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Ratifican fallo absolutorio en legítima defensa

El Tribunal de Casación Penal bonaerense desestimó la apelación presentada por la Fiscalía y ratificó el veredicto que absolvió a una mujer que mató a su pareja, quien la sometía a amenazas, agresiones físicas y psicológicas hasta llegar a prostituirla

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Por Néstor Llidó

Mafalda Beatriz Secreto, la costurera que mató a balazos a su pareja y luego descuartizó el cuerpo en un hecho ocurrido en junio de 2019 en la ciudad bonaerense de Colón, fue absuelta por un fallo, en el que se consideró que actuó en “legítima defensa” por el contexto de violencia de género al que era sometida. Y ahora, luego de la apelación interpuesta por la Fiscalía que había solicitado fuera condenada a 18 años de prisión, el Tribunal de Casación Penal ratificó la sentencia de primera instancia.

De acuerdo a lo indicado por la abogada Raquel Hermida Leyenda, quien defendió en la causa a la mujer de 65 años, quedó confirmada la absolución, a partir de los argumentos que expuso en su alegado y que luego fueron parte del veredicto, emitido en el último mes de julio, por el Tribunal Oral Criminal Nro. 1 de Pergamino.

“Se ratificó la sentencia absolutoria, luego de puntualizar los errores en la apelación presentada por el fiscal Ignacio Uthurry y certificar los fundamentos de esta defensa, los que quedaron expuestos en el fallo del Tribunal”, precisó Hermida Leyenda a EL ARGENTINO, agregando que “Mafalda es libre, a partir de haber logrado que se modificara la jurisprudencia y considerar que los actos posteriores no invalidan la legítima defensa en contexto de violencia de género”.

La mujer, quien trabajaba como costurera y modista en el pueblo de Colón siendo muy apreciada y reconocida por los vecinos, había sido detenida, luego de haber asesinado de un balazo a su pareja José Luis Arenas (60) y frente a la conmoción por lo ocurrido, descuartizar su cuerpo. En principio, su defensa tramitó y consiguió que se le otorgara el beneficio del arresto domiciliario hasta el juicio, donde confiaban en poder demostrar que lo ocurrido respondía a una reacción por la situación traumática que venía atravesando, en su condición de víctima de violencia.

Durante el debate, se expuso que Mafalda Secreto era amenaza, agredida físicamente, drogada y estando en estado de indefensión, prostituida por su pareja. En ese contexto de violencia de género, al ser intimidada en que lo mismo podría ocurrir con su hija y nietos, hasta que en la noche del 1 de junio de 2019, en uno de esos episodios de maltrato, tomó un arma que era propiedad de José Arenas, con la que le disparó en el pecho, ocasionándole la muerte. Para posteriormente, solicitar ayuda para descuartizar el cadáver y finalmente, terminar detenida y acusada del homicidio calificado.

En los alegatos, la Fiscalía pidió 18 años de cárcel, teniendo en cuenta ciertos atenuantes en lo ocurrido, pero desestimando en calificar al crimen como en un contexto de legítima defensa, mientras que la abogada Hermida Leyenda se pronunció por la absolución y así fue el veredicto, ahora ratificado.

Boxeo

El Roña Castro hacía lo que la política no: su última pelea fue contra el hambre

Desde un gimnasio de Temperley, el excampeón mundial llegó a sostener 14 comedores con más de 6.400 personas. Había pasado hambre de chico y no se cansó de denunciar que el Estado nacional los había dejado solos.

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"Nación no nos ayuda en nada": el Roña Castro hacía lo que el gobierno de Milei dejó de hacer.

Cada viernes, frente a la puerta de un gimnasio de boxeo en Temperley, se formaba una fila de mil números. Arroz, fideos, polenta y harina pasaban de mano en mano mientras un excampeón mundial organizaba la entrega. Jorge «Roña» Castro, que murió tras descompensarse en un bingo de Morón, había convertido su gimnasio en una trinchera contra el hambre.

El propio Castro detalló en un video reciente la magnitud de esa tarea: unas mil personas asistidas cada viernes, cerca de 4.000 por mes, y una red de 14 comedores con más de 6.400 beneficiarios. «Yo tenía 2100 chicos dándoles de comer en los comedores, ahora son 6400. También le damos de comer a las familias, los padres y madres», había explicado en el canal de noticias C5N.

«¿Sabés lo que es que te ruja el estómago?»

Su compromiso no nació de un cálculo, sino de una herida. Castro creció con cinco hermanos en Caleta Olivia y, tras la separación de sus padres, se fue a vivir con su padre a Catamarca. «Mi viejo chupaba, el alcohol lo perdía y me molía a trompadas, no sabés las necesidades que pasé. No comía, estaba como raquítico», recordó.

Ese chico que pedía comida para sobrevivir terminó haciendo lo mismo, ahora para otros. «Yo mangueaba, igual que lo hago ahora, para parar la olla, no había otra, no hay otra», contó. La empatía con quienes hacían la fila no era un discurso: era su propia biografía repetida en otros cuerpos. «Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos», resumió.

De una olla a 14 comedores

Todo empezó en marzo de 2020, cuando abrió un gimnasio en el barrio San José de Temperley y, un mes después, la pandemia lo obligó a cerrar. «Hicimos una olla, después hicimos dos, luego empezamos con los comedores y ahora tenemos 14 comedores», relató. Se levantaba a las cinco de la mañana para ir al Mercado Central y abastecía, además, a una red de merenderos.

La demanda nunca dejó de crecer. «No damos abasto. No llega», lamentaba. Lo que más lo golpeaba era ver a vecinos que alguna vez habían vivido bien acercarse con vergüenza a pedir un plato. «Perder el trabajo y la dignidad es muy duro», decía. En la fila, muchos tenían empleo y aun así no llegaban a cubrir la comida; jubilados y trabajadores informales repetían el mismo diagnóstico. «Trabajé toda mi vida y ahora tengo que estar mendigando», contó uno de los vecinos que esperaba su turno.

«Nación no nos ayuda en nada»

Castro nunca separó su trabajo social de la realidad política. Cuestionó de frente el relato oficial sobre la baja de la pobreza: «Milei dice que sacó a 12 millones de la pobreza y la gente va cada vez más a los comedores». Y fue contundente sobre el abandono: «El Gobierno nacional nos quitó todas las ayudas. Cada vez tenemos más gente en los comedores y Nación no nos ayuda en nada. Sí nos ayuda la provincia de Buenos Aires, las fábricas y los comercios».

Describía un cambio brutal en el perfil de quienes llegaban: «Si antes dábamos un plato de comida, ahora damos tres. Cada vez viene más gente grande, jubilados a los que no les alcanza ni para comprar comida». Él mismo padecía los aumentos de tarifas en las cuentas de su gimnasio, y aun así no dejaba de abrir la puerta. Su conclusión era tan simple como política: «Los comedores y los merenderos no deberían existir».

Morón, el último proyecto

En los últimos tiempos se había radicado en Morón, donde trabajaba para abrir un nuevo espacio comunitario con capacidad para 500 personas. Hasta el final pidió donaciones y colaboraciones para sostener la red, consciente de que la ayuda que debía llegar del Estado no llegaba. Su muerte deja un interrogante incómodo: quién va a ocupar ahora el lugar que la política dejó vacío y que un excampeón decidió llenar con ollas.

Lo que tenés que saber:

  • Castro convirtió en 2020 su gimnasio de Temperley en un centro de asistencia alimentaria.
  • Según sus propias cifras, asistía a unas mil personas cada viernes y sostenía 14 comedores con más de 6.400 beneficiarios.
  • Atribuía su compromiso al hambre y el frío que pasó en su infancia.
  • Denunció que el Gobierno nacional les quitó todas las ayudas y que solo los asistía la provincia de Buenos Aires, fábricas y comercios.
  • Trabajaba en un nuevo comedor para 500 personas en Morón.
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