Espectáculos 🎭
Murió Pinky
La histórica locutora y conductora televisiva Lidia Elsa Satragno falleció hoy a los 87 años.
La histórica locutora y conductora televisiva Lidia ‘Pinky’ Satragno falleció hoy a los 87 años, según confirmó esta tarde el titular del SAME, Alberto Crescenti.
Según el parte policial, falleció en su casa (República Árabe al 2800), donde también se encontraba su hijo, quien fue el que llamó al 911 para alertar sobre la situación.
Desde hace unos meses, el entorno de la emblemática conductora había alertado una desmejora en la salud de Pinky desde que empezó la pandemia, en 2020. Su hijo Gastón Satragno había sido uno de los que había hablado al respecto: “La pandemia les hizo muy mal. Mamá antes de la pandemia todavía caminaba no mucho, pero caminaba… y ahora no”, había dicho el joven en diálogo con Teleshow.

Fue una de las figuras más emblemáticas de los medios argentinos. Protagonizó decenas de comerciales y pasó por el cine, pero sin duda alguna su mayor carrera la hizo en la televisión.
Todo comenzó en 1958 cuando hizo la conducción de Buenos días, Pinky. Luego estuvo en Club de tejedoras, Modas modos y modistos, Nosotros, Reunión de mujeres, Don Camilo en Rusia, Pinkypátikas, Buenas Noches Pinky, Miss Broadway, Nosotros, Incomunicados, Teleonce Informa, El Pueblo quiere saber, A la noche Pinky, Feminísima, Con sabor a Pinky, Pinky y la noticia, A los ingleses con humor, Pinky y Fontana en persona, La Argentina del 2000, La década del 60, La década del 70, La década del 80, Pinky y el arte, Teledos Informa, Telepinky, Parece que fue ayer y La conversación.
Además, fue protagonista de uno de los momentos más importantes en la televisión argentina: fue la presentadora del cambio de la televisión blanco y negro al color. Un momento que quedó para la historia de los argentinos y de la conductora.

Además, estuvo involucrada en la política al ser candidata a la intendencia del partido de La Matanza en 1999 en representación de la Alianza; mientras que entre 2007 y 2011 ejerció como diputada nacional por la provincia de Buenos Aires representando a la alianza Unión PRO.
Cultura
Cuando jugar juntos le gana al celular
Los Raviolis regresaron al Paseo La Plaza con Piyama Party, un espectáculo para toda la familia que combina humor, música y una mirada sobre las infancias, el juego y el rol de los adultos.
“No puede competir el teléfono con mi papá que se sienta upa mío». La frase aparece durante una charla exclusiva que Los Raviolis mantuvieron con El Argentino. El encuentro combina risas, cargadas entre compañeros e interrupciones constantes, pero también deja entrever algunas reflexiones que atraviesan Piyama Party, el espectáculo que volvió este año a la Sala Picasso del Paseo La Plaza, con dirección de Diego Reinhold.
Integrado por Gabriel «Gabichu» Wisznia, Valeria Donati, Juan Pablo Esmok Lew, Esteban Ruiz Barrea, Bruno Martin Delucchi Maguid y Martín Blas Cicala, el grupo regresó con una propuesta que ya había conquistado al público en su primera temporada. El espectáculo continúa durante junio los domingos a las 16.30, seguirá en cartel durante julio y tendrá funciones todos los días durante las vacaciones de invierno.
La charla con los integrantes refleja exactamente lo que ocurre sobre el escenario: humor, improvisación y una mirada sincera sobre las alegrías y desafíos de criar hijos en estos tiempos. En la escuela ) «Es lo cotidiano hecho obra»
La banda Los Raviolis nació en mayo de 2012 de casualidad en el Jardín de Infantes «Profesora Margarita Ravioli» de la Ciudad de Buenos Aires, cuando su directora convocó a un grupo de padres que eran músicos para preparar un show sorpresa en homenaje a las maestras jardineras.
Desde aquel encuentro casual hasta hoy, Los Raviolis llevan años construyendo un lenguaje propio a partir de situaciones que cualquier madre, padre o cuidador reconoce al instante. Por eso, cuando se les pregunta de dónde surge Piyama Party, Diego Reinhold, director del espectáculo, responde sin vueltas: «Es lo cotidiano hecho obra».
La piyamada que se complica, el chico que quiere volver a su casa a mitad de la noche, el que pide plata, el que se golpea cuando todos estaban tranquilos, la niñera que falla o el padre que intenta arreglar una situación y termina empeorándola: escenas cotidianas que se transforman en humor sobre el escenario. «Algo de todo esto te tiene que haber pasado», bromean entre todos. «Te vas a identificar», aseguran. Y no hablan solamente de los chicos, sino también de los adultos.
«Vas a salir de acá transpirado, energizado», dice Juan Pablo Esmok Lew sobre la experiencia de quienes llegan pensando que podrán descansar mientras sus hijos se entretienen. Y Diego agrega entre risas: «Los papás salen arriba también».
Esa identificación parece ser una de las claves del fenómeno. Aunque está pensado para las infancias, el espectáculo encuentra una resonancia especial entre los adultos, que terminan viéndose reflejados en muchas de las situaciones que aparecen sobre el escenario.
(Subt) El derecho a jugar (y a aburrirse)
En algún momento de la charla aparece inevitablemente el tema de las pantallas. Sin embargo, lejos de quedarse en una crítica simplista, los integrantes prefieren correrse de la queja y pensar qué alternativas puede ofrecer.
«Hay algo de la experiencia teatral que permite conectar con lo que está pasando en el momento, en el aquí y ahora», señala Valeria Donati. Y agrega que incluso las canciones del grupo abordan el tema desde la autocrítica: «Los pibes tienen el celular todo el tiempo porque somos nosotros los que tenemos el celular todo el tiempo».
Para Gabriel «Gabichu» Wisznia, la experiencia teatral genera algo difícil de replicar en otros ámbitos. «En esta obra pasan tantas cosas entre los papás y los hijos que lo que termina pasando es que hay un momento de mucha calidad que se vive de vínculo. Vos los ves abrazándose, haciéndose cosquillas, jugando una guerra de almohadones. Todo eso ocurre y es mucho más divertido que el teléfono».
La reflexión va todavía más allá. «El problema es cuando ninguno de nosotros ya se puede aburrir. Ni los grandes ni los chicos. Para nosotros es un problema, pero para los chicos es un problemón no poder aburrirse», plantea.
Valeria Donati retoma esa idea y la convierte en una definición de principios. «Las infancias siempre fueron cambiando. Las infancias de nuestros padres no fueron como nuestras infancias, como no fueron las de los abuelos», señala. Y agrega: «Nosotros tenemos la responsabilidad como adultos de seguir siendo adultos primero, y de ver cómo acompañamos eso y qué ofrecemos».
En ese sentido, Donati explica que detrás de cada decisión artística hay también una postura sobre qué tipo de experiencias vale la pena compartir con los chicos. «Nosotros nos podemos reír y podemos hacer la piyamada, podemos revolear almohadones, pero estamos diciendo un montón de cosas también con lo que estamos haciendo».
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