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Cultura

José Larralde apuntó contra el Gobierno: “Ahora firmo como viejo meado”

El mítico cantautor de 88 años lanzó duras frases sobre la Argentina actual y cuestionó la condena a Cristina Kirchner.

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Lo que tenés que saber

  • Larralde reapareció con duras críticas a la política y la situación social
  • Dijo que firma como “Viejo meado” tras sentirse despreciado por el gobierno
  • Cuestionó la condena a Cristina Kirchner y afirmó: “Si vamos a hablar de los que afanaron, medio país tendría que estar en cana”
  • Reflexionó sobre la historia argentina, los próceres olvidados y el sistema educativo
  • Aseguró: “El amor es todo” y criticó la pérdida de valores en la sociedad actual

Larralde: “Ahora firmo como Viejo meado”

En el Día de la Bandera, el cantautor José Larralde reapareció en una extensa charla por Radio Rivadavia. El artista reflexionó sobre la situación actual del país con frases tan críticas como poéticas, y reveló que escribe sus cartas firmando como “Viejo meado”.

“El señor este, que está, no está haciendo las cosas mucho mejor. No digo que robe, pero se ha olvidado de todos. Yo, en vez de firmar con mi firma, pongo ‘Viejo meado’. Soy un viejo meado porque lo dijo la máxima autoridad del país y cómo somos eso, cobramos medio poquito. Llego justo a fin de mes”, explicó.

Reflexiones desde el sur: crítica al presente y memoria del pasado

A sus 88 años, Larralde compartió su visión de la política y de la vida social en la Argentina actual:
“No entiendo nada en este momento. Creo que nadie entiende nada, ni los que se fueron, los que están o los que van a venir. Cada vez se mezcla más todo, los radicales se van con los peronistas, otros se van con Milei, Milei se va con Trump”.

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Se refirió también a la percepción de las fechas patrias:
“Mientras esté colorado en el almanaque hacemos joda y no es así, es un problema que tendrían que apretar más en el colegio”.

Y agregó:
“Creo que falta información más que educación porque educados somos todos”.

Críticas a la política y a la justicia

Consultado sobre la condena a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, Larralde opinó:
“Si vamos a hablar de los que afanaron, medio país tendría que estar en cana. No alcanzaría la Patagonia para meterlos a todos”.

También señaló el deterioro de la confianza pública:
“Los políticos van para el lado que les conviene y eso no era así. Antes la gente podía creer en alguien. Es muy triste”.

“El amor es todo”: el mensaje central de Larralde

En varios pasajes de la entrevista, el músico insistió en la importancia de recuperar valores esenciales:
“El amor es todo, de Dios para abajo, todo. Yo no concibo otra cosa. Si no hay amor ¿Para qué? Es un cacho de carne con ojos uno”.

“Decir ‘Te amo’ no tiene que ser una vergüenza. Yo lo tuteaba a mi viejo, y él me trataba de ‘usted’”, recordó.

José Larralde - Wikipedia, la enciclopedia libre

También dedicó palabras a las heridas del pasado y los próceres olvidados:
“San Martín murió solo en una casa prestada. La patria viene de padre o de madre. Nuestra patria es nuestra madre y si no la cuidamos entre todos, un día se va a morir como ellos, solos y olvidados”.

Una mirada cruda sobre el presente

En tono íntimo, Larralde dejó frases que resumen su desencanto:
“Me duele muchísimo, por la edad que tengo, terminar así. A veces me pregunto para qué agarré la guitarra”.

“El hombre zapatea en la luna, quiere ir a Marte, y acá seguimos trabajando en negro y teniendo a gente como esclavo”, lamentó.

Cultura

Por qué los millennials compran experiencias y la Generación Z invierte en identidad digital

Análisis sobre por qué los millennials priorizan la compra de experiencias mientras la Generación Z invierte en identidad digital, presencia en línea y pertenencia comunitaria.

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El consumo dejó de organizarse solo alrededor de objetos físicos. Durante décadas, comprar significaba adquirir algo que podía guardarse, usarse o mostrar en espacios materiales. Hoy, el valor también se construye en viajes, conciertos, cursos, eventos, perfiles, avatares, skins, suscripciones, comunidades y archivos digitales. En ese cambio, millennials y Generación Z muestran prioridades distintas: unos tienden a valorar la experiencia vivida; otros, la identidad proyectada en entornos digitales.

La diferencia no significa que los millennials ignoren lo digital ni que la Generación Z rechace las experiencias físicas. Se trata de énfasis culturales. En un entorno donde conviven redes, videojuegos, plataformas de ocio, compras integradas, apuestas y sitios como https://casino-jugabet.cl/, el consumo ya no se limita a poseer: también sirve para narrarse, participar y ocupar un lugar dentro de comunidades conectadas.

La experiencia como respuesta millennial

Los millennials crecieron en un periodo marcado por cambios económicos, digitalización progresiva y cuestionamiento de la propiedad tradicional. Para muchos, comprar una casa, formar patrimonio o acceder a ciertos bienes materiales resultó más difícil que para generaciones anteriores. En ese contexto, las experiencias ganaron valor: viajar, comer fuera, asistir a eventos, aprender algo o compartir una actividad se convirtió en una forma de construir memoria.

Comprar una experiencia ofrece algo que un objeto no siempre entrega: una historia. Un viaje puede contarse, una cena puede recordarse, un concierto puede compartirse y una actividad puede integrarse en la identidad personal. Para los millennials, la experiencia funciona como capital biográfico. No solo se vive; se convierte en parte del relato de vida.

También hay una dimensión de tiempo. Muchos millennials entraron en la adultez con jornadas extensas, presión laboral y saturación digital. Por eso, pagar por una experiencia puede sentirse como una forma de recuperar control sobre el propio tiempo. No se compra solo entretenimiento; se compra una pausa, una salida o una sensación de avance personal.

La Generación Z y la identidad como presencia

La Generación Z se formó en un entorno donde la identidad digital no es secundaria. Perfiles, nombres de usuario, fotos, avatares, listas, clips, objetos virtuales y comunidades en línea forman parte de la vida social. Para esta generación, invertir en identidad digital no parece raro, porque gran parte de la interacción ocurre en espacios mediados por pantallas.

Una compra digital puede cumplir funciones similares a una prenda, un accesorio o una entrada a un evento. Una skin, una suscripción, una herramienta de edición, una insignia o un objeto virtual permite decir algo: qué se valora, a qué comunidad se pertenece, qué humor se comparte o qué estética se adopta.

La identidad digital también es más flexible que la física. Puede cambiar rápido, adaptarse a plataformas distintas y responder a tendencias. La Generación Z entiende esa flexibilidad como parte del juego social. No siempre busca una identidad fija, sino una identidad editable.

De tener cosas a mostrar señales

Tanto millennials como Generación Z participan en una economía de señales. La diferencia está en el soporte. El millennial puede usar una experiencia para comunicar apertura, gusto, cultura o estilo de vida. La Generación Z puede usar elementos digitales para comunicar pertenencia, habilidad, sensibilidad estética o conocimiento de una comunidad.

En ambos casos, el consumo se vuelve lenguaje. Una persona no compra solo por utilidad, sino por lo que esa compra permite expresar. La experiencia millennial se muestra en fotos, relatos y recuerdos. La identidad digital zoomer se muestra en perfiles, avatares, clips y presencia constante.

Esto no debe leerse como superficialidad. Las señales sociales siempre han existido. Lo nuevo es que ahora circulan con más velocidad y en más espacios. La validación no ocurre solo en reuniones físicas, sino también en chats, plataformas, juegos y redes.

Economía, acceso y prioridades

Las condiciones económicas también influyen. Muchos millennials aprendieron a valorar experiencias porque ciertos bienes duraderos parecían menos accesibles o menos prioritarios. Al mismo tiempo, las plataformas de viaje, eventos y servicios bajo demanda hicieron que la experiencia fuera más fácil de comprar y compartir.

La Generación Z, por su parte, entra al consumo en un entorno donde los bienes digitales son normales. Comprar dentro de una aplicación, pagar por una función, mejorar un perfil o adquirir un objeto virtual forma parte de la rutina. Además, muchas compras digitales tienen precios menores que grandes experiencias físicas, aunque su acumulación pueda ser significativa.

Esto produce una lógica de microinversión identitaria. Pequeñas compras permiten ajustar cómo se aparece ante otros. El gasto no siempre busca duración; busca relevancia en un contexto concreto.

Comunidad y pertenencia

La comunidad es central en ambos modelos. Los millennials suelen comprar experiencias que pueden compartirse con amigos, pareja o familia. El valor aumenta cuando la experiencia se vive con otros o cuando se convierte en memoria común.

La Generación Z invierte en identidad digital porque muchas comunidades funcionan en línea. Un objeto virtual, una estética de perfil o una suscripción puede abrir acceso, reconocimiento o conversación. La pertenencia no depende solo de estar presente, sino de dominar códigos internos.

En este sentido, la identidad digital no es una fantasía separada de la vida real. Es una extensión de relaciones, gustos y posiciones sociales. Para quienes pasan parte importante de su sociabilidad en entornos digitales, invertir allí tiene sentido.

Riesgos de ambos modelos

Comprar experiencias puede convertirse en presión por vivir siempre algo memorable. Viajes, eventos y salidas pueden transformarse en obligación de producir contenido o demostrar una vida activa. La experiencia pierde valor si se vive más para mostrarla que para disfrutarla.

Invertir en identidad digital también tiene riesgos. Los objetos virtuales dependen de plataformas, reglas y cuentas. Además, la búsqueda constante de actualización puede generar gasto impulsivo y ansiedad por quedar fuera de una tendencia.

Ambos modelos muestran que el consumo contemporáneo está ligado a reconocimiento. La pregunta no es solo qué se compra, sino qué necesidad social o emocional intenta cubrir esa compra.

Una diferencia de entorno, no de esencia

Millennials y Generación Z no consumen de formas opuestas. Ambos buscan identidad, pertenencia y sentido. Los millennials tienden a encontrarlo en experiencias que producen memoria. La Generación Z lo encuentra con frecuencia en herramientas digitales que producen presencia.

La diferencia central está en el escenario donde cada generación aprendió a relacionarse. Para unos, la experiencia física fue una respuesta al exceso de objetos y a la incertidumbre económica. Para otros, la identidad digital es una respuesta a una vida social distribuida entre plataformas. En ambos casos, el consumo dejó de ser posesión simple y se volvió construcción de relato.

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