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Pobreza

Récord desde 2018, pero con alerta: según UNICEF hay 5,1 millones de chicos pobres en Argentina

El organismo registró una baja de la pobreza infantil al 42,3% en el segundo semestre de 2025, el nivel más bajo desde 2018. Pero el organismo ya proyecta un rebote al 44,4% en el primer semestre de 2026. La UCA, con metodología propia, ubica la cifra en el 53,6%.

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El Argentino Diario-Personas en situación de calle.
Dos informes, dos brechas: por qué la pobreza infantil en Argentina no cede aunque bajen las estadísticas.

Un nuevo informe de UNICEF Argentina registró una baja significativa de la pobreza infantil al 42,3% en el segundo semestre de 2025, el nivel más bajo desde el año 2018. Sin embargo, el propio organismo advierte que la mejora no se consolida: para el primer semestre de 2026, las proyecciones indican un nuevo repunte hacia el 44,4%. Los datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), con una metodología de medición diferente, ubican la pobreza infantil en el 53,6% para el mismo período, lo que revela que la brecha entre los distintos registros sigue siendo amplia y que la situación estructural de las infancias argentinas está lejos de resolverse.

5,1 millones de chicos debajo de la línea de pobreza

Según el informe de UNICEF Argentina titulado Pobreza monetaria y privaciones vinculadas a derechos en niñas y niños, elaborado con datos oficiales del INDEC correspondientes al segundo semestre de 2025, 5,1 millones de niñas, niños y adolescentes vivían en hogares pobres al cierre del año pasado. Esa cifra representa una reducción respecto de los 6,3 millones registrados en 2024. El 9,4% de los menores se encontraba además en situación de indigencia.

La pobreza infantil medida por UNICEF más que duplica la pobreza general: mientras la tasa para el conjunto de la población se ubicó en el 28,2% en el segundo semestre de 2025, entre niñas, niños y adolescentes llegó al 42,3%. La misma brecha se reproduce en la indigencia, que afectó al 6,3% de la población total pero al 9,4% de los menores de edad.

La UCA da otra foto: el 53,6% de los chicos, pobres

La diferencia con los datos de UNICEF no es menor: el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, que utiliza la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), registró para 2025 una pobreza infantil del 53,6% y una indigencia del 10,7%. Ambas cifras, aunque mejores que el pico histórico del 62,9% alcanzado en 2023, siguen siendo muy superiores a los registros previos a la última gran crisis. En 2010, la pobreza infantil medida por la UCA era del 45,2%; es decir que, después de 15 años, la infancia argentina no recuperó siquiera ese piso.

La investigadora Ianina Tuñón, del ODSA, advirtió que la mejora coyuntural no debe confundirse con la solución de un problema estructural, y señaló que la precariedad laboral de los adultos es el factor determinante para revertir la pobreza infantil de manera sostenida.

La desigualdad que el número redondo oculta

Los datos de ambos organismos coinciden en señalar que la pobreza infantil no se distribuye de manera homogénea. Según la UCA, entre los adolescentes de 13 a 17 años la pobreza llegó al 56,5%, y la brecha territorial es pronunciada: en el Conurbano bonaerense alcanzó al 62,7% de la infancia, contra el 23,8% registrado en la Ciudad de Buenos Aires. El informe de UNICEF, por su parte, señala que cuando el hogar tiene como único sostén a una mujer, la pobreza infantil trepa al 52,8%; y que en hogares donde el adulto de referencia está desocupado, asciende al 74,8%.

La educación también opera como un factor de estratificación: en hogares con bajo nivel educativo, la pobreza infantil alcanza al 68% de los menores. Además, siete de cada diez hogares con chicos recurrieron en algún momento a estrategias de supervivencia económica como el endeudamiento, la venta de pertenencias o el consumo fiado.

Hambre estructural: casi 3 de cada 10 chicos con inseguridad alimentaria

Uno de los datos más alarmantes del informe de la UCA es que el 28,8% de los niños y adolescentes atravesó situaciones de inseguridad alimentaria durante 2025, y un 13,2% lo hizo en su forma más severa, lo que equivale en la práctica a episodios de hambre. Como contracara, la asistencia alimentaria gratuita, a través de comedores escolares, comunitarios y programas como la Tarjeta Alimentar, alcanzó un récord del 64,8%, lo que evidencia que el Estado contiene el hambre con redes de emergencia mientras los ingresos familiares no logran cubrir las necesidades básicas.

El informe de la UCA también señala que la indigencia en chicos y chicas sería seis puntos porcentuales mayor si no existieran las transferencias monetarias como la Asignación Universal por Hijo (AUH), que llegó al 42,5% de los menores. El organismo advierte que estos programas son clave pero insuficientes, ya que no logran cubrir a toda la población vulnerable.

Privaciones que van más allá del ingreso

El informe de UNICEF incorpora además una dimensión de privaciones no monetarias: el 42,8% de los chicos presentó al menos una privación vinculada a vivienda, saneamiento, acceso al agua, hábitat, educación o protección social. A su vez, el 19,8% dejó de asistir a consultas médicas u odontológicas por falta de recursos económicos, siendo la salud bucal la prestación más postergada.

El rebote que se viene: la alerta de UNICEF para 2026

La señal de advertencia más contundente del informe de UNICEF Argentina es prospectiva. El organismo proyecta que para el primer semestre de 2026, la pobreza infantil podría trepar al 44,4%, revirtiendo parte de la baja observada en 2025. Los factores que explican esa proyección son la dinámica de los ingresos de las familias frente al avance de las canastas básicas, la evolución del mercado laboral y el impacto de las transferencias sociales: todos variables que, en el contexto del ajuste del gobierno de Javier Milei, no muestran señales de mejora estructural.

Los datos de la UCA refuerzan esa lectura de fondo: la tendencia histórica desde 2010 es ascendente, con breves períodos de alivio que no logran revertir el deterioro acumulado. La pobreza infantil argentina no es una anomalía coyuntural; es el resultado de décadas de precarización laboral, desinversión social y crisis recurrentes que el ajuste fiscal profundiza en lugar de corregir.

Puntos clave

  • UNICEF registró una pobreza infantil del 42,3% en el segundo semestre de 2025, el nivel más bajo desde 2018, aunque proyecta un rebote al 44,4% para el primer semestre de 2026.
  • La UCA ubica la pobreza infantil en el 53,6% con su propia metodología, una cifra que triplica la pobreza general del 28,2% registrada por el INDEC.
  • El 28,8% de los chicos atravesó inseguridad alimentaria en 2025, y un 13,2% lo hizo en su forma más severa, según la UCA.
  • En el Conurbano bonaerense, la pobreza infantil llegó al 62,7%, más del doble que en la Ciudad de Buenos Aires (23,8%).
  • La indigencia infantil sería seis puntos mayor sin transferencias monetarias como la AUH, que sin embargo no alcanza a cubrir a toda la población vulnerable.

Consumo

Las fintech piden más datos al BCRA en vez de mirar al ajuste que destruyó el poder de pago

La Cámara Argentina Fintech reclamó al Banco Central que reduzca el rezago de 60 días en la Central de Deudores y amplíe el acceso a información crediticia. El sector reconoció que casi 3 de cada 10 tomadores de crédito registran atrasos de más de 90 días, mientras el crédito total a las familias supera los 82 billones de pesos y 13,5 billones ya están en situación irregular.

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El sector fintech reclama más información crediticia pero evita hablar del ajuste que disparó la mora.

En medio de la peor crisis de morosidad familiar desde la salida de la convertibilidad, la Cámara Argentina Fintech salió a reclamar más datos al Banco Central de la República Argentina (BCRA) y, de paso, a bajar su propia responsabilidad en el derrumbe crediticio que ahoga a millones de hogares. El sector, que en pocos años multiplicó por 20 su base de clientes, pidió este jueves «soluciones compartidas» frente a la mora y orientó buena parte de su diagnóstico hacia la falta de información disponible, la carga impositiva y la necesidad de mayor educación financiera, sin mencionar el impacto del ajuste sobre los ingresos de los trabajadores.

Un reclamo al BCRA en medio de la tormenta

La entidad que agrupa a billeteras virtuales y bancos digitales señaló que la Central de Deudores del BCRA refleja la situación de los créditos con un rezago de 60 días, lo que a su juicio impide evaluar correctamente el riesgo crediticio y facilita la acumulación de deuda. Para la Cámara, reducir ese plazo «permitiría evaluar mejor a cada persona, prevenir acumulación de deuda y disminuir los casos de fraude, bajando así el costo del crédito». El planteo suena razonable en abstracto, pero encubre una demanda más profunda: que el regulador entregue al sector privado más y mejores datos sobre los ciudadanos que solicitan financiamiento, en un contexto donde el organismo ya promueve el Sistema de Finanzas Abiertas, que habilitaría compartir información personal entre distintas entidades bajo el principio de que «las personas son dueñas de sus datos».

La Cámara también reclamó revisar la carga impositiva de los proveedores, argumentando que «termina elevando el costo que afrontan quienes acceden a un crédito». Una posición que se inscribe en el viejo argumento del sector financiero contra la tributación, sin problematizar que esa misma desregulación y reducción de cargas impositivas fue uno de los ejes del gobierno de Javier Milei desde su primer día.

Los números que el sector no quiere encabezar

Según datos de la consultora Analytica, casi 3 de cada 10 personas con crédito en Argentina registran un atraso de más de 90 días en el pago de sus cuotas. En términos de montos, el crédito total a las familias asciende a 82,8 billones de pesos, de los cuales 13,5 billones, el 16,3% del total, se encuentran en situación irregular. La distribución del problema revela que los bancos concentran el 81,1% del crédito total (67,2 billones de pesos) y explican el 63,3% del monto irregular (8,5 billones). Las fintech, en cambio, representan el 11,7% del crédito (9,7 billones) y el 16,3% del volumen irregular (2,2 billones). Completan el cuadro otros proveedores no bancarios, con el 7,1% del crédito y el 20,4% de la deuda irregular.

La Cámara subrayó que el sector fintech «concentra menos de 1 de cada 6 pesos en mora en el crédito a familias», una frase técnicamente correcta pero que omite que la tasa de irregularidad en billeteras virtuales llegó al 29,6% en mayo de 2026, superando el récord de la pandemia, según datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) publicados en julio pasado. El propio crecimiento del sector, que pasó de menos de medio millón de clientes antes de la pandemia a más de 10 millones en la actualidad, amplió el universo de deudores en una franja de la población que frecuentemente no accede al crédito bancario y carga con mayor vulnerabilidad económica.

El contexto que el comunicado no menciona

La Cámara Argentina Fintech describió al crédito como «una herramienta indispensable para el desarrollo» y señaló que en Argentina «el crédito al sector privado representa apenas el 13% del PBI, un nivel similar al promedio de las últimas dos décadas y muy inferior al 53% registrado en América Latina y el Caribe». Sin embargo, el comunicado evitó cualquier referencia a las causas estructurales de la crisis de pago: la caída del poder adquisitivo del salario real acumulada desde diciembre de 2023, los tarifazos que trasladaron más del 525% de aumento en servicios públicos según el IIEP (UBA-CONICET), los despidos masivos en el sector público y la retracción del consumo, todos fenómenos directamente ligados al programa de ajuste del gobierno libertario que el sector fintech no cuestionó.

Las fintech llegaron a segmentos históricamente excluidos del sistema bancario: los 10 millones de clientes actuales incluyen 3,8 millones que no tienen acceso al crédito bancario. Eso tiene valor desde el punto de vista de la inclusión financiera formal, pero también implica que el sector captó a poblaciones de mayor vulnerabilidad en un momento de contracción económica sostenida. La morosidad récord no es un problema de información crediticia, es el síntoma de una economía que exprimió a sus sectores más frágiles hasta el límite.

¿Más datos o más regulación?

El planteo de la Cámara se sostiene sobre una premisa discutible: que mejor información crediticia reduciría la mora. Pero los datos disponibles sugieren otra lectura. La irregularidad trepó de manera sostenida durante 19 meses consecutivos, según el CEPA, en paralelo con el avance de las herramientas de análisis crediticio que el propio sector fintech describe como su ventaja competitiva. El problema no es solo que los prestadores no saben a quiénes prestan: el problema es que millones de personas que recurrieron al crédito para sostener su consumo ya no pueden pagarlo porque sus ingresos reales se derrumbaron.

En ese escenario, la demanda de más datos al BCRA y menos impuestos al sector es una respuesta del mercado financiero que apunta a proteger su rentabilidad antes que a resolver la crisis de las familias endeudadas. La deuda irregular de 13,5 billones de pesos no es una estadística abstracta: son personas que dejaron de pagar porque el ajuste que el sector no cuestionó les quitó los medios para hacerlo.

Puntos clave

  • Casi 3 de cada 10 personas con crédito en Argentina registran atrasos de más de 90 días, según datos de Analytica.
  • El crédito total a las familias asciende a 82,8 billones de pesos; 13,5 billones, el 16,3%, están en situación irregular.
  • Las fintech pasaron de menos de medio millón de clientes antes de la pandemia a más de 10 millones, de los cuales 3,8 millones no acceden al crédito bancario.
  • La Cámara Argentina Fintech reclamó al BCRA reducir el rezago de la Central de Deudores de 60 días y ampliar el acceso a información crediticia personal.
  • La morosidad en billeteras virtuales llegó al 29,6% en mayo de 2026, superando el récord de la pandemia, según el CEPA.
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