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Exigen la expulsión de Lilia Lemoine por burlarse de los vuelos de la muerte

El organismo Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz repudió las declaraciones de la diputada libertaria en un streaming y anunció que presentará una denuncia penal por apología del terrorismo de Estado. Reclaman al Congreso que tome medidas tras la banalización del horror dictatorial.

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— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.

★ La diputada nacional Lilia Lemoine volvió a generar polémica por su participación en un programa de streaming donde se realizaron «bromas» sobre los vuelos de la muerte, la represión de manifestantes y la desaparición de Santiago Maldonado. El hecho desató el repudio de organismos de derechos humanos, que ahora exigen su expulsión del Congreso y anunciaron acciones legales.

Burlas en vivo sobre el terrorismo de Estado

El sábado 20 de diciembre, Lemoine —quien suele actuar como vocera informal de los hermanos Javier y Karina Milei— participó del programa FDC, emitido por el streaming libertario Ánima Digital. Durante la emisión, el conductor Alejandro Sarubbi Benítez comenzó a vincular al peronismo con diversos delitos, momento en el que el militante Alfredo «Rino» Gammariello intervino con una frase que desató la indignación.

«Con lo único que les va mal es con el agua. Cuando van a las marchas los bañan; si los tiran de los aviones, no saben nadar y, si se tiran por algún lado por el sur, también se ahogan», dijo Gammariello, en clara alusión a la represión policial, los vuelos de la muerte y el caso Maldonado. Lemoine estuvo presente durante esos dichos sin manifestar ningún repudio.

El reclamo de los Familiares de los 12 de la Santa Cruz

La respuesta no se hizo esperar. Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz —organismo que agrupa a los parientes de las víctimas del grupo secuestrado tras la infiltración del represor Alfredo Astiz en diciembre de 1977— emitió un comunicado donde calificó las declaraciones como «apología del terrorismo de Estado» y «reivindicación de crímenes de lesa humanidad».

«Estas declaraciones constituyen una apología del terrorismo de Estado, una reivindicación de los crímenes de lesa humanidad y un profundo desprecio por el dolor de las víctimas y de todo el pueblo argentino», expresaron desde el organismo.

El grupo de los 12 incluía a las Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor de De Vincenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco, junto con las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet. Fueron secuestrados entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, torturados en la ESMA y arrojados vivos al Mar Argentino desde un avión Skyvan de Prefectura en la noche del 14 de diciembre de ese año.

Denuncia penal y pedido de expulsión

Los familiares anunciaron que presentarán una denuncia penal contra los responsables de las declaraciones, argumentando que violan el artículo 213 del Código Penal, que sanciona la apología del delito. «Quienes banalizan el horror y justifican la represión se colocan deliberadamente del lado más oscuro de nuestra historia y no deben quedar impunes», sostuvieron.

Además, exigieron a la Cámara de Diputados que tome medidas concretas: «Exigimos la separación inmediata de la diputada Lilia Lemoine de la Cámara de Diputados», afirmaron. El organismo inscribió este episodio dentro de una serie de gestos reivindicatorios del terrorismo de Estado por parte de legisladores de La Libertad Avanza, como la visita de algunos diputados al penal de Ezeiza para reunirse con represores condenados, entre ellos Astiz.

Si bien Lemoine no participó de aquella visita, su nombre figuraba en los grupos de chat organizados alrededor del cura Javier Olivera Ravassi y los abogados defensores de genocidas.

Pruebas judiciales de los vuelos de la muerte

Los vuelos de la muerte no son una especulación histórica, sino hechos probados judicialmente. El Tribunal Oral Federal (TOF) 5 acreditó que el grupo de la Santa Cruz fue eliminado mediante esta metodología, gracias al hallazgo de la aeronave —logrado por la periodista Miriam Lewin y el fotógrafo Giancarlo Ceraudo— y la aparición de cinco cuerpos: los de las tres Madres, el de Leonie Duquet y el de la militante Ángela Auad.

Otros tribunales también reconocieron esta práctica. El TOF 2 de San Martín estableció que el Batallón de Aviación 601 de Campo de Mayo se utilizó para estos fines. «Con esta forma de eliminación física de las víctimas, los perpetradores buscaban no dejar ningún rastro de sus cadáveres, siendo que con el tiempo se fueron perfeccionando, logrando que los hallazgos de los cuerpos fueran cada vez menores», señaló ese tribunal en su fallo.

No es la primera vez

Este no es el primer episodio de banalización del terrorismo de Estado en ese streaming. En septiembre pasado, el mismo programa ya había hecho alusiones a los vuelos de la muerte. En aquella oportunidad, Sarubbi Benítez dijo: «Lo importante es que hoy tenemos un enemigo claro: los hijos de mil putas de los kukas, que están totalmente convencidos de dar un golpe de Estado y ni siquiera lo ocultan. Igual, yo no se los aconsejo porque la última vez que lo hicieron, ya sabemos lo que pasó».

Gammariello completó: «Terminaron buscando a los familiares en el Río de la Plata». Y el conductor cerró: «Cuarenta años, todavía no los encontraron. No hay que hacerse el pícaro».

Según informó La Nación, Gammariello fue custodio privado de Karina Milei, lo que refuerza el vínculo entre estos comunicadores y el entorno presidencial.

Un patrón de discursos de odio

Los Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz advirtieron que estas expresiones no son hechos aislados, sino parte de un patrón más amplio de discursos que reivindican la violencia estatal. «Comunicadores vinculados al partido de gobierno y una legisladora nacional reproducen la misma línea discursiva que el propio presidente cuando, públicamente, avaló la represión con hidrantes contra lxs jubiladxs, afirmando en tono irónico: ‘…los estamos bañando'», señalaron.

«Una vez más, desde la más alta representatividad del Estado, se habilitan discursos de odio, impunidad y violencia explícita», agregaron.

El desafío a la diputada

Mabel Careaga, Cecilia De Vincenti y Carlos Ovido, integrantes del organismo, lanzaron un mensaje directo a Lemoine: «Es muy fácil burlarse y hacer declaraciones aberrantes en un streaming amigo, pero que venga al solar de la memoria donde están los cuerpos de las Madres Esther y Mary, Ángela y Leonie, o a la Plaza de Mayo, donde están las cenizas de Azucena. La vamos a estar esperando allí para que repita al lado de las tumbas esas declaraciones».

El episodio reaviva el debate sobre los límites del discurso público, especialmente cuando proviene de representantes del Estado, y la responsabilidad del Congreso frente a la reivindicación de crímenes de lesa humanidad desde sus propias bancas.

Puntos clave:

• La diputada Lilia Lemoine participó de un streaming donde se burlaron de los vuelos de la muerte, la represión policial y la desaparición de Santiago Maldonado

• Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz presentarán una denuncia penal por apología del terrorismo de Estado y violación al artículo 213 del Código Penal

• El organismo exige a la Cámara de Diputados la expulsión inmediata de Lemoine por estas declaraciones

• Los vuelos de la muerte están judicialmente probados, con sentencias que condenaron a los responsables y hallazgos del avión y cuerpos de víctimas

• Este es el segundo episodio de banalización del terrorismo de Estado en ese mismo streaming libertario vinculado al entorno presidencial

CABA

Menos psicopedagogos, más policías: la escuela porteña deja de ser un lugar de cuidado

El protocolo porteño habilita el ingreso de la Policía de la Ciudad a las escuelas a pedido de los directivos, por orden judicial o por fuerza mayor. Ninguna ley lo impedía, pero la comunidad educativa lo defendió como una conquista democrática.

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La Policía de la Ciudad tiene, desde este lunes, una puerta formal para entrar a las escuelas porteñas. El nuevo protocolo del gobierno de Jorge Macri convierte en norma escrita lo que durante décadas la comunidad educativa resistió: la presencia de uniformados dentro de las aulas como respuesta a los conflictos escolares. La intervención policial podrá darse a pedido del propio colegio a través del 911, por orden judicial o por razones de fuerza mayor ante un riesgo inminente.

La habilitación forma parte de la Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26, publicada en el Boletín Oficial porteño con la firma de los ministerios de Educación, Justicia y Seguridad de la Ciudad y del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. La norma adapta las escuelas al nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27.801), vigente desde el 5 de septiembre, e impone a los directivos el deber de denunciar ante la Justicia a estudiantes desde los 14 años por hechos que pudieran constituir delitos, incluso fuera del establecimiento. El documento trascendió el fin de semana, cuando Federico Puy, secretario general adjunto de Ademys, lo difundió en su cuenta de X.

Un límite sin ley, pero con memoria

La frontera entre la escuela y la policía nunca estuvo escrita en una ley para los niveles obligatorios. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) lo explicó en sus recomendaciones sobre policías en las escuelas: a diferencia de lo que ocurre con las universidades públicas, no existen normas en la Ciudad ni en la provincia de Buenos Aires que impidan a la policía ingresar a un establecimiento escolar, aunque sí hubo proyectos de ley que nunca fueron tratados. La única prohibición expresa es el artículo 31 de la Ley de Educación Superior, que veda el ingreso de la fuerza pública a las universidades nacionales sin orden judicial o pedido de sus autoridades.

Lo que sostuvo ese límite fue otra cosa: la Convención sobre los Derechos del Niño, la Ley 26.061 de Protección Integral y un consenso político y pedagógico construido desde 1983. La escuela democrática se pensó como un espacio de cuidado, justamente porque la dictadura la había convertido en territorio de vigilancia. El régimen militar difundió en 1977 el folleto “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)”, que ordenaba a docentes y directivos detectar al “enemigo” entre sus alumnos; y en septiembre de 1976, en La Plata, un grupo de estudiantes secundarios que habían reclamado por el boleto estudiantil fue secuestrado en lo que se conoce como la Noche de los Lápices.

La escalada porteña

El protocolo actual no nació de la nada. El 28 de marzo de 2018, durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, el Ministerio de Seguridad porteño aprobó mediante la Resolución 86/2018 un “Protocolo de Ingreso a los Establecimientos Educativos de la Ciudad de Buenos Aires”, que nunca se publicó en el Boletín Oficial.

Según el texto filtrado por UTE, su primer artículo establecía que “el personal policial podrá ingresar a los edificios o inmuebles escolares cuando sea requerida su presencia por alguno de los miembros del equipo de conducción del establecimiento”.

Llegó apenas 40 días después del protocolo antitomas impulsado por la entonces ministra de Educación, Soledad Acuña, y el entonces secretario de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, se negó a hacer público su anexo con el argumento de que solo servía a los efectos “de la comunicación interna” de la fuerza.

Ese mismo año, Ademys denunció que, el día previo al tratamiento del aborto legal en Diputados, la policía entró a una escuela secundaria tomada para desalojar a los estudiantes. En 2022, frente a nuevas intervenciones, el secretario adjunto de UTE, Eduardo López, lo resumió en una frase: “La escuela no es un lugar para la Policía”.

El paso siguiente llegó en abril de este año. Tras la ola de amenazas de tiroteos que se multiplicó en todo el país después del ataque en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, el 30 de marzo, el gobierno porteño activó un protocolo que dispuso que, ante una denuncia realizada por la escuela o por un tercero, el equipo directivo deberá permitir el ingreso de la Policía al establecimiento. La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, lo justificó así: “La respuesta tiene que ser, al mismo tiempo, seguridad y formación. Protocolo y acompañamiento. Consecuencia y reparación”. Estudiantes, familias y docentes respondieron entonces con una consigna que hoy vuelve a circular: “No a la policía en las escuelas”.

Qué cambia ahora

La diferencia con los antecedentes es de escala y de lógica. El ingreso policial ya no aparece como una excepción ante un arma o una amenaza puntual, sino como una pieza dentro de un circuito que empieza con la obligación de denunciar a adolescentes de 14 años.

El nuevo texto exige que los efectivos se identifiquen, actúen “respetando los derechos” de niñas, niños y adolescentes y procuren “cesar el riesgo”; también prohíbe a las escuelas interrogar a los alumnos.

Las salvaguardas contrastan con los estándares que organismos de derechos humanos promovieron durante años. El CELS recomendó atender a la policía en la puerta mientras se evalúa la situación, sobre todo si los efectivos están armados y hay chicos en el edificio.

Y recordó una pauta de la guía elaborada por la provincia de Buenos Aires junto a UNICEF: no deben brindarse nombres de estudiantes a ninguna autoridad policial sin un oficio judicial, y la policía no puede tomar contacto con ningún menor de edad, aun cuando se presuma que tiene un arma, hasta que llegue un familiar o adulto responsable.

“Una antesala de las cárceles”

Puy advirtió que el protocolo “obliga a las directoras a denunciar a estudiantes que ‘podrían estar cometiendo un delito’”, sostuvo que “constituye una clara persecución a los jóvenes” y alertó que busca convertir a las escuelas en una “antesala de las cárceles”. UTE, por su parte, rechazó “que las escuelas se conviertan en puertas de entrada al sistema penal” y advirtió “sobre el riesgo de estigmatización y criminalización de niñas, niños y adolescentes”; el gremio reclamó equipos especializados, formación y recursos para abordar los conflictos sin judicializarlos.

Ninguna ley impedía que un patrullero estacionara frente a una escuela y sus agentes cruzaran el portón; lo impedía una idea de la democracia sobre qué lugar ocupan los chicos en la sociedad. Con este protocolo, el gobierno porteño elige reemplazar gabinetes, psicopedagogos y equipos de orientación por el 911, y deja la resolución de los conflictos adolescentes en manos de quienes están entrenados para otra cosa.

Lo que tenés que saber del Protocolo

  • La Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26 habilita el ingreso policial a las escuelas porteñas a pedido del colegio, por orden judicial o por fuerza mayor.
  • No existe una ley que prohíba el ingreso policial a escuelas; la única prohibición expresa rige para las universidades nacionales, por el artículo 31 de la Ley de Educación Superior.
  • En 2018, la Resolución 86/2018 del Ministerio de Seguridad porteño aprobó un protocolo de ingreso a escuelas que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
  • En abril de 2026, tras las amenazas de tiroteos, la Ciudad ya había dispuesto que los directivos permitieran el ingreso policial ante una denuncia.
  • Ademys y UTE rechazaron el nuevo protocolo por criminalizar a las adolescencias.

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