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Entrevista

Belliboni: “Estamos ante un régimen político en decadencia”

El dirigente del Polo Obrero y la Unidad Piquetera analizó la realidad política y planteó la necesidad de construir “un nuevo movimiento popular”

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Fotos: Eloísa Molina

-¿Cómo caracterizan el panorama político, social y económico en nuestro país?

-Hay un ajuste muy importante en Argentina, hay un compromiso de las fuerzas políticas, del régimen capitalista, con el pago de una deuda que es un peso enorme para la economía nacional y el desarrollo.

Es un proceso que busca trasladar las pérdidas de las empresas a los trabajadores y tiene su origen en la última dictadura militar. La continuidad se da con el gobierno de Macri.

Estamos ante un régimen político en decadencia a partir de la penetración imperialista, de la opresión de los grandes capitales financieros internacionales que tienen la metodología de apropiarse de riquezas y quedarse con recursos estratégicos para dominar la economía y a países enteros.

Hoy Argentina es una semi colonia, depositaria de una serie de capitales golondrinas que viene a hacer negocios y luego se retiran produciendo fuga. Estamos ante un proceso de deterioro de las conquistas obreras muy importantes, hay un abandono de parte de las centrales sindicales de la pelea por el salario. No se trata solamente de decir yo quisiera tener un salario tal, sino de luchar por ese salario. 

-¿Qué pasa con el peronismo en el gobierno?

-No está llevando adelante ni sus propias premisas históricas: justicia social, soberanía política e independencia económica que muchos sectores de trabajadores abrazaron.

Massa es el hombre que dice que hay que ajustar, ajustar y ajustar mientras a los sojeros se les reconoce un dólar. Además estamos ante un proceso inflacionario galopante que favorece a los sectores concentrados.

Porque acá no estamos hablando de ningún campesino pobre, ellos liquidaron en su momento porque no podían mantenerse y los que concentraron la producción fueron los grandes productores y los exportadores, son los pooles de soja que claramente son los beneficiados con esta especulación contra el peso.

Entonces, independencia económica, nada. El control del comercio exterior lo tienen estos cuatro pulpos agroexportadores. También tenemos una gran cantidad de territorios en manos de empresarios extranjeros, es decir, no hay ninguna defensa de soberanía política.

El Fondo Monetario Internacional fija la política económica y el peronismo en el gobierno perdió casi 6 millones de votos, esto es un golpe que crea una crisis política, hasta parecía que se caía el gobierno. Eso no ocurrió, cerraron filas, se reorganizaron pero una parte importante ve que ya no representa sus intereses.

El ajuste del Fondo Monetario lo está haciendo el gobierno peronista. Ahí está la contradicción de los sectores que se dicen del campo popular, pero que tienen que defender públicamente un ajuste que es claramente del estilo más clásico liberal y más reaccionario en el sentido de atacar a los trabajadores y defender la ganancia de los capitalistas. 

-¿Cuáles son las salidas?

-Para nosotros tiene que emerger un nuevo movimiento popular pero con banderas socialistas porque nosotros no creemos en la idea de que el proceso electoral te puede dar una viabilidad, una salida.

Está bien intervenir en el proceso electoral pero creemos que lo que tiene que surgir es un movimiento popular con nuevas banderas y con un programa que le permita acercarse al socialismo.

Por supuesto que el socialismo es la expropiación del capital, pero tiene que haber cosas intermedias en el que ese movimiento popular vaya haciendo una experiencia para llegar a esas conclusiones.

Por ejemplo, tiene que haber una Banca Nacional, no puede ser que la banca en la Argentina sea el instrumento de la fuga de capitales. Con la nacionalización de la Banca, los Bancos estarían al servicio del crédito y el desarrollo y no de la especulación financiera.

El control del comercio interno tiene que estar en manos del Estado, no puede estar en manos de cuatro pulpos como está ahora, para evitar la especulación por los precios y que los precios internos no estén atados a los precios internacionales porque eso es lo que les conviene a los capitalistas.

Tenemos que tener el control de los recursos del Estado, la nacionalización de los recursos del Estado es clave y tenemos que ir a un movimiento popular para hacer eso, eso no se hace en una elección o en un cambio de parlamento, hay que ir a un proceso de organización de las masas, los trabajadores y los sectores populares.

De este modo ir hacia un movimiento que; con los métodos históricos de la clase obrera: la lucha, la organización y la acción directa; lleve adelante un programa que implique cambiar el régimen social en el que vivimos. 

-¿Qué pasa con las opciones por derecha?

-La descomposición del movimiento popular histórico en la Argentina como lo es el peronismo, la aparición de sectores como Milei o inclusive la propia derecha del PRO, tremendamente reaccionaria, lógicamente pueden aparecer como una variante en un cuadro de descomposición social y de los trabajadores atomizados y paralizados desde sus organizaciones. El problema de la dirección de los Sindicatos es clave, si la dirección de los Sindicatos sigue estando en manos de los que no hacen nada por los trabajadores, lógicamente, el destino de todos, el año que viene cuando haya elecciones, estará en manos del azar, estará en manos de algún oportunista. No va a estar consustanciado, no va a estar organizado por las masas peleando por sus derechos y sin eso el movimiento político tiene muchos límites. Habrá un proceso electoral, habrá elecciones, ganarán algunos, podrán ganar otros, pero el proceso político es previo al proceso electoral, y tenemos que ver cómo llegamos los trabajadores a ese momento.

-¿Cuáles son las fuerzas que imaginas dentro de ese movimiento popular que hay que reconstruir?

-Primero tenemos una batalla interna, al interior Frente de Izquierda, que integramos desde el Partido Obrero, no tenemos la misma opinión. Hay sectores, como el PTS lanzaron que en julio lanzaron candidaturas. Cuando hay un proceso de lucha y organización la izquierda debe ocuparse del desarrollo del movimiento popular para pelear contra la burocracia sindical, por los derechos de las reivindicaciones de los trabajadores y no en elegir candidatos. Eso está en el interés de la organización, no de los trabajadores y el proceso político está determinado por el estado de ánimo y la lucha de clases de las masas, no puede estar determinado solo por qué candidato es más lindo frente a las cámaras o cuál pega mejor en el ámbito publicitario, tiene que estar determinado por el desarrollo del movimiento popular.  Si el proceso político está determinado por las campañas publicitarias de los partidos estamos perdidos. Lógicamente, la burguesía tiene mucho más poder, tiene más acceso, tiene más dinero y, además, las masas están desarmadas si llegan a un proceso electoral atomizadas y aturdidas por la campaña electoral. Los partidos mayoritarios que son el Frente de Todos y Juntos por el Cambio de lo único que hablan es de la elección cuan hoy tenemos que discutir el salario y cómo impulsamos la lucha. Hemos propuesto desde el Frente de Izquierda, un congreso de la izquierda que discuta todo el escenario político, que discuta cómo coordinamos las luchas, cómo las impulsamos donde no las hay y a partir de eso después vemos quienes son los candidatos, no tenemos apuro. Los actores de ese proceso, no se limitan a la izquierda, hay que incluir a las masas que están golpeadas por la crisis. 

-Así como planteabas matices al interior del frente de Izquierda ¿no crees que los hay en todas las fuerzas políticas, sindicales y sociales? ¿Es lo mismo Cristina y Alberto o Moyano y Daer?

-No, claramente no es lo mismo, hay diferencias. Pero, uno tiene que ver si las diferencias son sustanciales o circunstanciales. En un momento, para hablar de la burocracia sindical, Moyano, parecía que iba a romper con la CGT, hasta, creo que se dijo en los medios “parece que Moyano rompe”; hoy lo tenemos diciendo que hay que defender el gobierno de Alberto, no rompió. ¿Se puede producir un proceso de diferenciación que lo aleje de una conducción de la CGT que es absolutamente burocrática? Puede ser, por ejemplo, Hugo, rompió en un momento y creó el MTA. Entonces, sí que hay diferencias, pero hoy están en el mismo campo. Algo parecido pasa con Cristina. Lo importante de Cristina no es si es lo mismo que Alberto, sino si Cristina sostiene el proceso político actual o se opone y rompe; no parece que fuera a romper, sostiene a Massa y él es el hombre de la embajada norteamericana, responde a los intereses del imperialismo yanqui. Entonces, es difícil decir que las diferencias son tales que importan por sobre la comprensión común o lo que ambos sostienen. Alberto Fernández, Cristina y Massa hoy sostienen una política de ajuste. Si hay una diferenciación tendrá que expresarse concretamente en la realidad, hoy no se expresa y hay un retroceso de las posiciones que tenía Cristina en relación al problema del Fondo, por ejemplo, eso la acerca más a Massa y a Fernández que a la izquierda histórica del Peronismo que se delimitó y, hasta abandonó la plaza cuando vio que Perón venía a establecer un compromiso con los militares para acabar con la insurrección que había partido en el Cordobazo y en el Rosariazo y cortarla de cuajo. Hoy el problema que tienen es el de la continuidad. La idea de la candidatura de Cristina, que sigue presente en las propias masas, plantea una continuidad de Alberto, de Cristina y de Massa.

-En ese contexto que planteas y teniendo en cuenta la polarización de los procesos electorales ¿Cómo, desde la izquierda, se puede construir una fuerza que sea realmente competitiva en ese terreno? 

-El proceso electoral es la conclusión, la continuidad, del proceso político general, no se puede escindir. En general, el proceso electoral está dominado por la burguesía y su control sobre él es determinante. El problema es el proceso previo, qué ocurre antes, en el proceso político de construcción. Hay que darles la confianza a los trabajadores de que una alternativa política no es solamente el proceso electoral de un domingo, sino que tiene que ver con la lucha y acumulación de fuerzas y la clave es la lucha de clases. La burguesía tiene sus formas, tiene sus métodos y polariza si puede. Por eso, los procesos electorales, si no tienen bases en el desarrollo de la lucha de clases, se caen. Todos los días previos en que la elección culmina o corona determinada expresión política son importantes. No es con combinaciones electorales o acuerdos por arriba, es un proceso político. Por supuesto que es mucho más fácil hacer combinaciones y acuerdos, por ahí te da el resultado que juntaste y salís primero, puede ser. Pero ese proceso no va a modificar la realidad económica, ni social, ni del régimen en el que vivimos y nosotros no vamos a militar tantos años para ser diputado, llegar al gobierno o para sacar más votos que nadie y que eso no te permita desarrollar lo que queremos que es un cambio en el régimen social.

-Están llevando a cabo un plan de lucha importante ¿Qué plantean y qué conquistas obtuvieron? 

-Venimos planteando la idea del trabajo como concepto general, la pelea por el trabajo genuino. Tenemos un debate con algunas organizaciones que plantean el problema de la economía popular, nosotros entendemos que es una concepción equivocada, la economía es una sola, la capitalista, y tiene reglas. O tenemos un trabajo en condiciones dignas que respete el salario y el convenio colectivo o nos inventamos una especie de trabajo en forma cooperativa o autogestiva que tiene la posibilidad de pelear en el mercado en igualdad de condiciones con los capitalistas. Para poner un ejemplo, tomemos la producción de ladrillos, tenemos que discutir cómo no ponernos a hacer el ladrillo con las manos, no podemos retroceder 50 años en lo que ha sido el desarrollo de la ciencia y la técnica aplicada a la producción que es nuestra, no es de los capitalistas. Nosotros tenemos que tener la máquina que hace 10 mil bloques por día. Los capitalistas se han apropiado de los derechos de propiedad de eso, pero la acumulación histórica del conocimiento no es de los capitalistas, es de la humanidad, entonces tenemos que ir a esa pelea. Nosotros vamos por el trabajo que, lógicamente es bajo la explotación capitalista hoy, pero es la forma de incluir a los compañeros en la idea de la organización para pelear por una salida, por su salario y por una perspectiva política, insertarlos en el “mercado laboral”. Cuando las organizaciones piqueteras presentamos listados para los que se llamaba “empalme” con Macri y ahora es “puente al trabajo”, los capitalistas no quieren tomar nunca un piquetero porque tienen miedo que le organice la fábrica, y tienen razón; si nos meten en las fábricas otra vez, las vamos a organizar.  En el medio, están las reivindicaciones intermedias, como sostener el comedor popular que también es un punto de organización y de concentración, es la forma de fortalecer la unidad de los trabajadores del barrio, es una expresión que tiene que ver con la asamblea de la fábrica, son los mismos intereses. El patrón, en este caso, puede ser el Estado o el conjunto de la clase capitalista que nos ha dejado sin laburo, pero está expresada ahí una unidad para enfrentar los problemas comunes con una política común. Hemos conquistado algunos programas sociales, aunque es una pelea mortal porque la burguesía ha decidido que los “planes” son el mal de la humanidad, hay una campaña de estigmatización pero no somos el problema, peleamos por el trabajo genuino y en el medio peleamos por los programas sociales y su universalización porque son una obligación del Estado. 

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Miguel

    21.01.2023 at 14:18

    Todo muy lindo, grandes expresiones, pero se nota mucho cuando organizan «los desfiles», antes con Carolina Stanley y ahora con Tolosa Paz. Arrancan allá en el fondo y se desconcentran en el Obelisco, nunca cruzan la Av. Santa Fe donde está el verdadero poder económico….

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América Latina

«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana

El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.

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Por Fernando Roperto

El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.

Una lectura que va a fondo

Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.

La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.

Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción

Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.

El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.

Arte y política en la Revolución Cubana

El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».

El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.

El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento

Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.

Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.

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