Análisis
Vidas precarizadas: un silencio ensordecedor
La fase Neoliberal, de un capitalismo feroz, enraizó sus tentáculos a nivel global.
Por Marina Luis*
¿“Crisis temporal o estallido”? una pregunta desarrollada en mi último libro, hace poco más de dos años. Vidas mercantilizadas, empujadas a buscar satisfacciones a través de una especie de encantamiento hipnótico, cayendo como “pescados en la sartén de una cultura frita” (1), consolidando y con una velocidad inquietante, los engranajes de la gran maquinaria, ahora llamada “anarco capitalista”.
Paradójicamente lo único que “derrama” en este sistema, son humanos que sobreviven, o quedan como despojos invisibilizados y expulsados de nuestra casa común, deambulando o cayendo como mera escoria, fuera de la escena.
- Tiempos de implosión
Nuestros jóvenes van quedando capturados como carnadas, en las redes de consumo, cuya consecuencia es el ingreso a un mundo de espejos. Un laberinto, con reflejos brillantes, que enceguecen y dificultan una salida vivible. Promesas de felicidad, que alimentan más y más consumo, hasta la asfixia o el derrumbe, sin la mínima distancia de rescate, que marca la capacidad reflexiva.
Todos “amuchados” en un tiempo implosionado, con una especie de agujero negro en el interior de remolinos circulares, a punto de tragarse lo que hay.
El pasado no se historiza en el presente, ya no funciona con sus balizas de referencia. Los soportes simbólicos e identificaciones estructurantes, quedaron pulverizados en el tacho de las obviedades, sin ningún sentido ordenador. Lo que proyectamos como futuro, carece de las vías de elaboración, que permitan sostener algún por-venir edificante e inclusivo.
“Vías muertas”, que no son las que canta Manal en su Avellaneda Blues, más bien se asemejan a un tiempo ocluido, con un presente perturbador, y un futuro amenazante, si por caso Amor y Lazo se ausenten definitivamente.
Sociólogos investigan lo “Social Implosionado”, diferenciándolo del estallido. La implosión es la forma que reviste el lazo social en la precariedad.
Una detención cargada de pesadez, un silencio repleto, saturado, “un conflicto que se traga a sí mismo, con una insoportable densidad”. (2)
¿Cuál es el límite de los cuerpos que lo sostienen? Sujetos obedientes al orden establecido, ilusionando obtener la migaja de alguna potencia salvadora, tan solo flasheada con algún “like” en las redes.
Una locura pendiendo del único hilo especular, siempre a punto de cortarse, y amenazados con caer en el vacío. Las respuestas no se hacen esperar: posiciones sacrificiales que mantienen guaridas de un odio aniquilante, depresiones, consumos, fragilidades psíquicas extremas. Esto es lo que se constata en la clínica actual, cuando lo mortífero toma cuerpo.
- Ruido comunicacional
Asistimos a la degradación máxima de la palabra, que nombra, articula, re-crea, comunica, historiza.
Reducida a breves latiguillos que escupen odio, o a cambiantes argumentos, cuyo único objetivo es destruir las diferencias que molestan, los disensos, en fin…a los demás, que pasan a la esfera del capital sobrante.
Un peligroso ejercicio de la actual dirigencia de nuestro país, avalada por representantes de la vida institucional y política y soportada por una sociedad adormecida.
Parece no haber límites, ni topes, las fronteras se disuelven, los diques se derrumban y lo que inunda es un “da todo lo mismo”, “son todos iguales”.
Sin embargo, en ese mismo ruido comunicacional que nos invade, lo que extraviamos es una nota esencial, que llamativamente argumenta un único sentido, se inclina en una misma dirección, engrosando las arcas de los grandes oligopolios de poder, descuartizando geografías, sin que podamos después reconocernos, en lo que nombrábamos como: La Patria.
Cerebros colonizados, absorbidos en la era consumista, justo allí donde las subjetividades no cuentan, ni de a una, ni de a muchos, ni de a todas/os, sepámoslo clarito y de una vez!!
Consumidos y sin tiempo más que para sobrevivir. Se anulan las pausas para pensar, los intervalos que marcan el ritmo temporal en los vínculos.
Sumergidos en un ruido comunicacional: se oyen insultos degradantes, oraciones inconexas, argumentos dislocados y en ajenidad con los acontecimientos, Pero nada se escucha.
¡No hay conversación!
La diferencia entre enunciado/enunciación se funde en un continuo, donde ya no hay nada para comunicar.
Milan Kundera lo define con particular claridad: “La conversación no está para llenar el tiempo, sino que, al contrario, es ella la que organiza el tiempo, la que lo gobierna e impone las leyes que hay que respetar.”
- “Jugo de tomate frío, en las venas…”
¿Seguiremos mirándola pasar? O tal vez ¿fingiendo demencia?
Expresión frecuente en nuestros días, cual escapismo hacia un área anestesiada e indiferente, que sospechamos no sólo de corto alcance en su eficacia, sino tal vez sin el registro del peligro de un límite difuso, entre el “como sí” y la locura que representa la desconexión absoluta de la vida entre y con los otros.
Tal vez necesitemos un shock de realismo, algún estímulo que despierte de la narcolepsia social, del conflicto que se traga a sí mismo, y recobrar la energía que entibia el alma, que hace emerger sentimientos, y entonces cuando digamos “humanidad”, no sea una palabra vacía, sino lo que nos define y representa entre las especies del planeta, ante aquello que lo des-humaniza.
Podríamos cambiar el “jugo de tomate frío, en las venas…”, que cantaba el gran Javier Martínez y como homenaje a su pasión creadora, dejar que fluya en nuestras venas, sangre caliente al abrigo del debate en nuestras comunidades. Que las investigaciones dejen de ser escritos de letra muerta o narcisismos de mero confort intelectual, y que pasen a vivificarse y a corporizarse, favoreciendo la trama donde Amor y Trabajo, vuelvan a ser referentes privilegiados de la vida en comunidad.
- El arte del encuentro
El trabajo dejó de ser un espacio festivo, esperanzador, se vuelve un tiempo de desgaste cada vez mayor, porque el supuesto “premio” de superación y rendimiento individual, choca inevitablemente con un imposible, traducido en la impotencia del “siempre falta algo pal peso”, arañando algún hilo que se deshilacha en un entramado social precarizado.
Trabajo y Amor, dos términos esenciales, en la obra Freudiana, como frenos a la disposición a enfermar. Anudan lo que se va tejiendo en el vínculo con los otros, la trama de las relaciones humanas, reparten y organizan el tiempo, las celebraciones, los proyectos.
Salir del mundo especular, es encontrarse con los otros, los diferentes, torcer el re-sentimiento de una vida mercantilizada, carente de expectativas, para reencontrarse con sentimientos que hacen lazo, un desafío que sale al rescate de la dignidad humana.
No se trata de la nostalgia de “todo pasado fue mejor”, más bien podemos cantar con la Portuaria, que nos trae un buen recordatorio: “nada es mejor, nada es igual, el tiempo es amigo si estás donde estás”.
Retomar el arte del encuentro, con su potencia creadora, recorriendo sus bordes, resituando sus límites, tal vez posibilite leer y trabajar las huellas que albergan los conflictos, haciéndole lugar a una implicación que no omita los malestares en la cultura y en los desencuentros.
Despertar a lo que hay que hacer, a lo que nos aguarda en el tiempo que nos toca, seguramente puede producir incomodidad, puede impactar, indignar, pero también reunir, movilizar…ya que el adormecimiento hipnótico, de una sociedad consumida por el agobio, cargando con las consecuencias de territorios implosionados, consolidando o avalando la locura que los engendra, lleva agazapado en su seno, una figura de lo real horroroso: ¡lo siniestro! que se hace presente entre nosotros, sin que podamos dimensionar siquiera, sus mortíferas consecuencias.
Otorgarle valor a cada instante con los otros, preserva el tejido social y crea lazos.
Vale como ejemplo este pequeñísimo fragmento
Llega Ana corriendo por el pasillo de un Hospital, y con expresión doliente, gritó:
ay! que suerte que está acá, necesito contarle lo que me pasa…”
Contar con otros, contarle, contarnos entre los otros, podría restaurar el espacio por donde respirar y tejer la trama de un tiempo “más feliz de vivir”.
*Psicoanalista, Especialista en Psicología clínica, Docente y Supervisora en Hospitales y Centros de Salud.(marina.luis@hotmail.com)
(1) Los Hilos del Tiempo: usos y costumbres
M.Luis, (La docta ignorancia)
(2) Implosión
L.Barttolotta y Gago (tinta limón)
(3) Lo ominoso Vol XVII- Freud (Amorrortu)
Análisis
El Nobel de Economía para dos neokeynesianos: una ironía para Milei
La Real Academia Sueca de Ciencias distinguió a Robert Hall, de Stanford, y a Michael Woodford, de Columbia, por desarrollar los modelos que hoy usan los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico. El galardón consagra al paradigma neokeynesiano como herramienta central de la política económica contemporánea, en las antípodas del credo libertario que profesa el presidente argentino.
Dos economistas formados en la tradición keynesiana se llevaron este lunes el Premio Nobel de Economía 2026. Robert Hall, de 83 años, y Michael Woodford, de 71, fueron distinguidos por la Real Academia Sueca de Ciencias por construir los marcos teóricos que permitieron a los bancos centrales y los ministerios de finanzas de todo el mundo sincronizar políticas monetarias y fiscales para amortiguar los vaivenes del ciclo productivo. El premio corona décadas de investigación que colocaron al Estado como actor indispensable en la estabilización económica, un principio radicalmente opuesto al dogma que guía la gestión de Javier Milei en la Argentina.
Hall se desempeña en la Universidad de Stanford, en California; Woodford, en la Universidad de Columbia, en Nueva York. El titular del Comité evaluador, John Hassler, subrayó a través de un comunicado que las investigaciones de ambos aportaron «una base teórica estable» para que las autoridades económicas contemporáneas puedan sortear con mayor eficacia turbulencias externas como shocks energéticos o variaciones bruscas en las pautas de consumo hogareño.
Microeconomía al servicio de la macro
El aporte central de Hall y Woodford fue construir el paradigma neokeynesiano desde abajo hacia arriba: en lugar de analizar la economía como un bloque desde una perspectiva panorámica, sus modelos se asientan en decisiones individuales de millones de hogares y empresas. Ese cambio de enfoque generó una reconfiguración de paradigmas que hoy es el estándar de los bancos centrales más influyentes del planeta.
La hipótesis de Hall, presentada en un artículo de 1978, sostuvo que los cambios en el consumo no pueden predecirse porque dependen de información nueva e impredecible. Ese hallazgo resultó fundacional para la investigación moderna sobre el comportamiento del consumidor. Por su parte, el modelo de Woodford permitió responder de forma más eficaz a las perturbaciones que alteran el equilibrio entre oferta y demanda: una escasez de materias primas, un avance tecnológico que abarate la producción, una buena noticia sobre el futuro que impulse el consumo, o la noticia contraria. En todos esos casos, la política de estabilización, ya sea monetaria o fiscal, puede restablecer el equilibrio. La conclusión implícita es que el Estado no es el problema, sino parte de la solución.
El Nobel que Milei no puede ignorar
El galardón llega en un momento de singular elocuencia. Mientras el gobierno de Javier Milei profesa el achicamiento del Estado, el recorte del gasto público y la desregulación como mandatos irrefutables, la academia internacional que evalúa los avances del pensamiento económico eligió premiar precisamente lo opuesto: la demostración científica de que la intervención estatal inteligente, coordinada y basada en evidencia, reduce el sufrimiento de las personas durante las crisis. El premio no es solo un reconocimiento académico; es un mapa de lo que la ciencia económica global considera la frontera del conocimiento.
La tensión no es nueva en la historia del Nobel de Economía. En 2024, el galardón fue para investigadores de la desigualdad; en años anteriores se premió el análisis de las crisis financieras y el mercado laboral. La secuencia consolida una tendencia: la academia sueca premia la complejidad institucional antes que la pureza ideológica del mercado libre.
Una distinción con historia propia
El Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel, su nombre formal, fue instaurado en 1968 por iniciativa del Sveriges Riksbank para conmemorar su tricentenario. No fue creado por Alfred Nobel en su testamento original, a diferencia de los galardones en Física, Química, Medicina, Literatura y Paz. Su primera edición tuvo lugar en 1969, con el reconocimiento a los pioneros Ragnar Frisch y Jan Tinbergen. La dotación monetaria es equiparable al resto de las disciplinas tradicionales del Nobel.
Lo que tenés que saber
- Robert Hall (Stanford, 83 años) y Michael Woodford (Columbia, 71 años) ganaron el Premio Nobel de Economía 2026.
- Fueron distinguidos por desarrollar los modelos neokeynesianos que usan hoy los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico.
- La hipótesis de Hall sobre el consumo data de 1978; el modelo de Woodford permite responder a perturbaciones de oferta y demanda con política de estabilización.
- El premio consagra la intervención estatal coordinada como herramienta científicamente válida, en contradicción directa con la doctrina económica del gobierno de Milei.
- El galardón fue creado en 1968 por el Sveriges Riksbank; su primera edición fue en 1969.
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