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Locomotora Oliveras internada en estado crítico: el deporte argentino en vilo

La ex campeona mundial de boxeo sigue internada en terapia intensiva tras una semana de extrema gravedad. Su entorno pidió cadenas de oración mientras los médicos no logran estabilizar su cuadro.

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Alejandra “Locomotora” Oliveras, exboxeadora jujeña y una de las figuras más destacadas del pugilismo femenino argentino, atraviesa el momento más delicado de su vida. Luego de haber sufrido un accidente cerebrovascular (ACV) isquémico hace más de una semana, su estado de salud empeoró en las últimas horas. El parte médico difundido este lunes confirmó que su condición “sigue siendo crítica y con pronóstico reservado”.

Internada en terapia intensiva, Oliveras fue sometida a una craneotomía descompresiva para aliviar la presión intracraneal. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados. Según fuentes médicas, intentaron reducir la sedación para iniciar un proceso de recuperación neurológica, pero debieron volver a inducirla “de forma permanente” por el riesgo de nuevas complicaciones.

La noticia conmocionó al mundo del deporte y especialmente al boxeo argentino, donde Oliveras dejó una huella histórica al convertirse en campeona mundial en cinco categorías diferentes. Su fuerza dentro del ring contrasta con la fragilidad del cuadro clínico que enfrenta hoy.

Qué es un ACV isquémico y por qué es tan grave

Un ACV isquémico ocurre cuando el flujo sanguíneo al cerebro se bloquea o reduce significativamente, impidiendo que las neuronas reciban oxígeno y nutrientes. En cuestión de minutos, las células comienzan a morir, generando daños neurológicos que pueden ser irreversibles si no se actúa de inmediato.

Según la Sociedad Neurológica Argentina, los ACV isquémicos representan el 85% de todos los casos de accidentes cerebrovasculares en el país. La rapidez en la atención es clave para minimizar las secuelas, pero en casos severos como el de Oliveras, incluso con intervención quirúrgica, el pronóstico es incierto.

El hecho de que la exboxeadora haya requerido una craneotomía descompresiva indica que el infarto cerebral fue de gran extensión y que la inflamación cerebral generó una presión intracraneal incompatible con una evolución favorable sin intervención.

El entorno de Oliveras y el pedido de apoyo

Familiares y allegados de “Locomotora” Oliveras viajaron hasta el centro médico donde permanece internada, cuya ubicación no fue revelada por respeto a la privacidad del entorno. Desde hace varios días se multiplican los mensajes de apoyo en redes sociales y se organizó una cadena de oración bajo el lema “Fuerza, Locomotora”.

Diversas figuras del deporte, entre ellas excompañeras del mundo del boxeo y periodistas deportivos, expresaron su preocupación por el estado de salud de Oliveras. La Confederación Argentina de Boxeo (CAB) emitió un comunicado pidiendo “acompañamiento y respeto” en este momento.

Más allá de su trayectoria deportiva, Oliveras es recordada por su carisma, su fuerte personalidad y su militancia por el boxeo femenino en un mundo históricamente dominado por hombres. En los últimos años se mantuvo activa en redes sociales, con una fuerte impronta motivacional y una intensa actividad de entrenamiento personal.

Hoy, su lucha ya no es arriba del ring, sino en una cama de terapia intensiva. Y el país entero, no solo el deporte, espera que pueda dar el round más difícil de su vida.

Cultura

Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta

Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.

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El Argentino Diario-Carlos Alonso, pintor.
Carlos Alonso: el pintor que convirtió la desaparición de su hija y el horror de la dictadura en arte irreductible.

Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.

El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.

De Cuyo a Europa: una formación entre maestros

Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.

En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.

El cuerpo como territorio político

A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.

La dictadura, el exilio y Paloma

La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.

Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.

Reconocimientos y una última exposición

Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.

En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.

Lo que tenés que saber

  • Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
  • Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
  • Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
  • En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
  • Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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