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Violento robo en boletería del subte H: metrodelegados en alerta

Este domingo cerca de las 22 cuando dos delincuentes armados irrumpieron en la estación Hospitales de lal ínea H del subte, ubicada sobre la avenida Almafuerte al 300.

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Dos empleados de una boletería de la línea H de subterráneos fueron maniataros y golpeados por dos delincuentes armados que con una moladora abrieron la caja de seguridad y se llevaron la recaudación de la estación Hospitales, en el barrio porteño de Parque Patricios, informaron hoy fuentes policiales.

El robo se registró este domingo cerca de las 22 cuando dos delincuentes armados irrumpieron en la estación Hospitales de lal ínea H del subte, ubicada sobre la avenida Almafuerte al 300, en el citado barrio porteño.

Según dijeron las fuentes, luego de amenazar a los dos empleados de la boletería a punta de pistola, los asaltantes ingresaron al sector de las cajas, donde los golpearon y maniataron.Tras ello, los sospechosos sacaron una moladora con la que forzaron la caja fuerte y robaron el dinero que allí había.Finalmente, los delincuentes se dieron a la fuga mientras que las víctimas fueron atendidas por algunos golpes.

La División Subterráneos de la Policía de la Ciudad tomó intervención del hecho y se lo comunicó a la Fiscalía de Instrucción 7, a cargo de la fiscal Mónica Cuñarro, quien ordenó que se realicen las directivas relacionadas a un robo a mano armada.

Los investigadores analizan las cámaras de seguridad para establecer las identidades de los sospechosos y el recorrido que realizaron luego de darse a la fuga.

En tanto, metrodelegados encuadrados en Asociación Gremial de Trabajadoras y Trabajadores del Subterráneo y Premetro (Agysyp) denunciaron este «nuevo hecho de inseguridad en el subterráneo».

«Desde nuestro sindicato hemos denunciado infinidad de veces estos temas de inseguridad en nuestro trabajo, hemos concurrido infructuosamente a diversas reuniones con el Gobierno de la Ciudad y la empresa Emova, sin tener ningún resultado ante estos hechos que van en aumento en cantidad y gravedad», indicaron en un comunicado.

Y añadieron: «Los trabajadores del subte nos encontramos en estado de alerta ante esta grave situación y exigimos con urgencia una inmediata respuesta de las autoridades de Emova y el Gobierno de la Ciudad».

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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