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La dolarización: una “camisa de fuerza” que hipoteca la soberanía
Los resultados contrastantes en América Latina muestran que abandonar la moneda nacional no es garantía de desarrollo, sino una renuncia a herramientas de política económica que puede profundizar la dependencia externa.
⬛ En el debate económico argentino resurge con fuerza la propuesta de la dolarización, promovida por el gobierno de Javier Milei como supuesta solución a la crisis inflacionaria. Sin embargo, pese a la hiperinflación, el peso en caída libre y los dólares drenados de las reservas del banco central, la asunción del billete verde americano no parece la solución, según advierten analistas internacionales.
La experiencia latinoamericana de más de dos décadas ofrece lecciones contradictorias sobre esta medida extrema que, según economistas y otros intelectuales advierten sobre los riesgos de una medida semejante, implica una pérdida irreversible de soberanía monetaria.
El laboratorio latinoamericano: tres caminos, resultados dispares
La dolarización, adoptada por Panamá (1904), Ecuador (2000) y El Salvador (2001), ha influido en el manejo del déficit fiscal de estos países al restringir la política monetaria y generar presiones sobre el gasto público, evidenciando desde el inicio sus limitaciones estructurales.
Panamá: el caso excepcional
Panamá presenta la experiencia más exitosa, pero en un contexto irrepetible. El país dolarizó desde su fundación en 1904 y su economía se beneficia de ventajas geoestratégicas únicas, particularmente los ingresos del Canal de Panamá. El PBI per cápita fue de USD 5.979 en 2021 y de USD 6.309 en 2022, el déficit fiscal llegó al 1,6% del PBI y al 1,7%; y el desempleo del 5,2% y el 4,4%, respectivamente.
Sin embargo, este éxito no puede extrapolarse a otras economías que carecen de estos activos estratégicos y que implementan la dolarización como respuesta a crisis agudas.
Ecuador: estabilización a costa de flexibilidad
Ecuador adoptó el dólar en 2000 tras una devastadora crisis hiperinflacionaria y bancaria. Si bien logró estabilizar los precios, Ecuador y El Salvador, dolarizados a nivel oficial, experimentaron bruscas caídas en el crecimiento del pib en 2008 y 2009, aunque se recuperaron y pudieron lograr alzas positivas en este indicador.
Los resultados evidencian que pesar de la crisis económica y política que atraviesa actualmente el Ecuador ha tenido ingresos significativos a diferencia de años anteriores respecto al PIB, cuya cifra para el año 2022 fue de $115.049.000 millones de dólares, pero la volatilidad del crecimiento muestra las limitaciones de no contar con política cambiaria propia.
El Salvador: promesas incumplidas
El Salvador dolarizó en 2001 como estrategia de estabilización, pero los resultados han sido mediocres. El país logró controlar la inflación, pero no generó el crecimiento económico esperado ni atrajo significativas inversiones extranjeras.
Los riesgos estructurales de la pérdida de soberanía
Si bien la dolarización ofrece el potencial de reducir la inflación y aumentar la estabilidad económica, también conlleva riesgos importantes, como la pérdida de soberanía monetaria y la necesidad de una disciplina fiscal estricta.
La trampa de la dependencia externa
Si se optara por la dolarización, Argentina declinaría parte de su soberanía que es su moneda; su capacidad de ejercer políticas monetarias como la devaluación o la emisión de dinero para estimular la economía en momentos como estos de crisis; asimismo se limitaría las opciones de respuesta ante shocks externos.
Dolarizar implicaría varios riesgos para el país, entre los que menciona la pérdida de la política cambiaria (es decir, la posibilidad de regular el tipo de cambio para morigerar los efectos de crisis económicas globales.
El problema del prestamista de última instancia
Argentina perdería el control sobre su política monetaria, limitando su capacidad de respuesta ante crisis económicas. Al dolarizar el país, se necesitaría una cantidad elevada de dólares en circulación para respaldar la economía, algo que actualmente no posee.
Una medida que profundiza la dependencia
La propuesta de dolarización en Argentina es un camino lleno de riesgos y consecuencias negativas. Concentrar el poder en manos de los bancos y limitar la capacidad de intervención del Estado es un escenario peligroso que solo perpetuaría las desigualdades y la dependencia económica.
La evidencia internacional sugiere que la dolarización puede ser efectiva como medida de emergencia contra la hiperinflación, pero no constituye una estrategia de desarrollo a largo plazo. Por el contrario, consolida la dependencia externa y limita severamente la capacidad del Estado para implementar políticas contracíclicas.
Puntos clave:
• La dolarización elimina la capacidad de devaluación competitiva y política monetaria expansiva
• Los países dolarizados experimentan mayor volatilidad en el crecimiento ante shocks externos
• No existe evidencia concluyente de que la dolarización atraiga más inversión extranjera directa
• La medida exige reservas en dólares que Argentina actualmente no posee
• Implica una renuncia permanente a la soberanía monetaria nacional
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El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado
El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.
El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.
«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar
Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.
La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.
El mercado ya descuenta una suba del dólar
Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.
El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.
El ancla que sostiene una macroeconomía frágil
El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.
El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.
La contradicción estructural del modelo
La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.
El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.
Puntos clave
- El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
- El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
- El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
- Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
- Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.
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