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Política 📢

Transición: de qué hablaron Cristina y Villarruel en el Senado

No hubo foto del «cordial» encuentro.

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La vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, recibió hoy en su despacho del Senado a Victoria Villarruel, dirigente de la Libertad Avanza electa para sucederla desde el próximo 10 de diciembre al frente de la Cámara alta, en una reunión que la compañera de fórmula de Javier Milei describió como “cordial” e “histórica”.

El encuentro se llevó a cabo durante una hora y, al finalizar, Villarruel hizo declaraciones en la puerta de ingreso de los senadores, sobre la calle Hipólito Yrigoyen, a la vez que la oficina de la Vicepresidenta emitía un comunicado a través de la red social X.

Villarruel ingresó por el portón de la calle Combate de los Pozos minutos después de las cinco de la tarde acompañada por el diputado nacional electo Guillermo Montenegro.

En el despacho del primer piso del Senado, sobre la esquina de Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos, aguardaba Fernández de Kirchner, quien estuvo todo el tiempo junto con la secretaria Administrativa de la Cámara alta, María Luz Alonso.

“Fue una reunión cordial, donde hablamos de la transición. Que será ordenada, respetuosa, donde ella y la persona que designó para la transición nos explicaron el funcionamiento del Senado y los próximos pasos a seguir en los siguientes días”, comentó Villarruel ante los medios reunidos a la salida de su encuentro con Fernández de Kirchner.

La vicepresidenta electa mencionó que “fue todo dentro de lo cordial, lo democrático y hay un esfuerzo de ambas partes por tratar de llevar una transición que sea en beneficio del pueblo argentino”.

Villarruel añadió que “fue una charla amable”, que no se conocían y que pudieron “hablar de cuestiones por delante”.

“No hubo fotos pero creo que la ciudadanía puede quedarse sumamente tranquila porque vamos a llevar adelante, desde La Libertad Avanza y desde la gestión saliente, una transición ordenada en el Poder Legislativo”, enfatizó, para luego subrayar: “Es una reunión histórica para todos los argentinos”.

Asimismo, Villarruel enumeró que “está la asunción de los nuevos senadores en una semana, luego la asamblea del 10 de diciembre y luego designación de nuevas autoridades”.

En ese aspecto, dijo que la designación del Presidente Provisional del Senado (la segunda figura política en la sucesión presidencial) “es una prerrogativa del presidente Milei”.

También mencionó que, ante la falta de legisladores suficientes, el futuro oficialismo “hablará con todos los espacios y trabajará intensamente para sacar las leyes que permitan que el pueblo argentino salga de esta situación acuciante”.

En ese sentido, adelantó que “vamos a trabajar intensamente todo el verano”.

En tanto, desde el despacho de la Vicepresidenta Fernández de Kirchner se mencionó que en la reunión “se coordinó la organización de la Asamblea Legislativa del 10 de diciembre y se repasaron los principales hechos de la gestión”.

“En materia administrativa, la Vicepresidenta destacó que al asumir la gestión se recibió la obra social del personal legislativo (DAS) con $390 millones de déficit mensual y que luego del proceso de saneamiento y mejoras en la gestión se logró un superávit equivalente a 5 meses de prestaciones, ampliando al mismo tiempo los servicios y prestaciones para los afiliados”, mencionó.

En cuanto a los recursos humanos del Senado de la Nación “se destacó que en la actualidad la cámara alta cuenta con una nómina de 400 empleados menos que la gestión anterior”.

Finalmente, “también se realizó un detalle sobre los avances y mejoras edilicias que se llevaron adelante durante la gestión, con el objetivo de poner en valor los espacios de valor patrimonial y mejorar los espacios de trabajo del personal del Senado”.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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