Entrevista
«De los problemas se sale con más mutualismo y más cooperativismo»
El Argentino dialogó con Alejandro Russo, presidente de la Confederación Argentina de Mutualidades (CAM) y vocal del directorio del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes). Como uno de los máximos referentes de las mutuales en la Argentina, planteó que de las crisis se sale «con más solidaridad».
El presidente de la Confederación Argentina de Mutualidades (CAM), Alejandro Russo, en diálogo con El Argentino explicó la importancia que tiene el mutualismo y el cooperativismo, tanto a nivel nacional como internacional, en un contexto marcado por la pandemia y la guerra, porque uno los valores fundamentales del sector es «la solidaridad».
Además de ser titular de la CAM y vocal del Inaes, Russo es titular de la Federación Provincial de Mutualidades de Córdoba (Femucor), y desde hace dos años vicepresidente de la Asociación Internacional de la Mutualidad (AIM), con sede en Bélgica, una institución que nuclea a 250 millones de mutualistas en todo el mundo.
¿Cuántas mutuales hay en la Argentina y cuántos asociados hay?
En Argentina hay 3.500 mutuales, aproximadamente, que dan servicio a más de 10 millones de mutualizados a lo largo del ancho de nuestro país. Esas mutuales están asociadas a federaciones que pueden ser provinciales, territoriales o por servicios, por ejemplo: la Federación de Servicios de Salud o la Federación de Servicios de Ahorro y Crédito, entre muchas otras.
La Confederación, que nació en el año 1951, representa a 40 federaciones de todo el país, que son en su gran mayoría territoriales. Hay una y en algún caso dos federaciones por provincia, federaciones por servicios, como la Federación Argentina de Mutuales de Salud (Famsa), que nuclean a las mutuales del ámbito, o las de ahorro y crédito, que también están asociadas a federaciones del sector, y también a otras federaciones territoriales, con lo cual tenemos una representatividad muy importante en toda la Argentina.
¿Cuál es el rol social que cumplen las mutuales? ¿Qué pasó durante la pandemia? Fue un momento muy difícil para el país.
El mutualismo presta una diversidad grande de servicios. No hay techo para los servicios que se pueden prestar. La propia ley de mutualidades enuncia una serie de servicios, pero establece que se pueden agregar todos servicios que le den un beneficio material y espiritual al ser humano, y el único requisito es que cada servicio esté reglamentado y que ese reglamentó lo apruebe el Inaes. Con esto, la mutualidad puede prestar cualquier servicio que se pueda imaginar.



Las mutuales prestan servicios de salud, culturales, de turismo, de ahorro y préstamo, y así podríamos seguir enumerando. Están cubiertas prácticamente todas las necesidades del ser humano. El mutualismo en nuestro país, desde hace 170 años, llegó para aportar las primeras soluciones a los inmigrantes y a partir de ese momento y a lo largo de su historia, las mutuales se comenzaron a enrolar en las distintas federaciones, antes mencionadas.
En la pandemia las mutuales tuvieron una activa participación, primero porque fue declarada actividad esencial, al igual que las cooperativas. Eso fue muy importante, porque al declararse actividades esencial el Estado reconoció la importancia que tiene el mutualismo y el cooperativismo en Argentina, y eso hizo que las mutuales y las cooperativas nunca interrumpieran sus servicios.
Y lo más importante en todo esto, es que los recursos, por ejemplo, los del sector turístico, en los que las instalaciones deportivas y recreativas, los hoteles y hosterías, fueron en muchos casos puestos a disposición de los municipios y las gobernaciones para hacer hospitales de campaña. Además de todo eso, las mutuales que prestan servicio de salud siguieron adelante con su trabajo, con mucho esfuerzo, con mucho compromiso, nunca se interrumpió, en plena pandemia.
Los servicios de ahorro y crédito también fueron importantes, porque el mutualismo no estaba adaptado a nivel tecnológico para prestar el servicio a distancia y rápidamente tuvieron que recomponer esa situación y poder contener el asociado. Esto se dio mucho en las mutuales del interior, ya que en los pueblos el primer mostrador son los municipios, las mutuales y las cooperativas. Entonces, en plena pandemia estuvimos muy presente en todos los servicios, fundamentalmente en el interior de nuestro país.
Hay muchas mutuales que se dedican a la capacitación y ahora están a punto de lanzar un Instituto Universitario, ¿Qué características tiene?
Uno de los servicios fundamentales del mutualismo es el de la capacitación. Creemos que la capacitación y la formación son pilares fundamentales de este sistema y una garantía de sustentabilidad del tiempo. La juventud mutualista, sobre todo, tiene que ser una juventud formada y capacitada, siempre en los valores y principios del mutualismo el cooperativismo. Así es que la CAM, a partir del año 2014, crea su aula virtual, la crea en un momento en que no se hablaba prácticamente de aulas virtuales, y capacitó a 17.000 personas de manera gratuita durante 5 años. Pero creíamos que había que dar un salto de calidad, por eso creamos y fundamos el año pasado, en el mes de agosto, el Instituto Universitario para el Desarrollo de la Economía Social de la CAM.



Ese Instituto Universitario tiene cuatro pilares fundamentales, uno de ellos es la capacitación en lo que es ahorro y crédito, otro es el de los servicios de salud, también las nuevas tecnologías y el cuarto es el de las nuevas economías. A partir de allí vamos a dictar de manera virtual diplomaturas y tecnicaturas universitarias, y también carreras de grado, que se brindarán mediante un convenio entre el Instituto y la Universidad Atlántida, todo a un bajísimo costo.
La idea de la CAM es que todo el mundo pueda tener acceso a estas capacitaciones a estas formaciones universitarias a un bajísimo costo, a través de la que consideramos la mejor red, que es la del mutualismo, con 3.500 mutuales ubicadas a lo largo del país, de Jujuy a Ushuaia, con lo cual es una red fantástica.
¿Cómo encara la CAM las políticas inclusivas y de paridad de género?
Encaramos estas políticas con mucha seriedad, con mucho compromiso. En 2015, cuando se realizó la segunda asamblea de la CAM, la Comisión de Género se transformó en una Secretaría de Género, con rango directivo en la Confederación, y pedimos que cada federación asociada a la CAM tenga su comisión de género. Esto que parece muy simple, representó un cambio profundo de mentalidad en el sector.
El rol de las mujeres y de la Secretaría de Género es muy importante del mutualismo, a tal punto que no sólo hemos tenido una activa participación en todo el país, sino a su vez que hemos creado la Red de Mujeres Mutualistas y Cooperativistas del América, con lo cual cada uno de los países tienen sus representantes y la idea también es lanzar capacitaciones y formaciones en esta materia a través de esta red a toda América.
¿Cómo son las relaciones de la CAM con otros organismos que nuclean mutuales a nivel internacional?
El rol de la Asociación Internacional de la Mutualidad (AIM) es muy importante porque aglutina a las mutuales de todo el mundo, fundamentalmente de cada uno de los continentes. En este caso a mí me toca ser vicepresidente por América, hay cuatro vicepresidentes más, uno por cada continente. Es una organización que tiene interrelaciones con otros organismos, por ejemplo, el año pasado ha lanzado la Coalición Internacional de la Economía Social, conjuntamente con otras cinco organizaciones, entre las cuales también ha sido cofundadora la Asociación Mundial del Cooperativismo.
¿Cuál es el papel que cumplen las mutuales y cooperativas en el complejo contexto mundial?
Estoy convencido de que los problemas que vive el mundo, y nuestro país no es ajeno a ello, se sale con solidaridad. El eje más importante que tienen el mutualismo y cooperativismo es la solidaridad. O sea que, no apartándose de este camino, de las crisis se sale con más mutualismo y más cooperativismo.
América Latina
«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana
El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.
Por Fernando Roperto
El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.
Una lectura que va a fondo
Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.
La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.
Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción
Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.
El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.
Arte y política en la Revolución Cubana
El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».
El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.
El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento
Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.
Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.
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