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La lucha por la libertad de Milagro Sala: Hugo Yasky y Estela Díaz visitaron a la líder de la Tupac Amaru

El titular de la CTA y la funcionaria bonaerense «reafirmaron su compromiso» para lograr su liberación y fustigaron en duros términos el hecho de que aún esté «encarcelada de una manera absolutamente injusta e ilegal».

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El diputado nacional del Frente de Todos y titular de la CTA, Hugo Yasky, junto con la ministra de la Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires, Estela Díaz, visitaron este lunes a la dirigente social Milagro Sala en su domicilio de Jujuy, donde cumple su condena, para «reafirmar el compromiso con una compañera que está encarcelada de una manera absolutamente injusta e ilegal».

Durante el encuentro, del que participó también el secretario de Organización de la CTA de los Trabajadores, Gustavo Rollandi, se interiorizaron sobre el estado de salud de la dirigente de la Tupac Amaru, quien continúa con el proceso de recuperación por una trombosis venosa profunda en su pierna izquierda, por la que estuvo internada hasta hace unos días.

Además de abordar temas relacionados con lo político y judicial, se ratificó la voluntad de que Milagro Sala integre la conducción de la mesa de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), que va a convocar a una elección para el 9 de noviembre a nivel nacional.

Yasky, Díaz y Rollandi almorzaron con Milagro Sala y luego, por la tarde, se reunieron con sindicatos y organizaciones sociales para conformar la CTA de los Trabajadores en Jujuy, con vistas a dicha elección.

«Hablamos de su futura incorporación cuando se renueve la conducción, ella ha dado su consentimiento», afirmó Yasky y señaló que «la compañera Sala va enorgullecer a la CTA con su participación».

Por otro lado, el diputado aludió a la marcha de mañana por el 70º aniversario del fallecimiento de Eva Perón, sobre el cual consideró que «tendrá una expresión de unidad y masividad porque los trabajadores y las trabajadoras argentinas aprendimos, y fue un legado que nos dejó, respecto a que donde había una necesidad necesariamente había que construir un derecho».

Además, se refirió a la situación que atraviesa el país y denunció que el Gobierno nacional «es víctima de una ofensiva muy profunda y muy agresiva a través de un golpe financiero de mercado y una corrida bancaria».

«Por eso la marcha va a tener un contenido muy particular porque se va a hacer recordando a Eva Perón pero también en medio de estas actitudes que intentan empujar a una devaluación», que llevaría a «pulverizar un salario que de por sí está caído», expresó el legislador.

En ese plano también criticó -aunque sin nombrarlo- a Aldo Rico, al señalar que «hay personajes como éste que de pronto aparecen debajo de las catacumbas, que quiso derrocar a (Raúl) Alfonsín y de buenas a primeras creen que llegó el momento de convocar a las fuerzas armadas a una guerra santa», por lo que «hay una pulseada enorme con algunos sectores autoritarios».

Sobre la salud de Milagro Sala, se mostraron «tranquilos porque está en buenas manos en términos de atención médica aunque su situación es delicada». «Esperamos que la evaluación sobre todo el tratamiento de esos coágulos sea favorable; ella está bien anímicamente, se cuida mucho y sabe que es una prueba que tiene que afrontar», afirmó Yasky.

Por su parte, Estela Díaz, quien es cofundadora del Comité por la Libertad de Milagro Sala desde el momento de su detención e integra la conducción de la CTA, afirmó: «He seguido muy de cerca su situación y estoy muy preocupada además por sus problemas de salud con tanto tiempo detenida de forma injusta».

En ese sentido, consideró que «lo que ocurre en Jujuy lesiona nuestra democracia», porque «sigue habiendo persecución a las organizaciones populares en la provincia», y aseguró que «hay una intervención directa del poder político sobre el poder judicial, y eso es lo que tiene detenida a Milagro y a otros compañeros».

Y denunció que se ha implementado en Jujuy «un sistema de injerencia directa sobre el poder judicial desde que Morales asumió la gobernación y eso está demostrado en innumerable cantidad de situaciones como el cambio del Superior Tribunal, pero además es algo personal contra Milagro».

Finalmente, la ministra bonaerense recordó que «hace pocos días vino el presidente» Alberto Fernández al sanatorio donde estaba internada para solidarizarse con Sala, y -remarcó- «eso para nosotros, como para Milagro, ha sido importante».

A fines de junio último, el Presidente Alberto Fernández visitó a a dirigente social y aseguró que Sala era víctima de una persecución social y que «ninguna sociedad funciona bien sin un estado de derecho que respete los derechos humanos. Prolongar detenciones preventivas es una forma de violar los derechos humanos».

Milagro Sala permanece detenida desde el 16 de enero de del 2016 y, desde ese momento, se multiplicaron los pedidos de distintas organizaciones por su libertad.

El 23 de noviembre de 2017, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) consideró que Sala permanecía detenida en condiciones incompatibles con su dignidad humana y que la ejecución de la medida privativa de libertad la estaba sometiendo a angustia o dificultades mayores al sufrimiento intrínseco a toda detención, y dictó una medida provisional en ese sentido.

Desde entonces, la Corte IDH no sólo mantiene vigente la medida provisional sino que, además, recibe información periódica que denuncia la falta de independencia del Poder Judicial de la provincia y el impacto que tiene la persecución penal en la integridad física y psíquica de Sala.

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A 71 años del bombardeo a Plaza de Mayo: la masacre impune que sigue sin condena

El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma.

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A 71 años: el bombardeo a Plaza de Mayo de 1955 que dejó más de 350 muertos y sigue impune.

El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron y alrededor de 2.000 resultaron heridos. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma: donde antes caían bombas, hoy caen sentencias judiciales fabricadas a medida.

El día que las Fuerzas Armadas atacaron al pueblo

El jueves 16 de junio de 1955 amaneció como un día de confrontación abierta entre el gobierno de Juan Domingo Perón y sectores del establishment eclesiástico, militar y empresarial que buscaban su caída. A media mañana, decenas de aviones de la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea despegaron con un objetivo preciso: asesinar al presidente constitucional y derrocar el gobierno peronista.

Las bombas cayeron sobre la Plaza de Mayo y las calles aledañas. Las aeronaves, que llevaban inscripta la leyenda «Cristo vence» como símbolo de la alianza entre el catolicismo conservador y los sectores golpistas, atacaron sin distinción a los civiles congregados. Uno de los proyectiles impactó directamente contra un trolebús repleto de pasajeros. El saldo de la masacre fue de más de 350 muertos y cerca de 2.000 heridos, en lo que representó el mayor ataque armado a la población civil en suelo argentino hasta entonces.

Perón se refugió en el Edificio Libertador. Las tropas leales al Gobierno frenaron el alzamiento esa misma tarde. Los golpistas que no lograron escapar fueron sometidos a consejos de guerra, pero los principales responsables se exiliaron en Uruguay, donde el presidente Luis Batlle les otorgó asilo político. Entre los implicados en los hechos de aquella jornada figuraba un joven oficial, Eduardo Emilio Massera, quien años después encabezaría uno de los comandos de la dictadura genocida de 1976.

El contexto político: lo que no podían ganar en las urnas

El ataque del 16 de junio no fue un hecho aislado. Se inscribió en una estrategia política de sectores que comprendían que el peronismo era imbatible en elecciones libres. En 1954, el oficialismo había obtenido el 62,54% de los votos, consolidando una base popular que ninguna fuerza opositora podía erosionar por vías democráticas. A esa fortaleza electoral se sumaba una distribución del ingreso sin precedentes en América Latina: bajo la gestión peronista, los trabajadores alcanzaron una participación de alrededor del 53% en el PBI, un dato que irritaba profundamente a las élites económicas tradicionales.

El conflicto con la Iglesia Católica, desatado tras la sanción de la ley de divorcio y la eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas, les proveyó a los sectores conservadores una coartada moral para acelerar el camino del golpe. La masacre del 16 de junio fue la primera expresión de esa alianza entre el poder económico concentrado, la jerarquía eclesiástica y fracciones de las Fuerzas Armadas.

La impunidad como política de Estado

El bombardeo fracasó como golpe de Estado en junio, pero logró su objetivo tres meses después. El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora derrocó a Perón, quien partió al exilio y no regresaría al país hasta 1973, luego de 18 años de proscripción. Los crímenes cometidos el 16 de junio nunca fueron juzgados con la profundidad que merecían. La masacre permaneció impune, borrada del relato hegemónico durante décadas, mientras se amplificaba mediáticamente la reacción espontánea de militantes que indignados incendiaron algunas iglesias aquella misma noche.

La Revolución Libertadora proscribió al peronismo, persiguió a sus militantes y sindicalistas, fusiló opositores en los basurales de José León Suárez y firmó el primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la historia argentina. El ciclo de violencia política inaugurado aquel 16 de junio no se cerró en 1955: se prolongó, con diferentes intensidades y métodos, durante décadas.

71 años después: la misma matriz, distintas herramientas

A 71 años del bombardeo, el odio al peronismo sigue vigente aunque ya no cae desde el cielo en forma de bombas. Opera hoy en los tribunales, en los sets de televisión, en los escritorios de jueces funcionales al poder económico. La condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, en diciembre de 2022, debe leerse en esa continuidad histórica: una proscripción no por medios militares, sino judiciales; no con aviones, sino con sentencias diseñadas sin pruebas directas. Tal como señalaron organismos de derechos humanos y juristas de distintas corrientes, la instrucción de esa causa estuvo plagada de arbitrariedades, escuchas ilegales, filtraciones mediáticas y operaciones de prensa.

Esta estrategia de persecución jurídica a líderes populares, conocida como lawfare, combina jueces, grandes medios de comunicación y servicios de inteligencia para desacreditar e inhabilitar políticamente a quienes representan al campo nacional y popular. El mecanismo fue reconocido y analizado por decenas de organizaciones de derechos humanos, académicos y juristas en Argentina y en el mundo. No es una teoría conspirativa; es una metodología documentada.

En 1955, sectores de la Sociedad Rural, la jerarquía eclesiástica y fracciones castrenses empujaron el golpe. Hoy son grupos mediáticos concentrados, grandes poderes económicos y una parte del Poder Judicial quienes reproducen esa misma lógica. El objetivo tampoco cambió: restaurar un orden donde el mercado imponga las reglas y el Estado abandone toda función redistributiva. En 1955 se habló del «tirano prófugo». Hoy se construye la figura de la «jefa de una asociación ilícita». La estigmatización es una constante que atraviesa décadas y adapta su lenguaje a cada época.

La resistencia como hilo histórico

El intento de asesinar a Perón fracasó, pero logró su proscripción por 18 años. La condena judicial a Cristina, en 2022, no pudo borrarla del escenario político. En ambos casos, la resistencia popular fue la respuesta. Los hijos de los fusilados de José León Suárez militaron en unidades básicas. Las Madres de Plaza de Mayo, cuyo origen como movimiento de lucha está indisolublemente ligado a las consecuencias políticas del ciclo abierto en 1955, marcharon durante décadas reclamando Memoria, Verdad y Justicia. Y las nuevas generaciones reconocen en esa historia una continuidad que ninguna sentencia ni ninguna bomba logró interrumpir.

Recordar el bombardeo del 16 de junio de 1955, a 71 años de aquella masacre impune, no es un ejercicio nostálgico. Es comprender que los mismos intereses que ordenaron lanzar bombas sobre trabajadores siguen operando, con otras herramientas y otros actores, contra cualquier proyecto político que coloque al pueblo en el centro de las decisiones.

Puntos clave

  • El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo con más de 14 toneladas de explosivos, dejando más de 350 muertos y alrededor de 2.000 heridos.
  • El ataque buscó asesinar al presidente constitucional Juan Domingo Perón, quien había sido reelecto en 1954 con el 62,54% de los votos; fracasó ese día, pero derivó en el golpe de la Revolución Libertadora tres meses después.
  • Los responsables de la masacre nunca enfrentaron una condena proporcional a sus crímenes; el bombardeo permanece impune 71 años después.
  • El odio político al peronismo adopta hoy la forma del lawfare: persecución judicial, mediática y de inteligencia contra líderes populares como Cristina Fernández de Kirchner, con métodos distintos pero idéntica matriz.
  • La resistencia popular frente a cada intento de proscripción es el hilo histórico que conecta las generaciones de 1955 con las actuales.
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