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Legislativo

Organizaciones denuncian en el Congreso colapso total del sistema de discapacidad

Entidades que nuclean al colectivo exigen al Senado la sanción definitiva de la Ley de Emergencia, tras denunciar una «crisis al borde del colapso» con 500.000 personas con discapacidad afectadas por recortes y desfinanciación estatal.

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El Argentino Diario-Organizaciones de personas con discapacidad.

Organizaciones que representan a personas con discapacidad se concentran este jueves en el Congreso Nacional para presionar por la aprobación definitiva en el Senado de la Ley de Emergencia del sector, que ya obtuvo media sanción en Diputados. La movilización, convocada para las 11 horas en las inmediaciones de Avenida de Mayo y Entre Ríos, se replica simultáneamente en diversos puntos del país.

La Fundación de Desarrollo Humano Integral, la organización Argentina Humana Inclusiva y el Foro Permanente para la Promoción y la Defensa de los Derechos de las Personas con Discapacidad encabezan la protesta, que busca visibilizar lo que califican como una «profunda crisis» de alcance federal.

Crisis en la Agencia Nacional de Discapacidad

Desde la Fundación de Desarrollo Humano Integral denunciaron que «la discapacidad está en una crisis al borde del colapso», según declaraciones a Noticias Argentinas. La situación no se limita a las asignaciones que muchas personas dejaron de recibir, sino que incluye un «vaciamiento» en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), el organismo estatal encargado de garantizar los derechos del sector.

Las organizaciones detallaron que en ANDIS se produjeron 340 despidos y un «retroceso al modelo médico», acompañado de un recorte del 19% acumulado del presupuesto desde 2023. «Las prestaciones están paralizadas, sin aumentos desde noviembre de 2024 y las obras sociales están desreguladas», señalaron.

El panorama se completa con más de 500.000 personas afectadas y un millón auditadas «sin garantías y sin nuevas pensiones», según el relevamiento de las entidades movilizadas.

Testimonios desde el interior de ANDIS

Fuentes de ANDIS que pidieron reserva de identidad confirmaron a Noticias Argentinas que las problemáticas dentro del área «cada vez serán peores» en los próximos meses. Según estos testimonios, casi el único ítem importante que tiene la Agencia en agenda es «recortar pensiones» sin importar el modo o a quienes afecte.

Impacto en servicios esenciales

Las organizaciones también denunciaron recortes en transporte y tratamientos de salud mental, insistiendo en que la discapacidad «no puede ser una variable de ajuste». «Le pedimos a la sociedad toda que nos ayude a visibilizar esta emergencia», agregaron desde la Fundación de Desarrollo Humano Integral.

El Foro Permanente describió la situación como un «colapso total y absoluto» del sistema de atención, producto del «incumplimiento del Estado, la desfinanciación y la vulneración sistemática de derechos». Esta crisis afecta a más de 250.000 personas que reciben atención y más de 150.000 personas que trabajan en estos servicios.

Reclamo por derechos reconocidos

«No podemos permitir este maltrato. No se trata de pedir privilegios, sino de garantizar derechos que ya están reconocidos por la ley», concluyó Eduardo Maidana, secretario de la Asociación de Institutos Educativos Privados Especiales Argentinos (AIEPESA), organización miembro del Foro Permanente.

La movilización busca presionar al Senado para que convierta en ley el proyecto que ya cuenta con media sanción, en un contexto donde las organizaciones advierten sobre el deterioro progresivo de las condiciones de vida del colectivo de personas con discapacidad.

Puntos clave:

  • Organizaciones de discapacidad se movilizan en el Congreso por la Ley de Emergencia sectorial
  • Denuncian 340 despidos en ANDIS y recorte presupuestario del 19% desde 2023
  • Más de 500.000 personas afectadas por la paralización de prestaciones
  • Fuentes internas de ANDIS confirman que la agenda se centra en «recortar pensiones»
  • El sistema de atención atraviesa un «colapso total» según las organizaciones

Análisis

Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado

Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.

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El Argentino Diario-Donald Trump-Javier Milei.

El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.

Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.

El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.

El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos

En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.

La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.

La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.

El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia

El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.

En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»

El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.

Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel

El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.

En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.

En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.

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