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Análisis

Refundación republicana para salvar la Democracia y la Patria

“Cuando no hay Patria no puede haber sentimiento colectivo de la nacionalidad”.

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Por Mario Mazzitelli

La Patria

Escribió José Ingenieros: “Los países son expresiones geográficas y los Estados son formas de equilibrio político. Una Patria es mucho más y es otra cosa: sincronismo de espíritu y de corazones, temple uniforme para el esfuerzo y homogénea disposición para el sacrificio, simultaneidad en la aspiración de la grandeza, en el pudor de la humillación y en el deseo de la gloria. Cuando falta esa comunidad de esperanzas, no hay patria, no puede haberla: hay que tener ensueños comunes, anhelar juntos grandes cosas y sentirse decididos a realizarlas, con la seguridad de que al marchar todos en pos de un ideal, ninguno se quedará en mitad del camino contando sus fortunas. La Patria está implícita en la solidaridad sentimental de una raza y no en la confabulación de los politiquistas que medran a su sombra”.

“No basta acumular riquezas para crear una Patria: Cartago no lo fue. Era una empresa”. “Cuando no hay Patria no puede haber sentimiento colectivo de la nacionalidad”.

“Cuando se vive hartando groseros apetitos y nadie piensa que en el canto de un poeta o la reflexión de un filósofo puede estar una partícula de la gloria común, la nación se abisma”.

“Cuando las miserias morales asolan a un país, culpa es de todos los que por falta de cultura y de ideal no han sabido amarla como Patria: de todos los que vivieron de ella sin trabajar para ella”.

Dirá Alfredo Palacios: “No hay Patria sin Justicia. Mientras los niños proletarios vivan en hogares angustiados, nada absolutamente tienen que hacer las declaraciones sonoras pero vacías de los economistas bien alimentados”.

Conforme la tendencia que vamos viendo, después de los intentos de ley impulsados por el Poder Ejecutivo (con regateos por parte de los legisladores, pero votados por el Congreso Nacional al fin) nuestra Patria no marcha hacia un desarrollo armónico e integral. Más bien avanza hacia su disgregación. Fragmentos económicos de propiedad privada con suerte diversa. Cuando esa propiedad se encuentre en manos de extranjeros (tierras, petróleo, gas, oro, plata, cobre, litio, uranio, agronegocios, industrias, servicios, etc.) los lazos de solidaridad se evaporarán hasta diseminarse en la atmósfera.

Los grandes fragmentos desamparados se hundirán en la miseria, mientras las riquezas producidas a partir de los bienes naturales, el trabajo argentino y el andamiaje legal, fluirán al exterior transformándose en riqueza ajena; generando una asimetría abismal. La desigualdad entre seres humanos habitantes de la Argentina será aún mayor a la que vivimos hoy. Probablemente un 25% (entre los que se encuentran los “grandes” propietarios de tierras, de bancos, de industrias, de comercios, de servicios; más los jueces, una parte de los políticos, otra de los sindicalistas; más algunas profesiones; etc.) vivirá satisfactoriamente. Incluso sabiendo que se ha sacrificado la Patria.

Un 75%, en cambio, (entre los que sobresalen la mayoría de los niños, de los viejos, de los trabajadores monotributistas empobrecidos, comerciantes, industriales, productores pequeños y medianos, empleados públicos, etc.) caerán irremediablemente en la miseria; porque los que hicieron las leyes (obnubilados por la fantasía de una riqueza inhumana) solo atendieron a la avaricia sin límites de los más ricos. Los hermanos ya no seremos unidos.

La Patria quedará en peligro porque ante semejante polarización, se abrirán las puertas de una guerra civil. De alta o baja intensidad, pero confrontación destructiva y dañina al fin.

La Democracia

El sufragio universal, aritméticamente igualitario y ejercido con libertad; es un componente esencial de la Democracia. Pero no es la Democracia. De igual manera la forma en que se organiza un gobierno debe ser consustancial con la Democracia. Pero es solo la forma. La Democracia es sustancia, contenido, esencia. Es una forma de vivir y convivir.

Esteban Echeverría la definió como “el régimen de la libertad fundado en la igualdad de clases”. Aquí se podría decir que: mientras una sociedad se encuentre divida en poseedores y desposeídos, ricos y pobres, herederos y desheredados, explotados y explotadores, etc. la Democracia es de realización imposible. Sin embargo, dado que la igualdad de clases resultará inalcanzable por mucho tiempo; la Democracia solo será posible cuando se le garantice a cada uno de los ciudadanos un piso mínimo con el que: asegurar su derecho a la vida, ejercer su libertad y desarrollar todas sus potencialidades. Ése piso mínimo debe ser replanteado cada 10 años, conforme la evolución de la sociedad en todos los aspectos.

Hoy por hoy, podríamos decir que ese piso mínimo de igualdad (por sobre el cual las desigualdades pueden ser bienvenidas) lo conforman un conjunto de garantías: seguridad, salud, educación, justicia, vivienda, infraestructura para acceder a los servicios y un ingreso básico universal. Todo esto podría requerir el uso inteligente y provechoso de un tercio (1/3) del PBI. Y el origen de ese 33% no debería provenir del trabajo directo y vivo de los habitantes. Sino de las grandes rentas provenientes de la tierra (los bienes naturales preexistentes a los seres humanos) y la herencia difusa (herencia común a toda la humanidad derivados del trabajo creativo de todas las generaciones pasadas) Hoy privatizadas.

El artefacto, instrumento o herramienta con el cual podemos expandir la vida, la libertad, la democracia y el desarrollo integral, es el Estado. Anular, terminar, extinguir el Estado, es anular, terminar y extinguir el conjunto de derechos para el 75% de los argentinos. En favor de un 25% que construirá un Estado privado para la defensa y disfrute de sus privilegios excluyentes. Cuando el Estado democrático, social y de desarrollo integral es mal manejado (por deficiencias morales o técnicas) su supervivencia es inestable, abriendo la puerta a los monstruos que amenazan una convivencia armónica entre todos los habitantes de una comunidad.

La Democracia es acción cooperativa y solidaria para el ascenso material, espiritual y moral de todos y cada uno o es una ficción de imágenes sin contenidos. Cayendo en las tinieblas de la pos verdad. Aunque sabemos que “la única verdad es la realidad” y asumiendo que esta frase puede tener más de una interpretación, no deja de señalar que por mucho cuento, relato o fantasía que puedan enunciar la palabras, la existencia real de cada ser humano en una sociedad dada es lo que determina la calidad de dicha convivencia. Y la calidad de su Democracia.

La República

Esta es una de las formas en que puede aparecer la Democracia. Pero no la única. Para nosotros es bien apreciada, dado que ni siquiera nuestros mayores próceres tuvieron éxito al proponer una monarquía. Así la división de Poderes, la elección de los funcionarios a través del sufragio universal, la limitación de los mandatos, la transparencia en el manejo de la cosa pública, la posibilidad de controles múltiples, etc. dan origen a la forma en la que los argentinos mejor nos sentimos. La inclinación por gobiernos autoritarios, soberbios, iluminados o criminales, se ha borrado del horizonte, siendo uno de nuestros mayores logros.

Barajar y dar de nuevo

No obstante que hoy vivimos en el marco de la CN, los tratados, las leyes, las instituciones de la república…la calidad de vida de nuestro pueblo se ha derrumbado, la Democracia real no cubre las expectativas y la Patria está en peligro (sumemos que hasta la integridad territorial corre riesgo si efectivamente en Tierra del Fuego a algunos cientos de km de Malvinas se instalara otra base militar anglosajona. Así ingleses y norteamericanos se apropiarían de la Antártida, las islas que ya dominan, el paso transoceánico y el mar argentino; en el que ejercen dominio por lafuerza y por fuera del derecho internacional. Sumadas las áreas estratégicas de la economía: finanzas, comercio, industria, etc. cartón lleno)

Por eso es importante pensar en una refundación. El Poder constituyente reside en el Pueblo. Y el primer efecto de un Poder constituyente es que es destituyente. Destituyente del pasado, de las modernas cadenas con las que quieren condicionar nuestro futuro (deuda externa, órdenes del FMI, prórroga de jurisdicción a los EEUU, Banco Mundial/CIADI -contra nuestros propios tribunales-, saqueo de nuestras fuentes de energía, de las grandes rentas, etc) Poder constituyente para volver a ser dueños de nuestro destino.

Será necesario iniciar las acciones populares pertinentes para pensar en una nueva Constitución. Aprovechar los aprendizajes. Tomarnos el tiempo que sea necesario. Que los enemigos de la Patria (que viven saqueándola sin dar nada a cambio) tengan que acomodar sus reclamos a los fantasmas del pasado. Porque los rayos de un nuevo amanecer se vislumbran en el horizonte. No hay precisiones, ni puede haberlas. Solo la certeza que una etapa se cierra y otra se abre. Que se trata de conservar todo lo valioso que hemos logrado. Pero ir por otros objetivos en un nuevo renacer argentino. Una refundación republicana para salvar la Democracia y la Patria, parece ser la tarea más importante de este tiempo histórico.

** Fragmento leído en el homenaje a Manuel Ugarte, en la Fundación Alfredo Palacios; junto a los compañeros Rafael Klejzer y Rodrigo Borges.

Análisis

Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado

Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.

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El Argentino Diario-Donald Trump-Javier Milei.

El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.

Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.

El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.

El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos

En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.

La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.

La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.

El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia

El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.

En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»

El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.

Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel

El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.

En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.

En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.

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