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Colombia: los desafíos del gobierno de Petro

Las miradas estarán puestas en la designación de su ministro de Defensa, que Petro insinuó que podría ser una mujer.

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El-Argentino-Francia Márquez-Gustavo Petro

Por Ariadna Dacil Lanza.

El presidente electo de Colombia, Gustavo Petro, deberá hacer frente cuando asuma el Gobierno a las expectativas generadas sobre cuáles serán sus respuestas a los problemas heredaros en relación con las guerrillas, los derechos humanos, los paramilitares y el accionar de las fuerzas militares y de seguridad.

Un aliciente favorable para el arranque es el anuncio que hizo ayer del Ejército de Liberación Nacional (ELN) sobre su disposición a retomar el diálogo de paz a partir del 7 de agosto, cuando asuma Petro, quien se convertirá el primer presidente izquierdista del país.

El presidente electo ha dicho en sus discursos que el aún presidente Iván Duque hizo «trizas la paz» y que los acuerdos, «si los firmamos, nos comprometemos».

Por eso, en su programa afirma que cumplirá con el Acuerdo Final de Paz firmado entre el gobierno y las FARC-EP en 2016 y que avanzará en “el diálogo con el ELN» para «finiquitar la existencia de la insurgencia armada» y someter “a la justicia a los grupos multicrimen».

Petro ubicó también dentro de estas bandas criminales a parte del ELN, que ayer anunció que si bien “mantiene activo su sistema de lucha y resistencia” va a ofrecer “plena disposición” a retomar los diálogos de paz con el Gobierno electo.

“Es una buena noticia porque sería avanzar hacia una paz completa con todos los actores armados”, dijo a Télam el coordinador colombiano del Observatorio de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, Alberto Yepes.

Además Yepes afirmó que el legado de Duque fue la “expansión de grupos ilegales, paramilitares que incrementaron sus ataques a líderes sociales y las masacres”, que dejan una “crisis humanitaria”, y que en ese contexto es imperioso buscar una “implementación del Acuerdo de Paz con las FARC, que quedó paralizado”.

Ese fue el primer gesto favorable que recibieron los líderes del Pacto Histórico (PH) en un camino que saben largo y con altos riesgos.

“Estamos viviendo una situación realmente muy compleja por el asesinato sistemático de liderazgos sociales, pero también hubo una respuesta muy interesante en el proceso electoral y es que, a pesar de eso, las organizaciones sociales decidimos articularnos de una manera muy fuerte alrededor de la propuesta presidencial de Petro y (la vicepresidenta electa, Francia) Márquez”, dijo Jonathan Centeno Muñoz, integrante del Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano (PUPSOC).

El PUPSOC aglutina a principalmente a organizaciones campesinas pero también “indígenas, negras, juveniles, sindicales, ambientales” en los departamentos del Cauca, Nariño y Valle del Cauca.

En estos territorios del suroeste colombiano, con salida al Pacífico, se vivió “con mucha agudeza la guerra, por su geografía y por la disputa de intereses en el territorio. Hay una presencia fuerte de las organizaciones insurgentes y de grupos paramilitares. La presencia del Estado se limita a la fuerza pública”, comentó.

Es “una región de mucho abandono y exclusión” y, como respuesta, también una zona de organizaciones y movimientos sociales. Centeno Muñoz relató que luego de los Acuerdos de Paz tuvieron “esperanza para transitar transformaciones estructurales” pero se «fortaleció la alianza entre el Ejército y organizaciones paramilitares”.

Los «paracos», en la jerga local, “trabajan a sueldo” y se articulan con “batallones de la región”, explicó Centeno Muñoz. Son “mafias relacionadas a la industria y salida por el Pacífico de la droga, al control del territorio, al extractivismo de minerales y en consecuencia al asesinato de liderazgos sociales”, que son vistos como un “palo en la rueda”, agregó.

Petro y Marquez tendrán como desafío ofrecer nuevas respuestas, que no serán de un día para otro, además de regular expectativas sociales.

“La expectativa es que rápidamente tome medidas que afecten las causas estructurales de la violencia contra los líderes. Lo primero es negociar con todos los actores armados y el sometimiento a la justicia al paramilitarismo y el narcotráfico”, dijo Yepes.

Y agregó que deben impulsar “órdenes precisas” para que las “Fuerzas Armadas y la Policía garanticen el derecho a la movilización y la protesta social”

Las FFAA además estarán al mando de un Presidente que si bien se incorporó a la vida política democrática hace décadas, formó parte de la guerrilla M19, un punto que la oposición y medios de comunicación se encargaron de reiterar durante la campaña para generar incertidumbre.

En abril, durante la campaña para la primera vuelta, Petro acusó a parte de los liderazgos militares de estar aliados con el Clan del Golfo, la mayor banda narco de Colombia, a lo que el comandante del Ejército, Eduardo Zapateiro, respondió acusándolo de hacer «politiquería».

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Las miradas estarán puestas en la designación de su ministro de Defensa, que Petro insinuó que podría ser una mujer. Centeno Muñoz dijo que con la victoria del PH hubo una gran participación en las urnas y se abre un proceso de gran “expectativa”.

“En la región del suroccidente casi el 80% de quienes votaron lo hicimos por Petro. Tenemos una expectativa muy grande porque puede significar ser parte de este proceso político y de transición para avanzar hacia la paz”, dijo.

“Abogamos porque se pueda dialogar en términos de solucionar políticamente el conflicto”, afirmó Centeno Muñoz, ya que en en la zona del suroccidente colombiano hay “una presencia muy fuerte de sectores de la FARC-EP que decidieron no ir al Proceso de Paz y en menor grado del ELN”.

En el tema de derechos humanos también hay desafíos por abordar para el gobierno electo.

Lourdes Castro, del Programa Somos Defensores (PSD), un espacio no gubernamental de protección a defensores de derechos humanos, incluídos víctimas de violencia, dijo que hay “dos grandes campos de expectativa”.

«Uno es implementar los Acuerdos de Paz y otro a la Mesa Nacional de Garantías (MNG, espacio de diálogo creado en 2009 entre organizaciones de DDHH y el Gobierno)», apuntó

“Son múltiples los problemas de DDHH porque estamos en una reconfiguración del conflicto. Las organizaciones podemos tener lecturas y propuestas al respecto, por eso es fundamental recuperar los espacios de interlocución con el gobierno”, afirmó.

“Hay que ir hacia una paz social, integral, que involucre a la sociedad y no solo a los actores armados, que efectivamente recoja los reclamos masivos de la protesta que se dieron en más de 800 municipios el año pasado y que claman ser atendidos por el Estado”, aseveró Castro.

La “reconfiguración” del conflicto a que aludió implicó también para la activista la exposición de las “brechas sociales en grandes ciudades”, donde la presencia de “organizaciones armadas y violencia policial” es “latente y permanente”.

Según el monitoreo del PSD sobre las agresiones defensoras de DDHH, Bogotá “es una de las ciudades que siempre está en los primeros lugares de agresiones”, que se manifiestan principalmente con intimidaciones contra líderes sociales. Y también, agregó, se registran “picos de violencia policial» durante las movilizaciones de protestas.

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EN VIVO: Congreso de Ecuador debate la destitución de Lasso

Luego de casi ocho horas de deliberaciones ayer, en las que participaron 30 de los 137 diputados que componen el parlamento, la sesión virtual fue aplazada para hoy por la tarde, por lo que se presume que la sesión se extenderá hasta más allá de la medianoche.

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El Congreso de Ecuador debatía este domingo por segundo día consecutivo la posibilidad de destituir al presidente Guillermo Lasso (de derecha), acusado por un sector opositor de provocar «la conmoción interna» que dejan dos semanas de protestas indígenas con al menos cinco muertos.

Luego de casi ocho horas de deliberaciones ayer, en las que participaron 30 de los 137 diputados que componen el parlamento, la sesión virtual fue aplazada para hoy por la tarde, por lo que se presume que la sesión se extenderá hasta más allá de la medianoche.

La bancada de Unión por la Esperanza, afín al expresidente socialista Rafael Correa (2007-2017), acusó a Lasso de la «grave crisis política y conmoción interna» que sacude al país desde el 13 de junio, con manifestaciones y bloqueos casi diarios.

En ausencia en la sesión del jefe de Estado, procedente de las finanzas y no de la política partidaria, el secretario jurídico Fabio Pozo asumió su defensa, consignó la agencia de noticias AFP.

Unos 14.000 indígenas protestan en Ecuador, indignados por el elevado costo de vida y la pobreza que castiga a sus territorios agrícolas.

En Quito, marchas claman por alivios como disminuir el costo de los combustibles y una moratoria de los créditos bancarios para los campesinos.

La ciudad despertó el domingo tranquila y a la expectativa del debate de destitución.

Aunque en su mayoría las protestas han sido pacíficas, las jornadas del jueves y viernes se tornaron violentas en la capital. Los enfrentamientos entre manifestantes y la fuerza pública se avivaron con la represión policial.

La sede presidencial permanece bloqueada con vallas metálicas, alambres de cuchillas y uniformados. Uno de sus accesos advierte: «En caso de ingreso no autorizado se hará uso de la fuerza letal».

No obstante, Lasso ordenó anoche el fin del estado de excepción, bajo el cual impuso un toque de queda nocturno y militarizó la ciudad.

La destitución del mandatario requiere 92 de los 137 apoyos posibles en el Congreso.

Después de los debates, los diputados tendrán un máximo de 72 horas para votar.

De ser aprobado, el poder lo asumirá el vicepresidente Alfredo Borrero, y se llamará a elecciones presidenciales y legislativas para el resto del período (hasta 2025).

Ecuador sufrió la salida abrupta de tres mandatarios entre 1997 y 2005 ante la presión social.

Al frente de las protestas, en las que han muerto cinco manifestantes y se cuentan cientos de heridos entre uniformados y aborígenes, está la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie).

Lasso culpa del caos al presidente de esta organización, Leonidas Iza.

«Aquí no hay un luchador social, aquí hay un anarquista (…) que quiere derrocar un gobierno», aseveró el gobernante ayer en entrevista con CNN.

En paralelo cientos de manifestantes salen a las calles de Quito en rechazo a la rebelión indígena, con banderas blancas y en caravanas de automóviles.

«Estamos totalmente conscientes (…) estos días de lucha se ha generado desabastecimiento. Si el gobierno no se hubiera puesto tan necio, seguramente no hubiéramos estado tantos días aquí», declaró en un video Iza, con su tradicional poncho rojo y sombrero negro.

Ecuador, cuya dolarizada economía empezaba a recuperarse de los efectos de la pandemia, pierde unos 50 millones de dólares diarios por las crisis, según cifras oficiales.

La industria petrolera, el principal rubro de exportación ecuatoriano, está produciendo al 54% de su capacidad, por la toma de pozos y los cortes de ruta, que el domingo llegaban a 19 de las 24 provincias.

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Sin mayor respaldo político, Lasso cuenta por ahora con el apoyo de los militares, que cerraron filas en torno de su gobierno.

Los relatores especiales sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y sobre los Derechos a la Libertad de Reunión Pacífica y de Asociación se mostraron preocupados por la violencia institucional en Ecuador y exhortaron al representante ecuatoriano ante Naciones Unidas a colaborar en una investigación sobre las acciones realizadas por el Estado durante las protestas.

«Estamos particularmente preocupados por los actos de violencia por parte de fuerzas policiales y militares en contra de miembros del movimiento indígena del país», escribieron José Francisco Cali Tzay, relator especial sobre los derechos de pueblos indígenas, y su par sobre los derechos a la libertad de reunión pacífica y de asociación, Clement Nyaletsossi Voule, en una carta dirigida a Emilio Rafael Izquierdo Miño, representante permanente ante la ONU.

Según el informe enviado por los Relatores Especiales a Izquierdo Miño, hasta el 19 de junio se habían reportado en total «86 presuntas detenciones arbitrarias, 61 personas heridas, 18 de ellas graves».

En el mismo sentido, la Misión de Solidaridad Internacional y Derechos Humanos integrada por dirigentes sociales argentinos relevó cinco muertes a manos de fuerzas policiales, detenciones arbitrarias, secuestros y planificación de atentados contra líderes sociales y violación al derecho de protesta en el país durante los 14 días que lleva la crisis.

La misión argentina dijo en su primer informe que recabó testimonios y realizó entrevistas ayer en la zona céntrica de Quito, entre otros lugares en La Casa de la Cultura, la Universidad Central y la zona del Parque El Arbolito.

El papa Francisco, en tanto, llamó al «diálogo» y a «la paz social». «Animo a todas las partes a abandonar la violencia y las posiciones extremas», escribió en Twitter.

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