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Buenos Aires

La familia de la joven que murió quemada en el bar acusó de «inhumanos» a los responsables de Zar Burgers

Lucía Costa tenía 19 años y era su primera salida con amigos desde el 20 de marzo, momento en que se decretó el aislamiento obligatorio.

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Lucía Costa tenía 19 años y era su primera salida con amigos desde el 20 de marzo, momento en que se decretó el aislamiento obligatorio.

Maximiliano, el tío de la joven de 19 años que falleció como consecuencia de las quemaduras sufridas en un bar de la localidad bonaerense de San Miguel, cuestionó el “grado de inhumanidad” con que trataron a su sobrina tras el accidente los responsables de Zar Burgers, que anoche, sábado, emitieron un comunicado “lamentando profundamente” lo ocurrido.

En tanto, amigos y familiares están convocando a una movilización el próximo miércoles a las 16 en la plaza de San Miguel.

Lucía Costa sufrió las graves quemaduras que derivarían en su muerte el pasado viernes por la noche, al ser salpicada por alcohol encendido durante la recarga imprudente de un pequeño hornito que también provocó heridas de diferente consideración a ocho de sus amigos de entre 16 y 19 años.

El bar de Paunero al 1189 emitió un comunicado para expresar que “lamenta profundamente los hechos sucedidos anoche” (por el viernes), “acompañamos el dolor de la familia de Lucía” y “esperamos el pronto restablecimiento de los chicos heridos”.

El tío de Lucía, Maximiliano explicó al canal de noticias C5N que era la primera salida de su sobrina con sus pares en tiempos de pandemia, y el lugar elegido resultó este bar donde concurrió con “sus amigos de un grupo religioso de la catedral de San Miguel”.

“Estaban sentados en una mesa que tenía un centro de mesa con llamas y cuando una de las meseras se acerca con un bidón de cinco litros de alcohol para recargar esta especie de antorcha, estalla el bidón y este combustible en llamas empapa a los que estaban alrededor, en especial a Lucía que recibió lo peor de todo esto”, contó.

Se desató entonces “una situación de pánico”, con “gente que corría en llamas” y “sin nadie para controlar la situación”.

“A Lucía la logran apagar con ropa pero ella quedó acostada boca abajo en muy mal estado, con toda la cara y el torso quemado y todas las vías respiratorias comprometidas, que fue lo que la llevó a la muerte”.

Tras ser estabilizada en un sanatorio local, la joven fue trasladada al Hospital del Quemado de la ciudad de Buenos Aires, donde murió horas después tras sufrir dos paros cardiorespiratorios.

El hombre cuestionó “cómo se le pudo ocurrir” a un local colocar estos hornitos con llamarada libre “en un ambiente restringido, con mucha gente y mesas de madera”, pero también que su sobrina haya quedado “tirada en el piso inconsciente” los 20 minutos que tardaron en llegar los bomberos.

“No entendemos cómo en un lugar de estas características puede haber focos ígneos sin ningún recaudo, cómo se puede manipular combustible habiendo focos ígneos y en ausencia de salidas apropiadas, cómo frente a esta situación inesperada no había nada para apagar el incendio y, lo peor del asunto, es cómo queda tirada en el piso, absolutamente desamparada hasta que llegaron los bomberos”, dijo.

Maximiliano hizo énfasis en que nadie preservó a su sobrina, que “como quedó atravesada en el camino de salida, la gente pasaba sobre ella para poder evacuar.

“El grado inhumanidad de todo esto es espantoso: tenemos una persona que le tiraron una especie molotov en la cara, que ardió en llamas, que se le quemaron todas la vías respiratorias y cuando quedó tirada inconsciente en el piso, nadie hizo nada para asistirla”, afirmó.

Por otro lado, el hombre advirtió que “esto no ha terminado” aún porque “todos sus compañeros tienen una larga lucha por delante para recuperarse no sólo físicamente sino psicológicamente”.

La causa quedó a cargo de la UFI 4 del Departamento Judicial de San Martín, a cargo de Ana Rosa De Leo, Tamara Roxana Vaisman y Rubén Moreno.

Buenos Aires

Granja Tres Arroyos frenó su planta en Capitán Sarmiento y crece el temor al cierre definitivo

La principal avícola del país suspendió «hasta nuevo aviso» la actividad en la ciudad bonaerense, alegando falta de suministro eléctrico y razones operativas. El retiro de maquinaria concesionada y el vaciamiento de oficinas alimentan la certeza entre los trabajadores de que la paralización será permanente.

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Retiran maquinaria y vacían oficinas: los trabajadores de Granja Tres Arroyos ya no creen en la "suspensión temporal".

La empresa avícola Granja Tres Arroyos notificó formalmente el cese de la actividad productiva en su planta de Capitán Sarmiento a partir del 31 de agosto de 2026. En un comunicado interno, la dirección argumentó que la medida obedece a «la falta de suministro eléctrico y a otras cuestiones operativas y productivas derivadas de circunstancias de fuerza mayor y de público conocimiento». La suspensión, definida como temporal, se extiende «hasta nuevo aviso», una fórmula que los propios trabajadores interpretan como el preludio de un cierre definitivo.

El vaciamiento que habla por sí solo

Lo que convierte la preocupación de los empleados en algo más que un temor sindical es lo que ocurre puertas adentro: el directorio inició el retiro de la maquinaria concesionada y el vaciamiento de las oficinas, señales que en el lenguaje industrial raramente acompañan una pausa transitoria. Según informó **Infobae**, esas acciones concretas son las que alimentan la convicción de que la paralización no será temporaria sino permanente, lo que pondría en riesgo los puestos de trabajo de los empleados que aún permanecen en la planta.

La suspensión en Capitán Sarmiento no es un episodio aislado, sino el último eslabón de una cadena de cierres y paralizaciones que viene sacudiendo a la empresa a lo largo de todo el año. La estructura productiva de Granja Tres Arroyos se desintegra de manera sistemática, planta por planta, sin que la conducción empresarial haya ofrecido una hoja de ruta clara sobre el futuro de sus instalaciones y su personal.

Un año de recortes en serie

El panorama acumulado en 2026 es de una gravedad que no admite eufemismos. A principios de agosto, la empresa comunicó el despido de más de 250 trabajadores de su planta industrial La China, ubicada en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), justificando la medida en la caída de la actividad provocada por la gripe aviar. Con anterioridad, Granja Tres Arroyos había paralizado por un mes la planta de Avex en Río Cuarto (Córdoba) y suspendido a todo el personal en la planta Pinazo de Pilar. En Wade II hubo paralizaciones por conflictos salariales y bloqueos, mientras que en Wade I la producción se redujo de manera notoria.

El historial reciente incluye además el cierre de la planta de Tristán Suárez con 200 despidos y el cierre de la planta de Becar en Concepción del Uruguay, desde donde los 270 trabajadores fueron trasladados a La China, la misma planta que meses después recibiría los despidos masivos de agosto. Una lógica de concentración y achicamiento que ahora desemboca en la parálisis de Capitán Sarmiento.

El peso de una deuda de 350 millones de dólares

Detrás de cada cierre y suspensión late una crisis financiera de proporciones: la empresa arrastra un pasivo de 350,9 millones de dólares y negocia con sus acreedores una reestructuración que contempla quitas de hasta el 75% del capital, plazos de pago a siete años y la venta de al menos cinco activos no estratégicos. A fines de 2024, Granja Tres Arroyos ingresó en un proceso preventivo de crisis, desde donde aceleró los recortes internos mediante un programa de retiros voluntarios y comenzó a afrontar sus obligaciones «de manera escalonada y en cuotas».

El colapso de la principal avícola del país no puede leerse en clave exclusivamente empresarial. Se trata de la destrucción de miles de puestos de trabajo en una industria que históricamente fue motor de empleo en el interior bonaerense y en provincias como Entre Ríos y Córdoba. Las suspensiones y cierres no solo dejan trabajadores en la calle, sino que erosionan la trama productiva de ciudades enteras que dependen del empleo industrial para sostener su economía local. La fórmula «fuerza mayor» que esgrime la empresa en sus comunicados no alcanza para explicar una crisis que es también el resultado de decisiones empresariales, de un contexto macroeconómico que encareció insumos y tarifas, y de un Estado que asiste al desmoronamiento sin intervenir con políticas activas de sostenimiento del empleo.

Puntos clave

  • Granja Tres Arroyos suspendió «hasta nuevo aviso» su planta de Capitán Sarmiento desde el 31 de agosto de 2026, alegando falta de suministro eléctrico y razones operativas.
  • El retiro de maquinaria concesionada y el vaciamiento de oficinas generan entre los trabajadores la certeza de que el cierre será definitivo.
  • En lo que va del año, la empresa despidió a más de 250 empleados en Concepción del Uruguay y paralizó o cerró plantas en Pilar, Río Cuarto, Tristán Suárez y Becar.
  • La compañía arrastra un pasivo de 350,9 millones de dólares y negocia quitas de hasta el 75% del capital con sus acreedores.
  • A fines de 2024, Granja Tres Arroyos ingresó en un proceso preventivo de crisis.

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