Opinión
“Todo tiene que ver con todo”, ¿alguien lo duda?
Por Daniel Olivera.
Por Daniel Olivera
Días atrás Cristina volvió a hacer bingo con una frase bastante popular: «Al final, todo tiene que ver con todo». La Vice hizo referencia a las increíbles secuencias de la no investigación de su atentado. Una jueza que “hace que investiga” pero trabaja para el Gobierno de la Ciudad.
Un ministro de Larreta que operaba nada más y nada menos que al presidente de la Corte a través de un vocero que se volvió millonario entre 2015 y 2019. Dos miembros de la Corte que se reúnen en Punta del Este con un prófugo (Pepín Rodríguez Simón). Espías que matan a carpetazos a cuadros del larretismo.

Y como en las sagas fantásticas de Tolkien, no sabemos ni cuándo ni dónde estará el fin.Pero volvamos a la frase de Cristina y pongámosla en el contexto latinoamericano.
Aún haciendo esfuerzos para no caer en visiones conspiranoicas, es imposible no pensar en su frase: en apenas 4 meses y 10 días la sucesión de intentonas desestabilizadoras en Argentina, Perú (el único no frustrado), Bolivia, Brasil y ayer Colombia, fueron el rasgo distintivo de la región.
El 1 de septiembre se inició la serie con el lumpen brasileño Sabbag Montiel, que falló dos veces el disparo. Y entre las cientos de hipótesis nunca se logró avanzar sobre el financiamiento de grupos de ultraderecha con vínculos y terminales ¿en Washington?
El 8 de diciembre la impericia del «Cholo» Pedro Castillo sumado al golpismo explícito del fujimorismo terminó en un putsh legislativo. El resultado puso a Dina Boluarte al mando de un convulsionado Perú. Y la ex vice de Castillo se convirtió en la versión incaica de la patética Jeannine Añez.

Peor aún, en menos de 40 días ya suma 45 muertos por la represión.El 28 de diciembre, el gobernador de Santa Cruz de la Sierra (el territorio dominado por los «blancos supremacistas» de Bolivia), Luis Fernando Camacho Vaca, fue detenido por su activa participación en el golpe de 2019 contra Evo Morales y auspiciado por la embajada norteamericana y la OEA de Luis Almagro.
Hoy preso en La Paz, busca revivir la rebelión antidemocrática, pero sin el éxito de hace 4 años.El domingo 8, a sólo una semana de la asunción de Lula, Brasilia se convirtió en una réplica sudamericana del Capitolio de Washington cuando las hordas trumpistas cometieron las peores tropelías de la historia de los Estados Unidos.
Bajo el liderazgo «espiritual» de Bolsonaro refugiado en la ciudad de Disney, turbas de fanáticos descontrolados tomaron por asalto y destrozaron las sedes de los tres poderes del Estado Federativo del Brasil. El modelo Trump en su máxima expresión.
Y si algo faltaba para cantar bingo a la avanzada fascista en América Latina, dos días después nos desayunamos con que la vice más prometedora de la región, Francia Marquez, pudo ser literalmente volada por los aires por una bomba colocada en la ruta que lleva a su casa.Todo tiene que ver con todo.
Sólo restaría que un golpe desestabilizador cayera sobre el gobierno de Boric en Chile.Que nadie mire para otro lado. El espíritu maligno del ALCA nunca se fue «al carajo». Está vivito, coleando y desestabilizando a la nueva generación que busca reversionar la Patria Grande. Esa que soñaron San Martín y Bolívar.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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