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Confirman que el Bolsonarismo planeó el golpe en Brasil
Chats exponen una trama golpista entre un ex alto mando del Ejército de Brasil y el edecán de Bolsonaro.
Un alto mando del Ejército de Brasil planificó un complot con el edecán del expresidente Jair Bolsonaro para dar en noviembre de 2022 un golpe de Estado, intervenir militarmente las cortes de justicia y electorales y evitar la asunción de Luiz Inácio Lula da Silva, según conversaciones de WhatsApp reveladas hoy que forman parte de una causa judicial.
Los chats, expuestos por la revista Veja, se desprenden del proceso que lleva adelante el Supremo Tribunal Federal y surgen de intercambios que mantuvieron el detenido exedecán de Bolsonaro, el teniente coronel Mauro Cid, con el exvicejefe del Estado Mayor del Ejército, el teniente coronel Jean Lawand Junior, actualmente agregado militar en la embajada de Washington.
Premiado por Bolsonaro con ascensos meteóricos dentro del Ejército y especialista en entrenamiento de misiones terrestres, Lawand Junior aparece hablando con Cid sobre cómo el presidente debía dar la orden a las Fuerzas Armadas para desconocer la victoria de Lula y poner al país bajo administración militar.
«El presidente tiene que dar la orden, hermano. Una orden así no puede no ser cumplida. Convenza al 01 de salvar al país. Estamos en una lucha. Si no actuamos (Bolsonaro) terminará en la Papuda (cárcel de Brasilia)», dice uno de los mensajes enviados por Laward a Cid.
Cid está preso desde el 17 de mayo, acusado de haber violado los registros del Ministerio de Salud sobre la vacunación contra la Covid-19 para permitirle al expresidente viajar a Estados Unidos el 30 de diciembre pasado, dos días antes de dejar el poder.
El exedecán está acusado también de hacer maniobras a favor de Laura, la hija de 12 años del líder ultraderechista brasileño que públicamente hizo campaña en contra de inocularse ante la pandemia, pero que necesitaba algún tipo de certificado público para ingresar a Estados Unidos y cumplir lo exigido por las autoridades de ese país en el marco de las restricciones sanitarias que existían en ese entonces.
Según Cid, Bolsonaro no confiaba en que la cúpula del Ejército iba a desconocer las elecciones y dar un golpe de Estado contra Lula, que el 30 octubre del año pasado logró un triunfo en segunda vuelta.
«El presidente no puede dar una orden si no confía en el ACE (Alto Mando del Ejército)», respondió Cid a Lawand.
Las investigaciones que lleva adelante el Supremo Tribunal Federal sobre el fraude en la libreta de vacunación de Bolsonaro derivaron, así, en una trama golpista que se encaja con la intentona del 8 de enero pasado, cuando seguidores del exmandatario asaltaron la sede de los tres poderes en Brasilia.
Más de 1.100 personas están acusadas de participar de los ataques y de financiar los movimientos que tuvieron adhesiones en diferentes grados del Ejército.
Tras esas acciones, Lula removió a su jefe del Ejército, en la primera gran crisis que marcó la herencia militarista del gobierno de Bolsonaro, un excapitán que puso a las Fuerzas Armadas en el primer nivel del gobierno.
Ante la revelación de la revista Veja en base a documentos oficiales, Lula se mostró «irritado» con la permanencia de Lawand como agregado en Washington, cargo por el que cobra unos 5.000 dólares mensuales más gastos corrientes, indicaron medios locales.
El teniente coronel fue designado allí por el Ejército, ya bajo el gobierno de Lula iniciado el 1 de enero pasado.
Los documentos exponen que Lawand le dijo al edecán que en el plan estaba involucrado el general Edson Rosty, entonces subjefe de Operaciones Terrestres. Según este militar, el Ejército no se iba a mover si Bolsonaro no lo ordenaba.
Lawand dijo a Veja que desconocían las tramas golpistas, pero que tenía una relación amistosa con el detenido exedecán de Bolsonaro.
En los mensajes, Lawand también sostuvo que los mandos medios del Ejército apoyarían un golpe de Bolsonaro, si bien la cúpula no se subiría a esa acción.
Según la revista, uno de los documentos encontrados por los agentes en el celular de Mauro Cid se titulaba «La Fuerza Armada como poder moderador». En él se presenta un plan basado en la controvertida -e infundada, para los especialistas- tesis de que los militares podrían ser convocados para arbitrar los conflictos entre los poderes, con el cierre del Supremo Tribunal Federal y la detención de los jueces.
Según el plan almacenado en el celular de Cid, Bolsonaro debería remitir las supuestas inconstitucionalidades practicadas por el Poder Judicial a los mandos de las Fuerzas Armadas. Los militares, entonces, podían nombrar un interventor investido de poderes absolutos.
Estos documentos están en poder de Alexandre de Moraes, el juez de la corte suprema que investiga las acciones golpistas del 8 de enero.
Por la intentona está detenido, con arresto domiciliario por cuestiones de salud, el exministro de Justicia de Bolsonaro Anderson Torres, quien en el momento se desempeñaba como secretario de Seguridad de Brasilia, designado por el gobernador de la capital, el bolsonarista Ibaneis Rocha.
Torres tenía en su vivienda documentos con el mismo plan golpista para desconocer la elección vencida por Lula e iniciar una intervención militar en el Tribunal Superior Electoral para denunciar -falsamente- el fraude en las urnas electrónicas.
Bolsonaro tuvo que declarar ante la Policía Federal sobre lo ocurrido el 8 de enero, a raíz de que estando en EEUU publicó en Facebook un video en el cual se afirma que Lula ganó con fraude, alimentando con noticias falsas la teoría de una manipulación electoral.
El expresidente argumentó que estaba internado en el momento de la publicación y bajo los efectos de la morfina, y que por lo tanto se trató de un error.
El dirigente del Partido Liberal se enfrenta a partir del 22 de junio al juicio ante el Tribunal Superior Electoral que puede inhabilitarlo electoralmente ante la acusación de ejercer un «abuso de poder» cuando desde el Estado convocó a más de 100 embajadores para denunciar la fragilidad del sistema electoral brasileño, antes de las elecciones de octubre.
Las tramas golpistas paralelas del bolsonarismo están siendo investigadas por la corte suprema y, en ese marco, el juez Moraes ordenó ayer allanar los domicilios y el despacho en el Congreso del senador Marcos do Val.
Bolsonarista, Do Val, que se presenta como instructor de la fuerza policial estadounidense Swat, sostuvo públicamente que participó de un plan para intentar apartar al juez Moraes de las investigaciones.
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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