Análisis
Estudiantes de escuelas tomadas cuestionan la infantilización de sus reclamos
«No somos una minoría, se tomaron 26 colegios con el apoyo de sus estudiantes por votaciones casi unánimes», aseguraron las y los estudiantes.
Por María Clara Olmos
Estudiantes de escuelas secundarias públicas de la Ciudad de Buenos Aires cuestionaron que se hayan «individualizado e infantilizado» los reclamos que los llevaron en «última instancia» a las tomas de establecimientos y jornadas de lucha durante la última semana, las que consideraron una muestra de «un movimiento estudiantil organizado y colectivo» que busca construir un modelo «que incluya las voces y derechos de toda la comunidad educativa».
Así lo expresaron Lucía Guttlein y Gael Gómez, de la Escuela de Música Juan Pedro Esnaola; Martina Segretin, del Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas Juan Ramón Fernández; Brisa Hunglinger, de la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas Mariano Acosta, y Marcos Lainez, del colegio Nicolás Avellaneda.
Reunidos en la puerta de ésta última institución y después de saludarse con sentidos abrazos, compartieron sus reflexiones a una semana de la toma en el Mariano Acosta, una protesta a la que luego se sumaron más de una veintena de instituciones con tomas, pernoctes y abrazos simbólicos en reclamo de viandas dignas, mejoras edilicias y «prácticas laborales repensadas».
«Pese a todos los reclamos que llevamos, lo que más nos preguntaron esta semana es qué opina mi papá de que yo esté tomando el colegio o sobre las notas de mi boletín, o si no había una forma ‘menos violenta’ de reclamar», comenzó Lucía (16), secretaria general del Centro de Estudiantes del Esnaola.
Y continuó: «Terminan infantilizando nuestros reclamos porque desde el adultocentrismo, si somos niños o adolescentes, no tenemos ni idea de lo que queremos y esto no es así».
«Lo que queremos es sentarnos a discutir la educación pública para construir un sistema educativo inclusivo en el que todos tengamos voz a la hora de tomar las decisiones que nos afectan«, aseveró la adolescente.
En coincidencia con sus pares, Lucía cuestionó: «Nos quieren sacar de la cancha porque tenemos 16 años, pero planteamos una discusión política mucho más fundamentada y mejor planteada, que apunta a la educación pública como algo que se tiene que pensar colectivamente».

Los estudiantes enfatizaron en el intento creciente de atomizar la lucha estudiantil. «En general, vemos que se busca cada vez más individualizar el movimiento y nuestros reclamos y no analizar qué está pasando en general, en este caso con la educación pública», dijo.
En esa línea, Martina (18), secretaria general del Centro de Estudiantes del Lenguas Vivas, cuestionó la «minimización» del movimiento estudiantil cuando se habla «de que somos unos pocos estudiantes que tomamos los colegios».
«No somos una minoría, se tomaron 26 colegios con el apoyo de sus estudiantes por votaciones casi unánimes, y estuvimos en reuniones permanentes con la Coordinadora de Estudiantes de Base (CEB), la más grande del país», argumentó.
Y apuntó: «Una minoría es la reunión que tuvo el Ministerio de Educación hace unos días con unos 30 estudiantes que son únicamente de la línea política de ellos».
Desde el lunes, además de los colegios ya mencionados, se sumaron a las distintas protestas la Escuela Normal Superior Lenguas Vivas Sofía Esther Broquen de Spangenberg, la Escuela Superior de Educación Artística en Artes Visuales Rogelio Yrurtia, la Escuela Superior Especializada en Cerámica N° 1, la Rodolfo Walsh, el Osvaldo Pugliese y también el Colegio Nacional Buenos Aires y la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, ambas dependientes de la Universidad de Buenos Aires (UBA), entre otras instituciones.
«Frente a un modelo educativo individualista, del ‘sálvese quien pueda’, nosotros tomamos los colegios, de manera organizada y colectiva, porque queremos construir un modelo de educación que integre a toda la comunidad educativa y los derechos de estudiantes, docentes, directivos y familias», añadió por su parte Brisa (16), consejera de Géneros del Acosta.
Asimismo, los estudiantes coincidieron en resaltar la solidaridad entre distintos colegios durante las jornadas de lucha y la colectivización de conocimientos.
«Quienes piensan que nos dan un manual con el paso a paso para una toma ningunean nuestra organización estudiantil, que se nutre de la transmisión de conocimientos entre compañeros», expresaron.

Respecto a las consignas que motivaron las jornadas de lucha, Gael (16) consideró que el estudiantado bajó «la vara de los reclamos» y que las demandas actuales «llegaron a ser las básicas y urgentes para mantener una educación digna», y dijo que a pesar de eso la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, las desconoce argumentado que «no es algo que hubiese sido planteado anteriormente».
«Además de ser mentira, es muy vergonzoso que la ministra de Educación salga a decir que nosotros nunca lo planteamos, cuando en realidad, por su cargo, ella se debería acercar por obligación a nuestros colegios y saber la realidad que tenemos», manifestó Brisa.
En ese contexto, cuestionaron que las autoridades porteñas no se hicieran presentes en el espacio de «mediación» propuesto por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad el pasado jueves.
«Nuestro objetivo nunca fue tomar colegios, es la última instancia ante la falta de respuesta, porque hasta esta semana fuimos totalmente invisibles«, planteó Gael, quien junto a sus compañeros destacó que se logró poner «en agenda» a la juventud como sujeto político.
Con todo, sostuvo que es «una decisión política no convocarnos a un diálogo, como también lo es gastar 20 millones de pesos por día en publicidad y un cuarto de eso en educación pública».
En ese sentido, Marcos (16) agregó que «hay un plan de desfinanciación de la educación porque no sólo no es una prioridad, sino que directamente es un gasto y ya sabemos qué se hace con el gasto: se recorta».
«Cuando quienes no coincidimos con eso nos plantamos y cuestionamos estas cosas nos dicen que estamos ‘sobreideologizados’, que nos lavan la cabeza, o que somos unos vagos que no queremos estudiar, una idea muy instalada», dijo el vocero del Avellaneda.
Al respecto, los y las estudiantes enfatizaron el deseo de «ir a aprender y disfrutar de ir a la escuela e incluso de un acercamiento a lo laboral pero con un sistema educativo de calidad que respete lo que queremos a futuro».
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
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