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Entrevista

«No hice nada malo, simplemente estoy embarazada»

Maia Berztein trabaja hace 3 años en el Teatro Colón y no le renovaron el contrato estando embarazada de 6 meses. El domingo se hizo una manifestación reclamando la reincorporación de la futura mamá y que cese la violencia laboral.

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El-Argentino-Maia embarazada de 6 meses

Por Guadalupe Carril

Maia Berztein hace 6 años que está en pareja, el año pasado decidió ser mamá. La noticia tan esperada del embarazo llegó hace casi 7 meses, un varón. Pero su alegría se opacó, cuando el 1 de febrero no pudo reintegrarse a su empleo en el área de sastrería del Teatro Colón.

Desde su casa de Florida Oeste, la egresada y docente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, nos cuenta que, en la tarde de ayer, domingo 20 de febrero, se realizó una manifestación en las puertas del Teatro Colón reclamando por las precarias condiciones laborales que sufren los empleados, por los malos tratos ejercidos por los superiores, y por la reincorporación de Maia.

“Hicimos un abrazo en el teatro pidiendo efectivización, y qué la dirección no apañe los malos tratos de los jefes. Qué se revisen las situaciones de género, y mi reincorporación”, nos comenta Maia al comenzar la charla.

EA: ¿Sufriste maltrato directo de tus jefes durante los 3 años que trabajaste en el Teatro Colón?

MB: Si, desde el comienzo, pero se intensificó con el embarazo. Incluso, mi jefa Stella Maris López, me citó en su oficina para preguntarme la fecha de parto, y me dijo que sólo me daría dos meses de licencia cuando por ley corresponden tres. Además, corrió violentamente una mesa, en el taller, que impactó sobre mi. Y el 22 de diciembre frente a un montón de compañeros de distintas áreas me gritó, y me levantó el brazo de forma amenazante. Todo eso me provocó mucha angustia.

EA: En ese episodio que me comentás ya estabas embarazada. ¿Vos lo habías formalizado con Recursos Humanos?

MB: Si, estaba en mi cuarto mes de embarazo, yo ya le había dicho a ella, y le comenté que lo iba a comunicar a Recursos Humanos, pero me dijo que no lo haga. Igualmente lo formalicé, y lo informé al teatro.

EA: Y después de comunicar tu estado de embarazo, hubo un receso hasta febrero ¿Al regresar fue cuando no pudiste ingresar al trabajo?

MB: Si, mi contrato venció el 31 de diciembre y deberían haberme reincorporado el 1 de febrero como al resto de mis compañeras, pero no lo renovaron.

EA: ¿Por qué? ¿Cómo era la modalidad del contrato qué tenías y la forma de renovación?

MB: Trabajé durante 3 años de corrido, exceptuando los recesos de vacaciones que no me los pagaron nunca. Los contratos por lo general se renovaban cada 3 meses, algunas veces excepcionales tuve contratos de 4, o 6 meses. Lo de los 3 meses es un mecanismo que implementa mi jefa, Stella Maris López, para generar incertidumbre, y presionar a quienes no estabamos efectivos.

EA: ¿Y te comunicaron que no te iban a renovar el contrato; o que no te presentes en febrero?

MB: Nunca. Cómo mi jefa me había dicho en diciembre que retomaríamos en febrero, me presenté a trabajar el día que se reintegraban mis compañeros, pero no pude ingresar. Entonces dejé una nota en el teatro pidiendo que me informen mi situación laboral y que se me asignen tareas. Luego envié una carta documento. 15 días después, cuando se hizo la denuncia pública, me llegó una carta con un informe firmado por María Victoria Alcaraz, de la Dirección General del teatro, diciendo que estaba en curso una propuesta de contrato.

EA: ¿Cuál era la propuesta?

MB: Me reuní con Recursos Humanos y con el director esceno-técnico, me mostraron un contrato en el cual se mantenían las mismas condiciones de precariedad, con el mismo sueldo, el mismo tipo de contratación, y, además, me separaban del área de sastrería. Lo cual significaba un cambio de tareas, en un área que nada tiene qué ver con mi desarrollo profesional, ni con mis capacidades, ni con las tareas que venía desarrollando previamente. Yo eso lo entiendo como un retroceso, y como un acto de discriminación. Lo que opino es que tengo que volver a mi área de trabajo porque no hice nada malo, simplemente estoy embarazada. Si tienen que hacer algo, es con la jefatura, no conmigo. Hoy vamos a presentar un petitorio donde muchos compañeros van a solicitar que pueda reintegrarme en mi área, qué es la sastrería.  

EA: ¿Pero volverías con la misma jefa?

MB: No, pedí la separación preventiva de la jefa de sastrería para que yo pueda reincorporarme.

EA: ¿Esa jefa tiene muchos años trabajando en el Teatro?

MB: Si, lleva más de 35 años.

EA: ¿Tus compañeros, también sufrieron situaciones de maltrato con ella?

MB: A partir de la denuncia pública que hice me contactaron un montón de compañeros que trabajaron en el área, con antigüedad de 10 años, me relataron situaciones brutales que sufrieron de violencia psicológica, y hasta física. Muchos fueron despedidos por motivos irrisorios, varios están redactando notas para presentar en el teatro relatando sus experiencias de maltrato laboral. Todos tienen la esperanza que se investigue, y que se tomen las medidas necesarias.

EA: ¿Qué tipo de situaciones fueron las de violencia psicológica?

MB: Desde qué me hicieron la entrevista laboral, me aclararon que los contratos se iban a renovar de forma casi automática, a no ser que faltara, o me enfermara. Eso generaba que yo, o mis compañeras fuéramos a trabajar enfermas. O, que nos viéramos obligadas a realizar horas extras sin que nos las paguen. Presencié situaciones de mucha tensión. Nos informaban los horarios de la semana el día anterior a las 10 de la noche, o hacían cambios de horarios repentinos. Esos son algunos ejemplos. Yo puedo hablar desde mi experiencia, pero me han llegado testimonios de compañeros que narran despidos arbitrarios, amenazas, violencia psicológica y hasta violencia física. Yo, lo único que quiero es que todo esto terminé y poder disfrutar de mi embarazo.

Entrevista

Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”

En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.

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A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.

El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.

“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.

Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.

Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega

Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.

La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.

Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.

Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.

Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.

“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.

“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión

Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.

En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.

“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.

Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.

Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.

El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña

La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.

Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.

Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.

La popularidad que llegó después de décadas de trabajo

Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.

Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.

La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.

Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.

No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.

Del teatro a las series: los proyectos de Vega

Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Lorena Vega en Cautiva

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.

La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.

Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado

La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.

Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.

Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.

Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.

Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.

Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.

Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.

¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.

Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.

Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.

Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.

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