Espectáculos 🎭
El adiós a la risa: Murió Antonio Gasalla, símbolo de la comedia argentina
El actor y humorista dejó un legado imperecedero en el panorama del espectáculo nacional. Amigos, familia y colegas resaltaron su irreverente creatividad y compromiso artístico.
La cultura argentina quedó de luto tras la partida del actor y humorista a los 83 años, quien se encontraba internado en una clínica de rehabilitación mientras luchaba contra el avance del Alzheimer, enfermedad que lo había alejado de los escenarios y lo mantenía en un delicado estado de salud.
Una vida dedicada a la ruptura de moldes
Antonio Gasalla falleció este martes en Buenos Aires, después de una prolongada batalla contra el Alzheimer que lo había alejado de la vida pública desde 2019. El actor y humorista, nacido el 9 de mayo de 1941 en la ciudad de Bahía Blanca, marcó un antes y un después en la escena artística nacional con su humor ácido, sus personajes transgresores y su mirada crítica sobre la sociedad argentina.
Gasalla comenzó su carrera en los años 60 junto a Norberto Díaz y Carlos Perciavalle en el mítico café-concert «La Gallina Embarazada». Su consagración llegó con «Gasalla ’74», espectáculo que revolucionó la escena teatral argentina, incluso en plena dictadura militar. Posteriormente, su paso a la televisión lo catapultó como uno de los comediantes más populares del país.





«El humor es cosa seria», repetía Gasalla en numerosas entrevistas, frase que se convirtió en su mantra y definió su filosofía artística. Su visión del humor como herramienta de crítica social le permitió crear personajes memorables que retrataban los vicios y contradicciones de la sociedad argentina.
Un legado imborrable en la cultura popular
Los personajes creados por Gasalla forman parte del imaginario colectivo argentino. Desde la irreverente Mamá Cora hasta la ácida Doña Flora, pasando por la implacable empleada pública, cada uno de sus personajes se convirtió en un espejo deformado pero certero de la idiosincrasia nacional.
Durante su trayectoria, Gasalla recibió numerosos reconocimientos, incluyendo cinco premios Martín Fierro, cuatro premios Konex y el Premio Konex de Platino en 2001, que lo consolidaron como uno de los humoristas más importantes de la historia argentina.
Según datos del Instituto Nacional del Teatro, los espectáculos de Gasalla mantuvieron un promedio de ocupación del 95% durante sus temporadas en calle Corrientes, cifra que demuestra el enorme impacto popular de su obra.
La lucha contra el Alzheimer y sus últimos años
En 2019, Gasalla comenzó a mostrar signos de deterioro cognitivo que posteriormente fueron diagnosticados como Alzheimer. Según la Asociación Argentina de Alzheimer, esta enfermedad afecta a más de 500.000 personas en el país, con una prevalencia que aumenta significativamente después de los 65 años.
Su hermano Carlos Gasalla se convirtió en su cuidador principal y vocero durante este difícil proceso. «Antonio ya no reconoce a nadie, ni siquiera a sus amigos más cercanos», declaró en 2022 a los medios, describiendo el doloroso avance de la enfermedad.
Susana Giménez, amiga y compañera de trabajo durante décadas, lo visitó en varias ocasiones durante su internación. «Fue devastador verlo así, pero siempre mantuve la esperanza de que pudiera mejorar», comentó la conductora en una de sus últimas apariciones públicas.





La noticia de su fallecimiento generó una ola de consternación en el ambiente artístico. Figuras como Gerardo Romano, Moria Casán, Marcelo Tinelli y Guillermo Francella recordaron su impronta con cariño entrañable y expresaron su dolor.
«Se fue un genio, un maestro que nos enseñó que el humor puede ser el arma más poderosa para desafiar al poder», señaló Moria Casán. En la misma línea, Gerardo Romano recordó que Gasalla le dio “refugio” en su propia casa e ironizó con el momento álgido que vive la cultura argentina bajo el régimen libertario: “Se fue un pedófilo Milei”, sostuvo el actor en un evidente tono de información, en referencia al discurso del jefe de Estado argentino en Davos.
Un artista que trascendió generaciones
A pesar de haberse retirado de los escenarios hace varios años, el legado de Gasalla continúa vigente. Sus sketches y personajes siguen siendo virales en plataformas digitales, siendo reinterpretados y homenajeados por nuevas generaciones de comediantes.
Según un estudio de la Universidad de Buenos Aires sobre consumos culturales, el 78% de los argentinos menores de 30 años reconoce al menos tres personajes de Gasalla, a pesar de no haber vivido la época de mayor popularidad del humorista.
Este fenómeno demuestra la universalidad y atemporalidad de su obra, que logró trascender barreras generacionales y tecnológicas para instalarse definitivamente en la cultura popular y el corazón de toda la Argentina.
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Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino
El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.
La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.
Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.
El arma que regaló la suegra: un dato confirmado
Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.
Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.
Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido
El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.
Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.
Las hijas: vidas que la historia oficial silenció
La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.
La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental
Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.
«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió
Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.
La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.
Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino
El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.
Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.
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