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Cultura

Gerardo Romano, sin filtro, sobre la Ley de Financiamiento Universitario: “Goce perverso, sadismo y crueldad”

En exclusiva con El Argentino, el actor habla sin filtros sobre la cultura argentina y la polémica suspensión de la Ley de financiamiento universitario. Además, reflexiona sobre los secretos familiares que transforman relaciones y revela cómo la obra “El secreto” lleva esa intriga al escenario.

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Por Andrea Reyes

Después de “Un judío común y corriente”, Gerardo Romano vuelve al Teatro Multitabaris con “El secreto”, una comedia de humor e intriga junto a Ana María Picchio, Rodrigo Noya y Gabriela Sari.

En esta entrevista exclusiva, el actor cuenta cómo un secreto familiar rompe el statu quo y cambia para siempre las relaciones. Además, con su estilo poético y directo, Romano advierte sobre el momento inédito que atraviesa la cultura argentina y cuestiona con dureza la suspensión de la ley de financiamiento universitario.

-“El Secreto” combina humor e intriga. ¿Qué cuenta la obra y qué pasa con ese “secreto oculto” que atraviesa a los personajes?

-La obra trata sobre cómo un quiebre en el statu quo involucra a quienes conviven y establecen vínculos interfamiliares. A veces uno ni siquiera es consciente de estar viviendo en ese estado, y una situación particular rompe el hermetismo. No se trata solo de un secreto, sino de una falsedad que empieza a modificar y marcar las relaciones, afectando a quienes pueden ser -o no- víctimas de esa situación.

Somos una familia acomodada de clase media alta; yo interpreto a un fiscal de la Nación y, junto a mi esposa (Ana María Picchio), tenemos un único hijo universitario que se gana la vida. Él se enamora, se casa, y entonces entre mi mujer y yo se desata una situación que rompe la tranquilidad de una pareja con más de treinta años de relación. Ese suceso revela un secreto guardado durante tres décadas: se altera el statu quo y ya nada vuelve a ser igual. Se quiebra ese pacto tácito que habían construido a lo largo del vínculo.

“El Secreto” en el Multitabaris.

-Compartís escenario con Ana María Picchio. ¿Cómo es trabajar junto a ella en esta historia?

-Con sus pros y sus contras. Los pros son de una frecuencia medular, fundamental: es muy fluido estar con una actriz sensible, inteligente, experimentada, empática y culta, porque Ana María tiene una vasta cultura teatral y cinematográfica.

-Después de “Un judío común y corriente”, volvés a trabajar con Manuel González Gil. ¿Cómo es ser dirigido por un referente con tanta trayectoria?

-Las circunstancias hablan por sí solas. Es un placer trabajar con una persona respetuosa, equilibrada, sabia y experimentada, con una vida apacible que lo pone a resguardo de los exabruptos.

El rol paternalista del director en un unipersonal se simplifica, pero cuando el trabajo es coral, cambia: los actores son como hermanos y el director es el padre. Y ahí surge la dinámica conflictiva de los egos. En ese terreno, la intensidad se multiplica y la competencia se vuelve más ardua, pero también más estimulante.

-Se te nota una persona muy activa. ¿Qué te motiva hoy, en esta etapa de tu vida y de tu carrera?

-Es difícil contestar la pregunta, porque todo forma parte de ese statu quo del que hablábamos, relacionado con los vínculos, con lo social y con el momento histórico que a uno le toca vivir. Yo nací en el 46; un año antes habían estallado Nagasaki, Hiroshima, Auschwitz. Otro momento muy particular de la historia: nace el Estado de Israel en el 48, Perón se alinea con Estados Unidos y con Israel, y eso marca un poco la historia.

-Estamos atravesando un momento difícil en general, y especialmente para la cultura. ¿Qué pensás de la falta de apoyo al sector en Argentina?

-No tengo muchos puntos de coincidencia con el gobierno. Es un momento inédito; nunca había pasado algo así: la obscenidad con que se declara y se narra su propio transcurrir. Siento la peor de las sensaciones. Creo en la cultura, en el arte dramático, en la dramaturgia; creo que es sanador y bueno para las personas y para el alma. Hay innumerables pruebas, a lo largo de la historia, de los beneficios de la teatralidad. Por eso me extraña que el Estado, que debería propiciar un vínculo más armonioso y justo, no participe de algo tan importante. Pero bueno, ocupémonos de este cotidiano feliz: jugar.

-¿Qué significa para vos “jugar” sobre el escenario?

-Arriba de un escenario se juega como en ninguna otra área artística. Es muy parecido al vínculo amoroso, al amor sexual; tiene que ver con una contemporaneidad en la copulación, porque están activos ambos participantes: los artistas y el público. Eso pasa solo en teatro; no sucede en el cine, en la televisión ni en las plataformas. Es una retroalimentación.

-En cuanto a la televisión, ¿qué opinión te merece que producciones argentinas como “El Marginal”, que la rompió en la TV Pública, hoy ya no tengan ese espacio y su spin-off, “En el barro”, se vea en una plataforma digital?

-No conozco ese mundo. Me dan un libro, agarro una escena, la estudio, la hago, pero no tengo una mirada sobre eso. Veo que hay un fenómeno de renovación y reconstitución, con todo lo que eso implica, así que no hay que pelearse con eso.

-Además de actor, sos abogado recibido en la UBA. En ese sentido, ¿qué lectura hacés sobre la promulgación -y posterior suspensión- de la Ley de financiamiento universitario?

-Son elementos psicoanalíticos, una morfología psicológica; una mirada sociológica sobre la crueldad. No domino esa perversión: excede la perspectiva política, económica o sociológica. Hay una situación de goce perverso, de sadismo y crueldad que va más allá del análisis o de la opinión de uno. Hay cuestiones que no merecen analizarse demasiado. Es una obscenidad.

Cultura

Mientras otros recortan la cultura, Mamdani abre la sala más exclusiva de Nueva York a los que siempre quedaron afuera

El alcalde socialista de Nueva York acordó con la Metropolitan Opera la entrega de 70.000 localidades gratuitas por temporada, el 10% del total, mediante un sorteo mensual. Es la última de una serie de medidas para acercar la cultura a quienes no pueden pagarla.

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Una de las salas más exclusivas del mundo abre sus puertas a quienes nunca pudieron cruzarlas. La Metropolitan Opera de Nueva York regalará 70.000 entradas por temporada a vecinos de la ciudad, en un acuerdo impulsado por el alcalde Zohran Mamdani para que la ópera deje de ser un privilegio de pocos.

El programa, bautizado «Opera for All» (Ópera para todos), fue presentado el jueves 24 de septiembre por Mamdani junto a la vicealcaldesa de Justicia Económica, Julie Su, y la comisionada del Departamento de Asuntos Culturales, Diya Vij. Se trata de una alianza de largo plazo entre la ciudad y la Met: durante la temporada 2026/27, el teatro liberará 10.000 localidades por mes, lo que equivale a cerca del 10% de todas sus entradas.

Quiénes pueden acceder y cómo

Podrá participar cualquier residente de Nueva York que no haya comprado una entrada para la Met desde 2019. La inscripción se hace a través de un sorteo mensual en el sitio de la ciudad o en la aplicación del teatro. Las localidades se distribuirán en todos los sectores de la sala, no en los peores lugares, con la única excepción de las ubicaciones de pie.

La ciudad también colaborará en la distribución a través del Departamento de Servicios Sociales, la Autoridad de Vivienda (NYCHA), las escuelas públicas, la Biblioteca Pública, la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) y el Departamento para Adultos Mayores, entre otros organismos. La Met se comprometió a mantener el programa en las temporadas siguientes, aunque todavía no precisó cuántas entradas ofrecerá.

«No hay un mal asiento en la sala»

«La ópera es una de las mayores formas de arte que tenemos, y no hay mejor lugar para vivirla que la Metropolitan Opera House», sostuvo Mamdani. Y agregó: «Demasiados neoyorquinos pasaron toda su vida frente al Lincoln Center sin haber entrado nunca». En su cuenta de X, el alcalde invitó a anotarse con un mensaje directo: «No hay un mal asiento en la sala».

El anuncio se grabó en el escenario de la Met junto al elenco de La Bohème. Allí, Mamdani recuperó el antecedente del alcalde Fiorello La Guardia, que en 1943 impulsó en el New York City Center lo que llamó «la ópera del pueblo», con entradas que costaban entre 75 centavos y dos dólares. Por su parte, el director general de la Met, Peter Gelb, afirmó que la iniciativa busca «demostrar aún más que la Met es una parte vital de la vida de la ciudad».

La cultura como parte de la agenda de asequibilidad

El programa no es un gesto aislado. Mamdani, que llegó a la alcaldía con una campaña centrada en el costo de vida, ya había lanzado este año iniciativas de entradas gratuitas o a bajo precio para obras de Broadway y del circuito off Broadway destinadas a estudiantes secundarios, además de localidades con descuento para el Abierto de Estados Unidos de tenis y el Mundial. En enero, a nueve días de asumir, participó de la entrega de 1.500 entradas gratuitas del festival de teatro Under the Radar.

La lógica detrás de estas medidas es clara: el acceso a la cultura también es una cuestión de derechos, y el Estado puede intervenir para que el precio de una entrada no defina quién tiene acceso al arte y quién queda afuera. Si bien alrededor de un tercio de las entradas de la Met cuesta menos de 100 dólares, los valores se disparan en las ubicaciones cercanas al escenario.

Lo que tenés que saber:

  • La Metropolitan Opera entregará 70.000 entradas gratuitas en la temporada 2026/27, cerca del 10% del total.
  • Se sortearán 10.000 localidades por mes entre residentes de Nueva York que no hayan comprado entradas desde 2019.
  • Las entradas estarán disponibles en todos los sectores de la sala, excepto las ubicaciones de pie.
  • La Met se comprometió a continuar el programa en futuras temporadas.
  • Mamdani ya había impulsado entradas gratuitas o con descuento para Broadway, el Abierto de tenis y el Mundial.
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