber de todo revolucionario. 

En Guatemala cuento con personas que son solidarios con visitas, alimentos, ayuda económica, reenvío de mensajes solidarios, declaraciones públicas. Pero siempre hay personajes que estuvieron formando parte de las organizaciones que fundé junto a otros compañeros que ahora miran para un lado, son solidarios con algunos otros presos pero no con mi persona. Eso no me entristece. Ellos viven tristemente rencores pasados y no merecen más que ignorarlos. 

Así es la vida de un revolucionario: muchos te pueden admirar, pero algunos te cuestionan a pesar de la indefensión en que me encuentro. Algunos pocos de ellos han dado declaraciones diciendo que es por mi propia culpa que estoy en estas condiciones, porque desafié al sistema. ¿De qué se trata según ellos? de sumarse a un sistema injusto o es su mentalidad de borregos y ya dejaron de ser combativos, o quizá nunca lo fueron. 

El revolucionario no se jubila nunca y es solidario siempre. Eso he sostenido desde hace tiempo en textos, entrevistas y en conversatorios. Pueden cambiar sus formas de lucha pero no el carácter combativo de las mismas.

¿Por qué el presidente Andrés Manuel López Obrador ha ofrecido el año pasado darle asilo? y ¿cuál fue la respuesta del pasado gobierno guatemalteco al respecto? 

El presidente AMLO pidió que me devolvieran a México porque soy hijo de padre mexicano y padre de dos hijos varones y una mujer mexicanos también.

Eso me concede el pleno derecho a la nacionalidad mexicana, estaba ya concedido el asilo y estaba completando los trámites para mi naturalización cuando fui secuestrado por una banda delincuencial enquistada en algunas estructuras burocráticas, pero que no representaban al gobierno de AMLO, sino actuaban a sus espaldas. 

La respuesta del gobierno del que será recordado como el más corrupto de la historia, el de Giammattei, tuvo el cinismo de responder públicamente que no estaba en sus manos porque ya estaba legalmente procesado y detenido. Argumentó Independencia de Poderes, que en ese momento no existía. 

La propuesta de tenerme asilado en México fue hecha en el programa La Mañanera que es donde se presenta casi a diario a encarar a la prensa nacional e internacional.

¿Cree que es posible que el tema de su asilo está en la agenda de la próxima reunión que tendrán AMLO y Arévalo este 17 de mayo en México? Y si es así, ¿Tiene esperanzas de que el nuevo gobierno guatemalteco pueda estar más abierto a esta solicitud?

Seguramente lo estará. Mi defensa legal y mi familia no han dejado de lado esa posibilidad y por diferentes medios se le ha pedido a ambos presidentes que resuelvan un caso de persecución política porque ninguno de ellos defiende el espíritu represivo y anticomunista del anterior Gobierno Giammattei. 

Ya las circunstancias que me pusieron en prisión no son las mismas. Seguramente estarán buscando la forma de ponerme en libertad sin dejar espacio para que se opongan las cortes que me condenaron injustamente.

¿Quisiera dar un mensaje final a quienes lean esta entrevista, particularmente desde otros países de Nuestramérica?

A todos los lectores y lectoras de esta entrevista les pido que se solidaricen con todos los presos políticos que hay actualmente en muchos países represivos. 

No quisiera su apoyo solidario solo para mi persona. Sí se los pido, pero mejor que se generen luchas en los que uno a uno logre la solidaridad, que no sigan olvidados tras de las rejas, quizás algunos en condiciones muy duras impuestas por gobiernos miserables. 

Pido que hagan llegar mi voz desde el centro penal de mi detención para que mantengan la moral en alto. No tienen que deprimirse. Estar detenido por una causa justa y por órdenes de gobiernos y jueces corruptos, es algo que enaltece porque no somos parte de ellos. 

Sepan que si muero en este centro de detención lo haré con la frente en alto, sin doblegarme, manteniendo los principios ideológicos que me llevaron a luchar junto a mi pueblo durante 36 años del feroz enfrentamiento armado interno y en la posguerra continuamos combativos organizando la resistencia popular pacífica, con proyectos productivos para las personas miembros de la resistencia que dirigimos desde hace 27 años y que aún desde donde me encuentro, sigo luchando por lo que sé que es justo a pesar de estar junto a ex militares, ex policías, ex funcionarios de los gobiernos anteriores, a los cuales respeto porque todos mantienen actitud de respeto para los que, a pesar de la edad, seguimos lúcidos luchando por un mundo radiante y luminoso que todos los pueblos del mundo merecen. Que sigan luchando porque unidos, venceremos.

Cultura

Nancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”

La música, docente y titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, Nancy «La Pantera» González, conmemoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio y el rock under en Argentina. Bajista de Mata Violeta primero y de La Fragua después, vecina del barrio donde vivió y murió el Indio, su testimonio es el de una sobreviviente del underground que nunca dejó de tocar ni de pelear por los derechos de los músicos.

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Nancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”.

Desde el under de los ’80 al sindicato: la lectura política y cultural de La Pantera sobre el legado del Indio Solari

La música y docente Nancy González, titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, rememoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio, los Redondos y el rock under en nuestro país.

Vivís cerca de Parque Leloir, a pocos kilómetros de donde murió el Indio el viernes por la mañana. ¿Cómo te llegó la noticia?

«No solamente vivo cerca de Parque Leloir, sino que el barrio de mi infancia, crianza y adolescencia es ahí donde está la casa del Indio. Cuando él compró la casa fue toda una revolución en el barrio, iba gente siempre a tratar de verlo. Mi hermana sigue viviendo ahí. Udaondo tiene mucha historia musical, está Cielito Lindo Records, y el Indio de hecho fue a vivir a Udaondo porque Parque Leloir está bien, pero es Udaondo. Renegamos un poco porque la casa de él es el casco de la rotonda Miryam, del Harás Miryam, que fue propiedad de los Leloir. Spinetta vivía ahí a ocho cuadras, también Lebón, Miguel Cantilo; Udaondo tiene esa historia. Al enterarme, desperté con esa noticia y estuve muy mal todo el día de ayer, no paré de llorar. Sinceramente tampoco puedo entender la parte política, la decisión de no velarlo a un ídolo de tamaña magnitud en un lugar accesible para la gente. Merecía el Congreso. El Indio merece todo. Tremendo.»

En los ’80 compartiste el circuito underground con los Redondos. ¿Cómo era ese ecosistema, y qué lugar ocupaba una mujer bajista en ese ambiente?

«Los conocí ni bien empezaron, porque yo escuchaba un programa de radio que se llamaba ‘El Loco de la Colina’, el locutor creo que era Ruga, y él pasaba siempre ‘Ñan fi fruli fali fru’ y yo decía: ‘¡Qué buen rock and roll, quiénes son!’ y nunca los mencionaba. Acá en Morón, que ahora la zona del Indio es Ituzaingó pero antes era el Gran Morón porque no estaban divididos todavía, en el centro comercial había un lugar que vendía cassettes piratas. Un día pasé y vi ‘Los Redonditos de Ricota’. Era del ’85. Me lo compré. El que me lo vendió me dijo: ‘Este tiene el tema que vos me decís siempre que escuchás’. Pasaba a Los Redondos y a Memphis la Blusera. Eso nunca me lo voy a olvidar: estaba hasta la una de la mañana escuchando radio y ahí conocí a los Redondos por primera vez.

Avellaneda, velorio del Indio, 2026.

Yo empecé a tocar en el ’89, y bueno, ellos ya estaban con todo el mito y la leyenda. Un guitarrista que conocí era muy amigo del ‘Piojo’ Ávalos, que fue el primer baterista de Los Redondos; todavía sigo en contacto con ese músico. Él me contaba que la primera vez repartían masitas de ricota, que eran redonditas. Por eso también decían que se llamaban Los Redonditos de Ricota.

El circuito underground era muy rico porque había muchos lugares para tocar. Había mucha ‘guerra’ también: el que iba a ver a los Redondos no iba a ver a Soda ni a SUMO, y cada tribu iba a ver a sus bandas favoritas. Era bastante lindo.

Como mujer bajista era dificilísimo. No había muchas mujeres músicas; las que había eran todas coristas, y las bandas de mujeres eran muy pocas. Estaban Las Brujas, también La Torre con Patricia Sosa, pero una banda de mujeres propiamente dicha era rarísima. Era complicado ser música y mujer en esa época.»

Mata Violeta y Patricio Rey, ¿eran parte del mismo circuito? ¿Hubo contacto, alguna anécdota concreta con ellos o con su gente?

«Mata Violeta no era del mismo circuito, era de otro palo. Además Los Redondos siempre tocaban en lugares un poquito más grandes que los nuestros. Nosotras no llegamos a Cemento; el Indio sí. Hicimos Arpegios, y ellos también tocaron ahí, pero ellos se dedicaban más a lugares un poquito más grandes. No hubo cruces directos porque ellos estaban en La Plata y nosotras éramos más del Oeste y de Capital. Lo que sí: compartimos escenario con El Soldado, que tenía como cantante al sobrino del Indio. Entonces mucho del público que seguía a Los Redondos también iba a ver a El Soldado, y cuando hicimos el Teatro Arpegios juntos, ese público nos vio a nosotras también.»

Mata Violeta, 1991.

El Indio construyó un modelo de autogestión que hoy se estudia en las universidades. Desde tu experiencia como música y como dirigente sindical, ¿ese modelo es una referencia real para los trabajadores de la música o fue algo irrepetible?

«El modelo que construyeron el Indio junto a la Negra Poli y todos los músicos de ese momento era una manera de trabajar en cooperativa, de forma autogestiva. Me gusta más la palabra autogestión que independencia, porque al final, independencia ¿de quién? Gracias a esa autogestión el Indio pudo tener la casa que tiene, por los derechos de autor, que me parece una cosa fantástica. Muchos ahora critican que viajó a Nueva York, pero el tipo labró un montón y la plata que ganó la ganó en buena ley. Me parece fantástico.

Aparte, es una cosa difícil de replicar porque hay que dejar un montón de cosas de lado y exige un esfuerzo cooperativo enorme. A mí también me cuesta. Vengo hace años luchando, no solamente por tocar, sino también por los derechos de los músicos y músicas. Todo nació ahí, con el neoliberalismo de los ’90, cuando empezó a funcionar mal el tema de la música en vivo. El Indio es una referencia para los trabajadores de la música, aunque ahora es muy difícil, sobre todo con toda la tecnología, las plataformas y todo lo que está pasando.»

¿Qué es hoy La Fragua y cómo conviven en vos la bajista y la Secretaria General del sindicato? ¿Se retroalimentan o a veces se contradicen?

«La Fragua es mi banda, que arrancó directamente después de Mata Violeta. Vengo trabajando con mucha gente por años, pero no dejo nunca mi sueño. Una vez una figura con la que trabajé me dijo: ‘Vos tenés tu sueño, no lo abandones. Fracasás, no fracasás, no importa, seguí.’ Bueno, acá sigo, no me importa.

Y a veces se contradicen, sí. Me da mucha bronca tener que ir a tocar a la gorra cuando estamos pidiendo que se cumpla un convenio colectivo de trabajo. Me duele ver que un montón de músicos y músicas tienen que trabajar de otra cosa que no sea lo que realmente son. Ver a chicos y chicas que salen a tocar gratis o por nada, que no valoran su instrumento. Estamos haciendo la Ley Santiago, tratando de que se sancione en la Legislatura bonaerense, para que se haga la trazabilidad y se puedan asegurar los instrumentos. Lo estoy llevando también hacia otros países porque el tráfico de instrumentos es mucho. Lo pude comprobar pasando por las fronteras de Brasil, Paraguay y Uruguay, donde no te controlan nada. Los Secretarios de Cultura de todos los países que visité están interesados en la trazabilidad. Así que mis roles se chocan, se retroalimentan, pero chocan.»

Despedida del Indio, Villa Dominico.

El sindicato que conducís forma parte de la CTA. ¿Cuál es la situación concreta de los músicos en la Argentina de Milei? ¿Qué se está perdiendo que no se ve en los titulares?

«Estamos en la Central de Trabajadores de la Argentina de Yasky y venimos trabajando en lo que va a ser la futura Federación Bonaerense de Músicos, que se llamará Regional Sindical. Estamos tratando de sacar una ley que les dé facilidades a los locales que tengan músicos en vivo, que les desgraven impuestos para poder pagar el cachet correspondiente. La situación actual es que no hay laburo, está terrible. Se está perdiendo el laburo, se está perdiendo la visibilización del músico del barrio, de la región, que no puede tocar cerca de su casa porque no hay lugares. La crisis económica hace que cierren, o directamente que los dueños te cobren para tocar o te hagan tocar gratis. Los músicos y músicas somos el orejón de abajo del tarro.»

El Indio dijo en 2023 que Milei era «un disparate fascista» y que apoyaba al kirchnerismo porque «del otro lado había un peligro muy grande.» ¿Compartís esa lectura desde tu lugar sindical?

«Sí. En 2023 el Indio dijo eso y nosotros lo veníamos diciendo también. Es un fascista, es un sionista, es un peligro muy grande porque está entregando todo: no solamente la soberanía económica, sino que la soberanía cultural también está siendo dañada. A él no le interesa que los creadores de música tengan un desarrollo real, menos los que pensamos distinto. A nosotros nos está pasando en plataformas que nos bajan seguidores, que nos baja la audiencia. El fascismo que ejerce Milei en la Argentina está pasando aunque no lo quieran creer. Sí, comparto lo que dijo el Indio totalmente. Y sigue más vigente que nunca.»

La comunidad ricotera siempre fue de clase trabajadora y popular, la misma base social que debería nutrir al movimiento sindical. ¿Por qué esos mundos no terminaron de encontrarse políticamente?

«Yo creo que la comunidad ricotera sí nutre al movimiento sindical. Ayer me sorprendió que un montón de sindicatos sacaron condolencias hacia la familia, con flyers con el logotipo sindical. Y ahí te das cuenta de lo que el Indio produjo en la gente. Escuchaba entrevistas en vivo por la tele, gente que estuvo en la cárcel y que decía ‘hoy soy abogado por las letras del Indio’. Cosas así.

Creo que políticamente se están encontrando ahora. Se están reconociendo. Y creo que este fue el clic: cuando vi los flyers de los sindicatos con la foto del Indio, dije ‘¡Mirá, fulano que es tan serio es ricotero!’ Creo que esta es la bisagra. Lástima que tuvo que ser la bisagra con su muerte, que no lo haya visto. Porque calculo que era un sueño que él también tenía.»

La Fragua.

¿Qué significa para el oeste del conurbano, para Ituzaingó y la zona, que el Indio haya elegido vivir y crear acá en silencio durante décadas?

«En el oeste siempre estuvo el agite, como dijo otra banda. En el ’82, pos Malvinas, todos los que tocamos un instrumento tratamos de juntarnos y componer algo. Udaondo, Leloir, esa zona siempre fue una isla: río Reconquista, quintas, sin acceso oeste todavía en mi adolescencia. Un triángulo donde si no tenías auto, el colectivo dejaba de entrar a las ocho. Y todos los que tocábamos tratamos de juntarnos y hacer canciones. Después fue cayendo gente que tenía que ver con la música, y uno de ellos fue el Indio. Fue tremendo para el barrio.

El Indio no salía mucho, pero mucha gente iba a dejarle cosas en la puerta; así como ayer vi al muchacho que le dejó una rosa. En el kiosco de mi mamá, que está a unas cuatro cuadras de la casa del Indio, en una de las pocas cuadras asfaltadas de la época, iban a buscar cigarrillos y cervezas para dejar en su puerta. Iba el Flaco Spinetta a comprar ahí, Charly García, todo el mundo. Udaondo es la cuna musical; de hecho la han nombrado así. Que el Indio haya elegido vivir ahí es un honor, es una medalla para toda la región.»

¿Qué le decís hoy a una piba de 17 años de la zona oeste que quiere ser bajista, que quiere tocar, y que siente que ese mundo no es para ella?

«Les digo: seguí tu sueño, seguí tocando. Si sos mujer, más todavía, porque siempre hacen falta mujeres en el escenario. Igual un montón de cosas fueron cambiando: sigue el machismo, lamentablemente, son tremendos, cero deconstrucción. Pero hay cada vez más mujeres que no son solo cantantes. Está Lula Bertoldi y hay muchas más. El under lamentablemente está cada vez peor, pero no importa, hay que seguir. Seguir el sueño, tocar, no abandonar. Porque si no, lo que muere es el rock nacional. La música pura, compuesta, basta de covers. Música compuesta por gente del Oeste, y de todo el país. Hay que empezar a exigir que haya canciones nuevas.»

Una última noche en Olavarría…

«Nunca pude ver a Los Redondos en vivo, y por insistencia de compañeros que querían ir a Olavarría a ver al Indio, agarré el auto de mi mamá y nos fuimos. Me impactó porque desde Cañuelas íbamos a paso de hombre. Tardamos un montón, había una cantidad de gente… Y de verdad no me arrepiento. Fue una experiencia que estuvo buenísima, ese recital. Yo viví el pogo más grande del mundo. Yo creo que fue ese, y el que seguramente se va a producir cuando lo despidan. Yo fui parte del pogo más grande del mundo. Una experiencia única, tristemente, porque no se va a repetir. Por suerte la pude vivir».

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