Entrevista
El movimiento feminista se configura como una pieza clave en la lucha contra el sistema patriarcal y capitalista”
La vocera estatal y jefa de gabinete de Irene Montero destacó la importancia del gobierno de coalición para proteger los derechos sociales y avanzar en políticas progresistas. En una entrevista exclusiva con El Argentino advirtió que la lucha contra la derecha reaccionaria, neoliberal y antifeminista se presenta como un gran desafío en España y Latinoamérica.
Por Laura Bitto
La vocera estatal y jefa de gabinete de Irene Montero destacó la importancia del gobierno de coalición para proteger los derechos sociales y avanzar en políticas progresistas. En una entrevista exclusiva con El Argentino advirtió que la lucha contra la derecha reaccionaria, neoliberal y antifeminista se presenta como un gran desafío en España y Latinoamérica.
Isabel Serra dialogó con El Argentino y planteó la necesidad de construir resistencia y avanzar en la transformación cultural desde una perspectiva feminista, transformadora e internacionalista y que “el movimiento feminista se configura como una pieza clave en la lucha contra el sistema patriarcal y capitalista”.

-¿Cuál es el contexto político que enfrentan en España?
–Tenemos por delante elecciones municipales y autonómicas dentro de dos meses y luego las elecciones generales. Es evidente que el gobierno de coalición que formamos en 2020, que está conformado por Unidas Podemos y el Partido Socialista, fue capaz de enfrentar la pandemia en términos de protección social y de avanzar en derechos sociales. Revertir las políticas de recortes y de austeridad que hizo el Partido Popular tras la crisis de 2008 y también las consecuencias económicas de la guerra de Ucrania, en términos de aumento de la electricidad, aumento de la pobreza energética y dificultades por la inflación para desarrollar proyectos vitales del conjunto de la ciudadanía. Hemos sido capaces de poner en marcha políticas que nunca se habían llevado a cabo como el control de precios, regulación de alquileres y reforzar los servicios públicos. Nosotras aspiramos a ser fuerza mayoritaria del gobierno de coalición.
-¿Qué elementos destacás de la disputa electoral?
–Tenemos una disputa en las próximas elecciones generales con una derecha reaccionaria que entiende el feminismo como su principal enemigo en todo el mundo y que desde luego gobernaría con la extrema derecha. Creo que es posible revalidar el gobierno de coalición, pero tenemos un reto fuerte por delante.
-¿Cuáles son los preceptos de esa derecha y cómo darán la batalla de ideas para impedir su avance?
–Es una derecha guardiana de un sistema neoliberal fracasado. Es evidente que la extrema derecha ha venido a tratar de salvar los privilegios de una minoría, de poderosos que viven a costa de la miseria de buena parte de la población y de salvar ese modelo económico neoliberal depredador del planeta, de la vida, de los derechos, y que refuerza y profundiza las desigualdades. Es una derecha antifeminista, que identifica los derechos de las mujeres como su principal enemigo y en ese sentido es negacionista de la violencia de género, de los derechos LGTBI y trans. Están haciendo una campaña identificando a las personas trans como chivo expiatorio, generando la guerra del penúltimo contra el último y propagando mucho odio. Es heredera del franquismo y en ese sentido no entiende y no acepta que nuestro país es plurinacional, que hay que reconocer las naciones sin Estado, como en Cataluña, en el País Vasco. Es sostenedora de la monarquía, que en España es la clave de bóveda del régimen del ‘78 y de un sistema de corrupción.
-¿Cómo se expresa, en la configuración de esa derecha, la connivencia entre el poder económico, judicial y mediático?
-Tanto en España con el gobierno de coalición, como en Latinoamérica con los gobiernos progresistas, que están abriendo procesos de transformación en la sociedad, la reacción es una derecha que utiliza todos los mecanismos antidemocráticos para hacer frente a la democracia y a la voluntad popular. Controlan la mayor parte de los medios de comunicación, generando fake news, mentiras y campañas donde tratan de intervenir el debate público en base a los intereses de los poderes económicos. El poder judicial funciona como un poder reaccionario que trata de frenar los avances en derechos y persigue a quienes impulsan políticas transformadoras. En España el poder judicial ha sido refugio de franquistas y el que más ha resistido la transición democrática y ahora está reforzando esa utilización de la justicia contra los avances sociales. Construyen lawfare contra dirigentes políticos de izquierdas, contra Podemos para tumbar los avances sociales que votó la mayoría de la ciudadanía, que se expresa en un parlamento que es mayoritariamente de izquierda. Los jueces abren causas para generar una difamación contra algunos dirigentes políticos que canalizan los medios de comunicación. Es evidente que mantienen las mismas estrategias en Latinoamérica o en España.

-¿No te parece que es imprescindible resolver las desigualdades para que esas derechas no avancen?
-Claro, las desigualdades son un caldo de cultivo para esa extrema derecha y la única forma de enfrentarlas es reduciendo esas desigualdades y avanzando mucho más. Siempre decimos que a las fascistas se les para con más derechos y eso es desde luego una diferencia con quienes no han entendido la envergadura de lo que tenemos enfrente y no quiere transformar la realidad.
-¿Qué rol tiene el movimiento feminista en este contexto?
-Me parece totalmente central, creo que el feminismo en los últimos años, desde el estallido de lo que se puede entender como la última ola, está siendo el principal movimiento con capacidad impugnadora del neoliberalismo, de ofrecer una salida frente a la crisis y una salida en términos democratizadores para el conjunto de las sociedades. Es el feminismo el que tiene capacidad de proyectar una sociedad mejor no solamente para las mujeres, sino para el conjunto de los pueblos y de la ciudadanía. Y la derecha lo ha entendido perfectamente. Del mismo modo que se organiza la derecha a nivel internacional con todo tipo de financiación y poderes tenemos que hacerlo nosotras. En esta Internacional Feminista, que lanzamos en México, están muchas de las mujeres que no solamente están en el movimiento feminista, sino que son líderes de procesos de transformación populares en nuestros países. En España Podemos surge tras el 15M pero sin el movimiento feminista, que está con mucha fuerza desde 2017 y hereda mucho del Ni Una Menos de Argentina, no habría gobierno de coalición. No habríamos sostenido ese proceso de movilización que se convierte en un proceso político. Podemos pensar en un feminismo transformador si es un feminismo internacionalista, que se hace cargo también de las violencias, de las desigualdades y desde las experiencias y las luchas de diferentes partes del mundo construimos un mañana mejor. Decimos para todas todo, si es un feminismo popular, antiracista y transincluyente podemos avanzar hacia una sociedad donde los intereses de todas estén en el proceso. Del mismo modo tenemos que pensarlo a nivel internacional: si transformamos el sistema económico globalizado en su conjunto vamos a acabar con este sistema patriarcal y capitalista.
Es evidente que la extrema derecha ha venido a tratar de salvar los privilegios de una minoría, de poderosos que viven a costa de la miseria de buena parte de la población
Es el feminismo el que tiene capacidad de proyectar una sociedad mejor no solamente para las mujeres, sino para el conjunto de los pueblos y de la ciudadanía. Y la derecha lo ha entendido perfectamente.
Entrevista
Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”
En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.
A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.
El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.
“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.
Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.
Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega
Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.
La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.
Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.
Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.
Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.
“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.
“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión
Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.
En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.
“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.
Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.
Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.
El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña
La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.
Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.
Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.
La popularidad que llegó después de décadas de trabajo
Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.
Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.
La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.
Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.
No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.
Del teatro a las series: los proyectos de Vega
Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.
La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.
Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado
La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.
Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.
Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.
Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.
Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.
Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.
Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.
¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.
Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.
Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.
Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.
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