Movimientos Sociales
Más de 40 organizaciones participaron de la marcha contra la violencia ginecobstétrica y neonatal
La primera marcha contra la violencia gineco obstétrica y neonatal, con una concentración en plaza del Congreso de la Nación, en CABA, Tucumán, Mendoza, Chaco y Tierra del Fuego, para visibilizar «una de las violencias de género más naturalizadas».
Más de 40 organizaciones participaron hoy de la primera marcha contra la violencia ginecobstétrica y neonatal, con una concentración en plaza del Congreso de la Nación, en CABA, Tucumán, Mendoza, Chaco y Tierra del Fuego, para visibilizar «una de las violencias de género más naturalizadas» y reclamar la efectiva aplicación de la Ley de Parto Respetado, en el marco de su semana mundial.
«Nosotras queremos instalar fuertemente el concepto de violencia ginecobstétrica para ampliar de qué hablamos cuando hablamos de esta violencia que se ejerce dentro del sistema de salud cuando se asisten procesos ginecológicos y obstétricos. Es importante integrar en este reclamo lo que sucede, por ejemplo, en la atención de los abortos o de las pérdidas gestacionales, incluso muchas veces en la atención de procesos ginecológicos en donde se ejerce violencia», expresó Luján Arcidiácono coordinadora de la campaña Mi parto, Mi decisión.
«Es la forma de violencia de género más naturalizada porque está atravesada por cuestiones culturales que vienen de décadas en donde se han naturalizado muchas de las prácticas y para eso tenemos que reclamar un cambio», manifestó.
En las rejas del Congreso, mujeres solas o con niños y niñas en brazos iban colocando rosas y atando papelitos con sus mensajes, de relatos de partos, de pedidos de justicia, o del nombre de sus hijos e hijas fallecidos por mala praxis o violencias ginecobstetricas.
Junto a los mensajes y flores podía divisarse una serie de 10 imágenes realizadas por la Red Argentina de Fotógrafos de Duelo Gestacional y Perinatal, cada una con un mandamiento del cristianismo reformulado, con «situaciones particulares que naturalizamos cotidianamente», explicó Mayra Vite, de Red Argentina Casas de Parto.
Así podía leerse «parirás sin autonomía», donde médicos «dirigen el parto, como si las mujeres no tuviéramos la conciencia instintiva»; «santificarás mis tiempos», ya que «las cesáreas en Argentina tienen un índice muy elevado»; «no gritarás», porque «directamente nos silencian», fue detallando Vite mientras mostraba las imágenes.
Luego le siguen los mandamientos «obedecerás mis protocolos», pudiendo verse la maniobra de Kristeller; «resignaras tu primer contacto», aludiendo a que no se fomenta el apego natural entre la madre y el bebé en sus primeros momentos; «no desearás tu bienestar», que muestra en el fondo del pasillo de un hospital a una mujer pidiendo ayuda; «serás juzgada», cuando se decide por un parto en el domicilio; «duelarás en soledad», mostrando una mujer que perdió a su bebé junto a otras familias que esperan irse de alta y otras que ingresan a parir; y por último la imagen de «no demandarás justicia», porque «muchas veces ni siquiera nos permiten poder hacer uso del cuerpo de nuestros bebés, son directamente desechos patológicos», indicó la referente.
Por su parte, la diputada nacional Mónica Macha (FdT), recordó la importancia de concentrarse en el Congreso ya que «necesitamos proyectos que puedan garantizar verdaderamente que las mujeres y las personas con capacidad de gestar podemos parir en el contexto de un parto justo, digno, y que, si bien tenemos una legislación como la de parto respetado, también sabemos que se cumple poco. Entonces estas instancias que implican un activismo y que nos encontremos y hablemos de violencia ginecobstétrica es un buen inicio».
«Mientras nosotras parimos el personal de salud dice: ‘Acá la única que grita soy yo, así que callate y pujá’, ‘hace fuerza como para cagar un termo’, ‘quédate quieta o te ato’, ‘no sabés pujar tu bebé se va a morir’, hacía referencia la cartelería junto a pancartas que decían «para cambiar el mundo es necesario cambiar la forma de nacer» y «por nacimientos sin violencia».
«Nos unimos para alzar la voz y visibilizar esta forma de violencia. Para contar a toda la sociedad lo que está sucediendo y para exigir al Estado, a través de sus diversos poderes, respuestas y medidas urgentes», indicó el documento consensuado entre agrupaciones.
Entre los reclamos principales se encontraba la sanción de los proyectos de Ley de: capacitación obligatoria al personal de salud en violencia ginecobstétrica; nuevo ejercicio profesional de los licenciados en obstetricia, casas de partos y puericultoras.
También se pidió que se cree un programa para lograr la erradicación definitiva de la violencia ginecobstétrica a través del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad y la incorporación de estas temáticas a la Educación Sexual Integral (ESI), y se le solicitó al sistema judicial que libere «a todas las personas presas por eventos obstétricos».
En Tierra del Fuego, la concentración se realizó en Ushuaia.
«Queremos que las próximas generaciones no tengan que vivir las atrocidades que se viven aún en el sistema de salud», remarcó Gabriela Morales, de la Asociación por un Parto Humanizado y subrayó que «todos los días hay nuevas gestantes y nacen niños y niñas, ojalá que las circunstancias lleven a vivir partos lo más armoniosos y amorosos posibles».
Morales contó que, si bien hay profesionales que proponen otro tipo de acompañamiento para gestantes, todavía hay resistencia por parte de algunos colegas y que en la provincia el nivel de cesárea llega al 65%, según datos oficiales de 2021, pero que suben a 86% en cifras extraoficiales.
Por su parte, personas que trabajan a favor de un parto humanizado se reunieron en la Legislatura de Mendoza.
«Lo que esperamos es visibilizar estas violencias, darle voz a nuestras abuelas, madres, hermanas, hijas que sufrieron esa situación, porque está muy naturalizada», afirmó Mary Contardi, una psicóloga mendocina que remarcó la necesidad de fortalecer las políticas públicas de acompañamiento y se visibilice la importancia de la salud mental perinatal, además de ampliar la formación de los profesionales.
La psicóloga remarcó que la Guía de Buenas Prácticas de Pérdidas Perinatales «que fue modelo» cuando fue implementada en la provincia, «no se está cumpliendo» como debería.
En Chaco, en tanto, las familias se concentraron en la Plaza 25 de Mayo donde intercambiaron vivencias sobre violencia obstétrica y realizaron -como frente al Congreso Nacional- el «ritual de las flores».
«Este encuentro es para sembrar la primera semillita», destacó Sofi Arsuaga y precisó que en Chaco «sufrimos situaciones de violencia obstétrica» como ocurre en el resto del país: «No nos permiten estar acompañadas, decidir sobre nuestros cuerpos y practican intervenciones no necesarias».
Arsuaga -que sufrió violencia tanto en la gestación sana como en pérdidas- remarcó la importancia de «tener a mano herramientas para denunciar y dar visibilidad a casos de violencia», advirtió sobre la «manipulación de la información» practicada por algunos profesionales.
Finalmente, en Tucumán se realizó una intervención en la Plaza de la Fundación, al lado de la Maternidad, con exposición de fotos, espectáculo y proyección de documentales.
«Si bien hay avances, el acceso a una atención digna y respetuosa es un privilegio para pocos. La inducción a cesáreas innecesarias por manipulación a través del miedo es aún moneda corriente», lamentó Constanza Espíndola.
Boxeo
El Roña Castro hacía lo que la política no: su última pelea fue contra el hambre
Desde un gimnasio de Temperley, el excampeón mundial llegó a sostener 14 comedores con más de 6.400 personas. Había pasado hambre de chico y no se cansó de denunciar que el Estado nacional los había dejado solos.
Cada viernes, frente a la puerta de un gimnasio de boxeo en Temperley, se formaba una fila de mil números. Arroz, fideos, polenta y harina pasaban de mano en mano mientras un excampeón mundial organizaba la entrega. Jorge «Roña» Castro, que murió tras descompensarse en un bingo de Morón, había convertido su gimnasio en una trinchera contra el hambre.
Unas tres semanas antes de su muerte, en el programa TVR, que se emite por C5N, Castro puso en números la magnitud de esa tarea. «Teníamos 2.100 personas hace dos años y medio atrás; ahora tenemos 6.400. Se triplicó la cantidad», explicó. Y advirtió que la cifra ya había quedado corta: «Hoy hay mucho más porque hay caras nuevas. Ahora estamos anotando de nuevo a todos los que van a comer, y va mucha gente grande».
«¿Sabés lo que es que te ruja el estómago?»
Su compromiso no nació de un cálculo, sino de una herida. Castro creció con cinco hermanos en Caleta Olivia y, tras la separación de sus padres, se fue a vivir con su padre a Catamarca. «Mi viejo chupaba, el alcohol lo perdía y me molía a trompadas, no sabés las necesidades que pasé. No comía, estaba como raquítico», recordó.
Ese chico que pedía comida para sobrevivir terminó haciendo lo mismo, ahora para otros. «Yo mangueaba, igual que lo hago ahora, para parar la olla, no había otra, no hay otra», contó. La empatía con quienes hacían la fila no era un discurso: era su propia biografía repetida en otros cuerpos. «Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos», resumió.
De una olla a 14 comedores
Todo empezó en marzo de 2020, cuando abrió un gimnasio en el barrio San José de Temperley y, un mes después, la pandemia lo obligó a cerrar. «Con el gimnasio comencé en la pandemia con la olla popular. Hicimos una olla, después pusimos dos y terminamos haciendo seis. Hicimos el primer comedor y hoy tenemos 14 comedores y nueve merenderos: cuatro comedores son nuestros y a otros diez los abastecemos», relató en TVR. Se levantaba a las cinco de la mañana para ir al Mercado Central a buscar mercadería.
Conocía de memoria la rutina de cada barrio: «Los chicos salen del colegio y van a tomar su merienda, porque nosotros damos almuerzo, no damos cena. A mí no me gusta decirle ‘villa’, estamos en lugares humildes donde la gente puede andar muy bien de día, pero de noche ya es medio peligroso. Entonces nosotros damos de morfar al mediodía y a la tarde toman la merienda».
Los viernes de la fila
La entrega de mercadería tenía su propio método. Los miércoles repartía números para que el viernes cada uno retirara su bolsa, y hasta ponía orden en persona: «En la cola a veces se pelean por entrar, entonces salgo y les digo: ‘Vos viniste recién, andá al fondo y hacé la cola'».
Lo que más lo impactaba era quiénes formaban esa fila. «Cuando reparto mercadería los viernes, vas a mi gimnasio y hay 1.000 personas. Y son toda gente grande, no son pendejos; va toda gente grande a buscar morfi. Yo les doy siete productos y la gente se va contenta y te agradece. Me pone contento que la gente se pueda llevar algo para pasar el fin de semana», contó.
La ayuda no se limitaba a la comida. «El argentino siempre fue solidario con nosotros. Siempre que a mí me piden comprar una silla de ruedas, muletas o remedios, lo hacemos porque hay mucha gente que lo necesita», explicó. La demanda, de todos modos, lo superaba: «No damos abasto. No llega», lamentaba. «Perder el trabajo y la dignidad es muy duro», decía al ver a vecinos que alguna vez habían vivido bien acercarse con vergüenza a pedir un plato.
«Nación no nos ayuda en nada»
Castro nunca separó su trabajo social de la realidad política. Cuestionó de frente el relato oficial sobre la baja de la pobreza: «Milei dice que sacó a 12 millones de la pobreza y la gente va cada vez más a los comedores». Y fue contundente sobre el abandono: «El Gobierno nacional nos quitó todas las ayudas. Cada vez tenemos más gente en los comedores y Nación no nos ayuda en nada. Sí nos ayuda la provincia de Buenos Aires, las fábricas y los comercios».
En TVR fue todavía más lejos: «Sé que la estamos pasando mal en este Gobierno. Ojalá que venga otro gobierno, porque este puso esa motosierra y los está serruchando a todos: a los jubilados, a los discapacitados». Los jubilados eran, para él, la cara más cruda del ajuste. «Trabajaron tanto para jubilarse, para tener un buen pasar, y tienen un pasar de mierda. Un jubilado cobra 380.000 pesos y todos los meses y todos los días te aumentan las cosas. Vas a un supermercado y todos los días aumentó algo», describió.
Incluso fue a ver con sus propios ojos las marchas de los miércoles frente al Congreso: «A mí me da bronca porque yo fui un miércoles a ver a los jubilados, para ver cómo los reprimían. Esta gente manda a reprimir a todos los pobres; gente grande que va a defender lo suyo». Su conclusión era tan simple como política: «Los comedores y los merenderos no deberían existir».
Morón, el último proyecto
En los últimos tiempos se había radicado en Morón, donde trabajaba para abrir un nuevo espacio comunitario con capacidad para 500 personas. Hasta el final pidió donaciones y colaboraciones para sostener la red: «El que quiera donar, con poquito que nos llegue, nos ayuda». Su muerte deja un interrogante incómodo: quién va a ocupar ahora el lugar que la política dejó vacío y que un excampeón decidió llenar con ollas.
Lo que tenés que saber:
- Castro convirtió en 2020 su gimnasio de Temperley en un centro de asistencia alimentaria.
- Sostenía 14 comedores, cuatro propios y diez abastecidos, y nueve merenderos.
- Unas tres semanas antes de morir contó en TVR que la asistencia se triplicó, de 2.100 a 6.400 personas, con cada vez más gente grande.
- Denunció que el Gobierno nacional les quitó todas las ayudas y que la motosierra golpeaba a jubilados y personas con discapacidad.
- Trabajaba en un nuevo comedor para 500 personas en Morón.
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