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Opinión

La muerte, etapa superior del odio

La Corte Suprema de Justicia de la Nación, instigadora de un estado de barbarie.

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El-Argentino-Corte Suprema

Por Demetrio Iramain

La gran responsable y mayor instigadora de semejante estado de barbarie es la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Es la cabeza de uno de los tres poderes del Estado, el único cuyos miembros son vitalicios en sus cargos, y actúa como un partido político aunque indemne a los límites que la ley de partidos les impone a sus protagonistas: por ejemplo, la obligatoriedad de la alternancia.

Desde hace años viene operando, en forma sutil a veces y deliberada otras, para arrinconar a Cristina en un expediente judicial y frustrar una salida popular a los conflictos propios de sociedades con profundas inequidades como la nuestra, tan enquistadas en su estructura social y económica. 

Sin relativizar su responsabilidad criminal, el brasileño que gatilló el arma es un emergente de esa gigantesca operación política, que lo trasciende, y que es urgente desmontar, porque sus efectos no se extinguen con la detención del homicida. Siguen en curso. Ese es el desafío de la movilización popular que sucedió al atentado.

Atentado fallido cuya gravedad comienza a ser diluida. “El relato del atentado contra Cristina es falso», dice Wiñazki hijo en la edición dominical del diario Clarín. Al día siguiente, un título de TN califica de «supuesto ataque» al malogrado magnicidio. Por este camino, el bueno de Tedi termina diputado nacional.

La operación para desvirtuar la verdad y licuar la gravedad política del intento de homicidio de Cristina está en marcha. Lo secunda la inoperancia a propósito de la juez y el fiscal para investigarlo.

La posverdad exhibe una nueva faceta: ya no sólo crear noticias falsas, fake news, sino desmentir las que son evidentes. Intentarán convencernos de que lo que vimos no lo vimos. Que lo que pasó a la vista de cámaras de televisión y teléfonos celulares, no ocurrió. Y que tampoco sucedió la impresionante movilización popular del día siguiente: el pueblo fue a la Plaza de Mayo “porque era feriado”.

Será la continuación del acting que el sábado a la mañana hizo la oposición en el Congreso: negarse a condenar explícitamente los discursos del odio en nombre de la «paz social». La confrontación política pasó a otro nivel: una derecha feroz, que viene de atropellada, se dispone a naturalizar la violencia que desata como última instancia donde apelar la fortaleza y el liderazgo indiscutible de Cristina.

Atención, porque la muerte es la etapa superior del odio. El fascismo es la última ratio del capital cuando está preocupado por su hegemonía. Hay que frenarlo ahora. 

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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