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Análisis

La OTAN contra todos

Por Oleg Yasinski.

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Por Oleg Yasinski

Hace 75 años, el 4 de abril de 1949, del seno de la aún joven Guerra Fría nació un monstruo: la Organización de la Alianza del Atlántico Norte, la OTAN.

La Guerra Fría fue “fría” en teoría. Desde la Segunda Guerra Mundial, se han producido más de 250 conflictos militares en 153 países, cuyo número total de víctimas ha superado durante mucho tiempo el número de muertos en esta guerra. Aproximadamente el 80% de ellos fueron organizados por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Desde la fundación de la OTAN, no ha habido un día en el que los militares de los países del bloque no hayan participado en guerras.

Sus víctimas -Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Siria y otros países que no tienen nada en común ni con la región del Atlántico Norte ni con la «amenaza soviética», a la que la creación de la OTAN fue formalmente una respuesta- están lejos de ser una completa lista. Las tropas de los países de la OTAN, completamente subordinadas al mando de los Estados Unidos y no siempre actuando oficialmente en nombre de la organización, cometieron crímenes en todos los continentes: en Panamá, Somalia, Colombia, Yemen, Vietnam y decenas de otras guerras invisibles para el prensa.

La OTAN fue creada originalmente por 12 países. Desde entonces, se han sumado 20 países más a través de 10 rondas de expansión (1952, 1955, 1982, 1999, 2004, 2009, 2017, 2020, 2023 y 2024). Siete de cada diez de estas “rondas” se produjeron después de la desaparición del bloque del Pacto de Varsovia, al que la OTAN se opuso oficialmente.

Hoy la OTAN es el principal instrumento político-militar de la guerra permanente del capital corporativo contra todos. Por tanto, fue ella quien se convirtió en el caballo de Troya que destruyó la tímida independencia de la Unión Europea cuando el Departamento de Estado de Estados Unidos vio el crecimiento de la economía europea como una amenaza para la hegemonía mundial del imperio.

Mientras el cumpleañero de hoy esté vivo, el mundo no tendrá ninguna posibilidad de tener un futuro pacífico. Por tanto, el único pacifismo posible de nuestro tiempo es exclusivamente poner fin a su existencia en todas partes, con todas las fuerzas, medios y capacidades, lo antes posible.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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