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Opinión

De amores, maravillas y vino tinto

El amor y el desamor encuentran en la vid un hilo conductor capaz de crear los giros más sobresalientes de la historia.

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El-Argentino-Manu Campi

Por Manu Campi | @manucampimaier

Los desencuentros del corazón sobresalen más que aquellos que se corresponden. Las grandes obras de arte, incontables películas, novelas y poesías propusieron a través de la historia la penuria que traen consigo los amores no correspondidos.

De este modo, la tensión que generan invita a un desenlace en el cual aquellos que, alejados durante toda la obra, consiguen finalmente vivir felices comiendo todas las perdices posibles.

Así, cualquier espectador romántico encuentra que, independientemente de la situación, estos finales pueden ocurrirle a cualquiera.

Sin embargo, los amores no correspondidos han encontrado el modo para sobrevivir al paso del tiempo aún más que la incontable cantidad de finales propicios.

Quizás esto refiera únicamente a la desilusión que conlleva saber que determinados sufrientes por amor no hayan podido encontrar la manera, ya sea por las restricciones sociales históricas o por la injusticia que a veces propone el destino. Sin embargo, todas tienen en común la desazón que genera saber que hubo quienes no pudieron amarse.

Sobre esta premisa, hubo imperios que han sucumbido por amor, reinos que se han visto atravesados por él, grandes rivalidades de seres íntegros que encontraron en el amor la debilidad más profunda. Incluso a un desencuentro así se le atribuye la invención del vino tinto.

Marco Antonio se enamoró de Cleopatra VII de Egipto, la primera vez que se vieron en Tarsos (41 a. C.). El encuentro convertido en cuadro por Lawrence Alma-Tadema, en 1885, no sugiere al romano dejando un imperio a sus espaldas para vivir con su amada en oriente, ni la derrota a manos de Octaviano (31 a. C.), ni que ambos se quitaron la vida en agosto de aquel treinta.

En Roma, se escribió tal vez el amor entre Adriano y Antínoo como la relación homosexual más famosa de la historia siendo el último arrojado al Nilo, según el propio Adriano.

Dante Alighieri (1265-1321) y Beatrice Portinari (1265-1290) eran vecinos que se vieron por primera vez antes de cumplir los diez años de vida. Apenas se dirigieron la palabra, sin embrago esto no evitó que el genio diera vida a “La divina comedia” y “La vida nueva”, sus dos obras maestras.

Mumtaz Mahal muere dando a luz al décimo tercer hijo de Shah Vahan, el 5º emperador mogol de la India. El dolor de este último concluyó en una de las siete maravillas del mundo hechas por el hombre: el Taj Mahal. En él, viven en la inmortalidad, el emperador y su amada.

Paris fue un príncipe mitológico troyano, hermano de Héctor. El cuento supone que, en el Olimpo, Eris, la Diosa de la Discordia, prometió dar la manzana de oro que lanzó en las bodas de Tetis y Peleo a la diosa más hermosa, pero ninguno de los dioses se atrevió a elegir entre Hera, Atenea o Afrodita. En vistas de resolver tal asunto, el propio Zeus, propone a Paris para que elija entre las tres diosas.

El dios mensajero Hermes le presenta las tres diosas a Paris. Estas, le prometen algo a cambio: Hera, ser soberano del mundo, Atenea, ser invencible en la guerra y Afrodita entregarle a Helena, la mujer más bella del mundo.

Paris elije a Afrodita y ella se convierte en su protectora, pero Hera y Atenea juran venganza. Así, Helena y Paris se vuelven locos de amor ni bien se conocen. Ella huyó a con él, solo para desencadenar uno de los conflictos más conocidos de la historia, la guerra de Troya.

Los griegos se hicieron con la victoria gracias al conocido caballo de Troya no sin antes quitarle la vida a Paris.

Eduardo Galeano escribió que “todos somos mortales hasta el primer beso y la segunda copa de vino”. Este, considerado por siglos como una bebida afrodisíaca tuvo, tiene y tendrá sendos estudios científicos en pos de resolver el porqué de la relación entre la bebida y la sensualidad.

Investigadores de la Universidad de Kingston sostuvieron que el vino tinto puede aumentar el nivel de testosterona de los hombres, otros intentaron comprobar que la bebida facilita la circulación sanguínea y por ende la irrigación de las zonas erógenas.

En el antiguo Imperio Persa, unos cuatro mil años antes de Cristo, vive el mito que explican la primera copa de vino en manos de una dama sin nombre, parte del harén del rey y semidiós Djemchid.

Este recibió unas semillas por parte de aves que las dejaron caer en su paso y ordenó plantarlas en el jardín real. Años de espera dieron sus frutos a lo que el rey pidió que todas las uvas cosechadas fueran guardadas en los depósitos reales.

El paso del tiempo fermentó las uvas, el aroma tanino impregnó el palacio haciendo que Djemchid sospechara que no era otra cosa que veneno, rumor que se esparció rápidamente.

La dama en cuestión, que sufría por el amor no correspondido del rey, decidió quitarse la vida con aquel supuesto veneno.

Al enterarse, Djemchid fue a la alcoba de la cortesana y para su asombro ella estaba viva y ebria de tanto beber en búsqueda de la mismísima muerte. A partir de aquel día, el rey llamó al líquido Darou é Shah, (“remedio del Rey”) y de aquel término deriva el Shiraz o Syrah, una cepa proveniente de esa región.
Casi inadvertida pasó la historia de amor de la escritora británica de principios del siglo XIX Lizbeth Loop e Irving Mayer, el marinero.

Ausentes biógrafos cuentan que el amor victoriano que atravesó a estas dos almas escaparon a todo prejuicio de época. Así, nadie jamás pudo oponerse entre ambos al ver con asombro, y tal vez con envidia, la energía que dejaban flotando en el aire.

Esta historia carece de reconocimiento histórico. Quizás haya sido verdad, quizás no, pero se ha encontrado en el palacio de Buckingham un texto que responde a ellos y dice: “Quienes tuvieron el amparo, o la dicha de verlos juntos comprendieron de inmediato que en sus miradas bailaban los dioses, en sus manos descansaban los sueños, en sus palabras idiomas desconocidos y, en sus corazones, todas las respuestas”.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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