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Ciencia 🧬

Cambio de horario: califican de «incorrecto» el proyecto aprobado en Diputados

El investigador Diego Golombek criticó duramente el proyecto de cambio de huso horario aprobado en Diputados y advirtió efectos negativos en la salud. Explicó por qué está mal.

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Lo que tenés que saber

  • Diego Golombek calificó de «incorrecto» el proyecto aprobado en Diputados.
  • La propuesta contempla alternar entre horario de verano e invierno.
  • El especialista pide adoptar el huso -4 de forma estable todo el año.
  • Señaló que los cambios de horario aumentan accidentes y afectan la salud.
  • Asegura que no se tuvo en cuenta la evidencia científica presentada.

Golombek rechazó el cambio de hora oficial aprobado por Diputados

Tras la media sanción en la Cámara de Diputados del proyecto que busca modificar la hora oficial de Argentina, el cronobiólogo e investigador del CONICET, Diego Golombek, expresó fuertes críticas. Consideró que la propuesta legislativa no respeta criterios científicos y podría generar consecuencias negativas en la salud y el bienestar de la población.

Golombek remarcó que “el proyecto de ley sobre husos horarios que llegó a Diputados es incorrecto”, ya que actualmente el país utiliza el huso -3, cuando geográficamente debería ubicarse en el huso -4. Añadió que “es cierto que la parte oeste de algunas provincias toca la franja -5, pero esto no amerita que el territorio nacional deba tener dos husos horarios”.

Críticas a la alternancia entre verano e invierno

El especialista cuestionó con énfasis la propuesta de alternar entre horarios de verano e invierno, tal como plantea el proyecto aprobado en Diputados. Explicó que “el proyecto plantea modificar el horario en verano e invierno, alternando entre -3 y -4. Esto está mal”, y rechazó que el argumento del ahorro energético justifique el cambio, asegurando que “los cambios de horario siempre producen trastornos en el cuerpo y generan más accidentes”.

«Primó la opinión sobre la ciencia», lamentó el investigador

Según Golombek, su equipo ya había advertido a las autoridades sobre los riesgos del esquema propuesto. “Hace tiempo, cuando vimos el proyecto lo advertimos y proveímos evidencia científica de que debíamos estar en el huso horario -4 todo el año”, recordó. Sin embargo, consideró que “nuevamente primó la opinión sobre la ciencia”.

Consecuencias para la salud y la productividad

Golombek advirtió que la alternancia entre horarios genera impactos negativos sobre el reloj biológico y puede derivar en problemas de salud y baja en el rendimiento. Aseguró que otros países están abandonando este sistema y cuestionó la dirección que tomó la propuesta local: “Muchos países que siguen alternando entre horarios de verano e invierno están rediscutiendo el tema para quedarse todo el año en horario estándar, el que les corresponde geográficamente. Nosotros parecemos querer ir en la dirección contraria”.

Ciencia y política pública: una relación pendiente

Finalmente, Golombek remarcó la necesidad de tomar decisiones basadas en evidencia. Señaló que “es lamentable, porque la intención de corregir nuestro desfasaje horario es muy acertada, pero la alternancia de horarios trae más trastornos que soluciones”, y concluyó que “para esto está la ciencia: para proveer de evidencia a las discusiones sobre políticas públicas. Pero si no la tienen en cuenta, caeremos una y otra vez en errores, idas y vueltas que no le hacen bien a nadie”.

Ciencia 🧬

Pagan insumos con su sueldo para diagnosticar a niños: la cara del cientificidio libertario

Investigadoras de la UBA y el Conicet desarrollan un análisis para detectar trastornos del neurodesarrollo en la infancia, que hoy requieren estudios genéticos de hasta 2.000 dólares. El proyecto avanza, pero su directora advierte que, si el ajuste sigue, el laboratorio tendrá que cerrar.

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«Si esto sigue así, lamentablemente vamos a tener que cerrar». La advertencia no proviene de una pyme asfixiada por la recesión, sino de la directora de un laboratorio público que trabaja en un análisis de sangre capaz de acelerar el diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo en niños. Mientras la ciencia argentina produce avances con impacto directo en la salud de la infancia, el ajuste del Gobierno de Javier Milei la empuja al borde del cierre.

La investigación está a cargo de Verónica Báez, responsable del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia, y es encabezada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet. El desarrollo ya obtuvo resultados positivos en animales y hoy atraviesa la etapa de recolección de muestras en personas voluntarias.

Un diagnóstico caro y a prueba y error

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos del neurodesarrollo son condiciones que alteran la conducta y el pensamiento durante los primeros años de vida, y que pueden dificultar la comprensión de conceptos, la realización de movimientos o la interacción con otras personas. Entre los más frecuentes figuran el TDAH, el trastorno del espectro autista, la discapacidad intelectual y los trastornos motores, del aprendizaje y del lenguaje.

La Argentina no cuenta con cifras oficiales sobre cuántos niños tienen condiciones del neurodesarrollo. Como referencia, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que alrededor de uno de cada seis chicos de entre 3 y 17 años presenta algún trastorno de este tipo.

En el país, estos cuadros suelen agruparse bajo el amplio paraguas de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), y el tratamiento se organiza muchas veces por ensayo y error: kinesiología ante problemas motrices, psicopedagogía ante dificultades de aprendizaje, anticonvulsivos ante episodios convulsivos. «Cuando uno diagnostica por sintomatología, a veces puede no ser exacto«, explicó Báez.

La confirmación hoy depende de la secuenciación de ADN. «La secuenciación cuesta entre u$s1.000 y u$s2.000, dependiendo del tamaño de la secuencia a analizar. Para muchas familias es caro», señaló la investigadora. El acceso a un diagnóstico preciso queda así condicionado por la capacidad de pago de cada familia.

Cómo funciona el análisis

El eje del proyecto es la búsqueda de biomarcadores en sangre asociados a fallas en los receptores NMDA, proteínas clave en la comunicación entre neuronas y en la plasticidad cerebral, que también están presentes en otras partes del cuerpo. «Vimos en ratas que a nivel del sistema nervioso central hay ciertas cosas que cambian cuando estos receptores NMDA fallan. Ahora vemos que en la sangre por ahí también fallan de la misma manera y podemos ver las mismas cosas», detalló Báez.

La prueba requeriría una muestra de apenas 5 mililitros de sangre. Aunque la presencia de estas proteínas en el torrente sanguíneo es mucho menor que en el cerebro, el equipo busca confirmar si su medición permite detectar y diagnosticar el trastorno. En esta etapa, el objetivo es establecer los valores normales en personas sanas para luego compararlos con muestras de niños con alguna condición del neurodesarrollo.

«Estamos sacando muestras de personas voluntarias, pero atrás de eso hay un proceso ético que se tiene que evaluar y el cual tiene que estar rigurosamente controlado», aclaró Martina Piñeiro, estudiante de Medicina e integrante del equipo.

Sin atajos: los plazos y el foco en la infancia

Báez fue prudente con los tiempos. «Estaría buenísimo poder dar esperanza e ir más rápido, pero no. Estamos lejos porque lo queremos hacer bien para que llegue lo mejor posible a la gente que lo necesita», sostuvo, y relató: «Es terrible cuando una familia nos escribe y nos dice ‘te presto a mi hijo para que lo metas en este ensayo'».

La investigadora explicó por qué el test apunta a los chicos y no a los adultos: el sistema nervioso activa mecanismos compensatorios cuando algo falla en su desarrollo, de modo que muchas personas con retrasos madurativos en la infancia llegan a la adultez sin signos evidentes. Por eso, la detección temprana es la ventana en la que el análisis puede cambiar el rumbo de un tratamiento.

Poner plata del sueldo para sostener el laboratorio

El costado más crudo del proyecto es financiero. «Tenemos mucha menos plata. Seguimos trabajando y colaboramos con gente de afuera, pero se está haciendo muy difícil porque la cantidad de dinero que teníamos para trabajar pasó a ser muy poca», describió Báez. Y fue más allá: «Muchos estamos poniendo plata de nuestro sueldo para mantener algunas cosas del laboratorio. Los insumos son muy caros».

La científica recurrió a un término que ya forma parte del vocabulario de la comunidad académica: «Llamamos ‘cientificidio’ porque mucha gente cerró su laboratorio o algunos juntaron laboratorios para trabajar entre dos como si fuera uno solo». Que investigadores del Conicet financien con su salario los insumos de un proyecto de salud infantil retrata el nivel de abandono del Estado nacional sobre el sistema científico.

«Los problemas de un país los tiene que resolver el país y no gente de afuera. Si no podemos preguntarnos las cosas ni contestarlas, ¿quién lo hará por nosotros?», planteó Báez. La pregunta conecta con una discusión de fondo sobre soberanía científica: sin financiamiento público, el conocimiento que necesita la salud argentina depende de voluntades individuales o de la cooperación externa.

La otra fuga: los jóvenes que miran al exterior

El ajuste también pone en riesgo a la próxima generación de investigadores. Lucía Moreno, estudiante de Biotecnología e integrante del equipo, admitió que evalúa continuar su carrera fuera del país. «Es muy gratificante todo lo que se puede llegar a lograr, pero la situación de hoy en día también hace cuestionárselo más a fondo e intentar pensar si se puede subsistir y de qué forma«, dijo. Cada joven formada en la universidad pública que se va es una inversión del país que termina aprovechada por otros.

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