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CABA

Santoro llamó a ampliar red de subtes con créditos de organismos que luchan contra cambio climático

Leandro Santoro reiteró la importancia que asigna a la expansión de la red de subtes, un déficit por el que responsabilizó a Horacio Rodríguez Larreta.

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El precandidato a jefe de gobierno porteño Leandro Santoro dedicó un tramo importante a profundizar en la cuestión del transporte en la CABA y en ese punto reiteró la importancia que asigna a la expansión de la red de subtes, un déficit por el que responsabilizó a Horacio Rodríguez Larreta.

En su visión, a la actual administración le faltó «voluntad política» para encontrar vías de financiamiento que permitieran ampliar el transporte «menos contaminante» que existe en las grandes capitales de todo el mundo.

«Estamos muy preocupados por expandir la red de subte para hacer frente a la lucha frente al cambio climático y a la búsqueda de más confort. Desde que Larreta es jefe de Gobierno no licitó un solo metro, es una asignatura pendiente muy fuerte», puntualizó.

Como alternativa, Santoro propone tomar líneas de crédito de organismos internacionales destinadas a combatir el cambio climático a través del llamado «financiamiento verde»

«Es posible. Santiago de Chile lo hizo. Nosotros propusimos a través de un proyecto de ley que ya está presentado en la Legislatura, pero que obviamente el PRO no lo trata. Proponemos la creación de un fondo especial para financiar la red de subte con varios instrumentos, uno de los cuales es la emisión de bonos verdes», explicó.

En tanto, sostuvo que hay que evitar que «la inseguridad se concentre de manera tan desigual» en algunos barrios porteños y enumeró políticas especificas para las personas en situación de calle.

«El sistema de paradores que viene utilizando el gobierno de la Ciudad está agotado. Hay que ir a centros de integración más humanos donde se tengan en cuenta la realidad y la complejidad de las personas que están en situación de calle. No necesitamos una cama caliente para que la persona pueda pasar por ahí, dormir e irse. Hay que ayudarlos a recomponer su vida», afirmó.

En ese mismo sentido, sostuvo que debería realizarse un «acompañamiento psicológico» y tener en cuenta que al dividir los paradores entre hombres y mujeres «las familias se tienen que desarmar».

«En algunos no te dejan entrar con perros y muchas veces su mascota es lo único que tiene esa persona. Si no entendés y haces las cosas para cumplir con las estadísticas, podes quedar bien con tu conciencia pero en el fondo no estás haciendo nada para resolver el problema», completó.

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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