Trabajo
El mapa de la informalidad laboral en la Argentina va del 45% al 80% en algunas zonas
La informalidad laboral creció al 45% en todo el país desde el 41,4% de fines de 2023, pero en el norte escala por encima del 80% y en el conurbano bonaerense el 70% de los cuentapropistas trabaja sin registro. El fenómeno coincide con una contracción del empleo asalariado y una expansión del trabajo por cuenta propia, según un análisis de la Universidad Nacional de Rosario sobre datos del INDEC.
En la Ciudad de Formosa, casi nueve de cada diez trabajadores independientes operan sin registración ni aportes jubilatorios. La informalidad entre los cuentapropistas alcanza allí el 87,9%, una cifra que no es un accidente geográfico sino el resultado acumulado de décadas de desindustrialización, retiro estatal y precarización deliberada del mercado laboral. El norte argentino, con sus economías de subsistencia y sus estructuras productivas de baja complejidad, se convirtió en el espejo más cruel de un modelo que avanza sin contención.
El dato surge de un análisis elaborado por la Universidad Nacional de Rosario a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, correspondiente al segundo trimestre de 2026. El informe revela que la informalidad laboral promedio en la Argentina trepó al 45% del universo total de trabajadores, contra el 41,4% registrado a fines de 2023; un incremento sostenido que ocurre en paralelo a una transformación profunda en la composición del empleo.
Del salario al cuenta propia: la precarización silenciosa
Entre fines de 2023 y el segundo trimestre de 2026, la participación de los trabajadores asalariados en el total de ocupados retrocedió del 73,7% al 70,5%. En el mismo período, el cuentapropismo se expandió del 22,6% al 25,5%. La caída del empleo registrado no fue reemplazada por trabajo formal independiente, sino por una masa creciente de trabajadores sin cobertura, sin aportes y sin red de contención.
El 65,8% de los cuentapropistas urbanos opera en la informalidad. Entre los asalariados, la falta de aportes jubilatorios alcanza al 37,9%, cifra que expone un deterioro constante desde el 33,6% medido a fines de 2016. En una década, el empleo asalariado sin registro creció más de cuatro puntos porcentuales, marcando una tendencia que atravesó distintas gestiones y se agudizó bajo el esquema de ajuste y desregulación actual.
Los sectores más vulnerables: doméstico, construcción y gastronomía
La informalidad no golpea por igual a todas las actividades. El servicio doméstico encabeza la falta de registración con un 77,4%, seguido por la construcción (76,2%), la gastronomía y alojamiento (63,9%) y el comercio (54,7%). Se trata, precisamente, de los sectores donde se concentran las trabajadoras mujeres, los migrantes y los sectores con menor capacidad de organización sindical.
En el extremo opuesto, los servicios profesionales, científicos y técnicos exhiben una informalidad del 19,2%, mientras que en información y comunicación alcanza el 33,9%. La brecha entre sectores no hace más que confirmar una realidad estructural: la formalidad es, en buena medida, un privilegio de quienes acceden a empleos de mayor complejidad y productividad.
La geografía de la exclusión: norte rojo, sur relativamente mejor
Las tasas más altas de informalidad entre cuentapropistas se concentran en el norte y en Cuyo. Encabeza Formosa con el 87,9%, seguida por el Gran Tucumán y Tafí Viejo (87,6%), Santiago del Estero y La Banda (87,5%), Gran Resistencia (84%) y Gran San Juan (83%). En el Noroeste, la informalidad total oscila entre el 43,9% y el 56,2%; en el Noreste, entre el 51,9% y el 53,8%.
En el extremo opuesto, los niveles más bajos entre cuentapropistas se registran en la Ciudad de Buenos Aires (32,8%), Mar del Plata y Batán (42,7%), Bahía Blanca y Cerri (43%) y las ciudades fueguinas de Ushuaia y Río Grande (43,1%). Las localidades patagónicas muestran tasas de informalidad total de entre el 18% y el 33,5%, una diferencia abismal respecto al interior más empobrecido.
El análisis señala que estas disparidades no se reducen a la cantidad de cuentapropistas en cada zona, sino fundamentalmente a la estructura productiva, la productividad promedio y el tamaño de las empresas presentes en cada región. Donde predominan actividades de alta productividad y grandes compañías, como la industria hidrocarburífera en Neuquén (informalidad del 26,4%), la minería o la electrónica, el trabajo registrado predomina. Provincias como La Rioja y Catamarca, con empleo estatal que abarca más de un tercio de los ocupados, muestran informalidades del 43,9% y 45,1% respectivamente; el empleo público actúa como amortiguador, pero no resuelve el problema estructural.
El AMBA partido al medio
Dentro del Área Metropolitana de Buenos Aires, la asimetría también es elocuente. En la Ciudad de Buenos Aires la informalidad total es del 26% (25,6% entre asalariados y 32,8% en cuentapropistas). En el conurbano bonaerense, en cambio, trepa al 47,5% total, impulsada por un 70,2% de precariedad en el empleo independiente. El conurbano concentra millones de trabajadores que operan en la economía real sin ningún tipo de cobertura formal, financiando con su propia vulnerabilidad un modelo que les niega derechos.
Lo que tenés que saber:
- La informalidad laboral promedio en Argentina alcanzó el 45% en el segundo trimestre de 2026, contra el 41,4% de fines de 2023.
- El 65,8% de los cuentapropistas urbanos trabaja sin registro; Formosa lidera con el 87,9% de informalidad entre independientes.
- El empleo asalariado retrocedió del 73,7% al 70,5% del total de ocupados, mientras el cuentapropismo creció del 22,6% al 25,5%.
- El servicio doméstico (77,4%) y la construcción (76,2%) encabezan la falta de registración por sectores.
- En el conurbano bonaerense, el 70,2% de los trabajadores independientes opera en la informalidad, frente al 32,8% en la Ciudad de Buenos Aires.
Tecnología & Ciencia 📡
Argentina aprende con IA, pero el 59% tuvo problemas para aplicar lo aprendido
El 93% de los profesionales argentinos ya usa inteligencia artificial para aprender, lo que ubica al país en el primer puesto junto a Polonia entre nueve mercados. Sin embargo, solo el 33% recibe financiamiento de su empleador y la brecha entre aprender y aplicar es la más ancha del relevamiento, según el Informe del Progreso de Preply.
Argentina es el país con más profesionales que tropiezan al aplicar lo que aprenden (59%, frente al 49% global) y, a la vez, uno de los que declara mayor satisfacción con su propio progreso: 8,3 sobre 10. La contradicción atraviesa un estudio que muestra cuánto se usa la inteligencia artificial para formarse y cuán poco alcanza eso para transformar el conocimiento en habilidades concretas.
El dato surge del Informe del Progreso de Preply, la plataforma de clases particulares online, un relevamiento sobre más de 5.000 profesionales en actividad de nueve países que analizó cómo la tecnología cambia la experiencia de aprendizaje. Su principal conclusión es una desconexión entre la actividad de aprendizaje y la capacidad de aplicar esos conocimientos en situaciones reales.
Un récord de adopción que no garantiza progreso
El 93% de los profesionales argentinos encuestados ya utiliza herramientas de IA como parte de su aprendizaje: el 29% recurre a ellas semanalmente y el 22% de manera ocasional. Con esos niveles, Argentina comparte con Polonia el primer lugar en adopción de IA para aprender, mientras que Estados Unidos y Japón registran los niveles más bajos, con un 85%.
Las áreas donde los argentinos buscan desarrollar nuevas habilidades reflejan esa lógica: Data Science e IA (29%), idiomas extranjeros para el trabajo (24%), marketing y marketing digital (22%), finanzas y contabilidad (19%) y economía (15%). Las motivaciones están ligadas al empleo: el 36% aprende para mejorar su desempeño en su rol actual y el 33% para mantenerse competitivo en el mercado laboral. Otros objetivos incluyen acceder a posiciones de mayor jerarquía, iniciar un emprendimiento o desarrollar un proyecto paralelo.
A nivel global, el uso de IA para aprender también cambia según el escalafón: el 47% de los líderes senior la usa a diario, frente al 35% de los managers junior y middle managers y el 31% de los empleados sin roles de gestión. Los líderes senior, además, tienen casi el doble de probabilidades de querer que la IA conduzca su proceso de aprendizaje: 16%, contra entre 8% y 10% en los otros grupos.
La “brecha de progreso”: se estudia más, se aplica menos
La investigación bautizó esa tensión como “The Progress Gap” (la brecha de progreso): la distancia entre el avance que las personas sienten que logran mientras aprenden y la confianza que tienen para aplicar esas habilidades en la vida real. Contar con más recursos para aprender no significa necesariamente aprender mejor.
El fenómeno no es solo argentino. A nivel global, el 76% afirma dedicar hoy más tiempo a aprender que hace dos años, pero el 52% reconoce que ese mayor esfuerzo no siempre se traduce en mejores resultados. La Generación Z ilustra el problema: tiene un 92% de adopción de IA, pero el 71% siente que dedica mucho tiempo a aprender sin mejorar (contra el 56% de la Generación X) y el 57% tuvo dificultades para aplicar lo aprendido en la vida real (contra el 40% de la Generación X).
Pese a todo, el 75% de los profesionales encuestados afirma preferir una experiencia de aprendizaje que combine IA y experiencia humana para progresar a largo plazo.
Argentina se forma con IA, pero sus empresas son las que menos invierten en aprendizaje
Solo el 33% de los profesionales argentinos afirma que su aprendizaje es financiado total o parcialmente por su empleador, frente al 51% a nivel global. El 30% financia su formación por cuenta propia y el 36% recurre exclusivamente a recursos gratuitos. Argentina combina así una de las mayores adopciones de IA para aprender con el nivel más bajo de inversión empresarial en aprendizaje entre los mercados relevados.
La lectura que habilitan los números es que el esfuerzo de actualización recae en buena medida sobre el propio trabajador, que se capacita con herramientas gratuitas o con su bolsillo, mientras las empresas aportan menos que en el resto de los países analizados.
Capítulo especial: de la IA que responde a los agentes que ejecutan
La conversación sobre inteligencia artificial ya no se agota en chatbots para aprender o redactar. La llamada IA agéntica propone sistemas capaces de coordinar acciones, razonar sobre la información disponible y tomar decisiones dentro de reglas definidas, a diferencia de la automatización tradicional, que resuelve una tarea aislada como copiar datos entre sistemas o validar campos.
Fernanda Velázquez, socia líder de Operate de Deloitte Cono Sur, explicó la diferencia con el caso de la incorporación de personal. Un bot tradicional puede leer un contrato y extraer el nombre, la fecha de ingreso o el área de destino; un esquema con agentes puede registrar al nuevo empleado en recursos humanos, coordinar con tecnología la entrega de equipos y preparar la información para la liquidación de haberes. Para la ejecutiva, el salto consiste en dejar de automatizar tareas sueltas para rediseñar procesos completos.
El entusiasmo ya llegó al discurso comercial local. Gabriela Renaudo, CEO de Visa Argentina, sostuvo en julio que “la IA agéntica va a cambiar radicalmente cómo consumimos”.
Mucho pilotaje, pocos resultados
Los datos disponibles enfrían la promesa. El “Observatorio Agentic AI 2026” de NTT Data, elaborado a partir de entrevistas con 130 directivos de grandes compañías de España y América Latina (no es un recorte exclusivo de Argentina), reveló que el 59% de las organizaciones iberoamericanas opera con pilotos dispersos y sin conexión con los procesos centrales del negocio, y que solo el 3,8% logró un despliegue industrial. El 58% de las empresas considera que el impacto global de la IA agéntica en su organización es bajo, y apenas el 4% reporta un retorno financiero real.
- El 79% de los agentes desarrollados no está conectado al núcleo del negocio.
- Solo el 10% de las iniciativas cuenta con patrocinio directo de los CEO.
- El 40% de los directivos reconoce que no logra construir un caso económico sólido para justificar la implementación.
- El 66% de las empresas destina menos del 5% de su presupuesto de TI a IA agéntica.
El informe concluye que el problema no es tecnológico ni presupuestario, sino organizacional. Pablo Saez, Head de Data y Analytics de NTT Data para Iberoamérica, planteó que la IA agéntica necesita su propio presupuesto, un responsable definido dentro de la compañía y un lugar en la mesa del CEO.
En la misma línea, un informe de Harvard Business Review Analytic Services, impulsado por Deloitte, advierte que hasta el 40% de los proyectos de IA agéntica podría cancelarse antes de 2027, por la distancia entre la ambición de las empresas y su preparación real para cambiar procesos, datos, sistemas y formas de gestión. Velázquez alertó que las compañías que solo buscan reducir costos tratan esta tecnología como una tercerización tradicional, sin resolver la “deuda” de procesos, datos, sistemas heredados y resistencia cultural, y que sin gobernanza sólida la ventaja competitiva es efímera.
El cruce de ambos estudios deja una tensión que el discurso de la innovación suele esquivar: los trabajadores argentinos adoptan la IA a un ritmo récord y financian en buena medida su propia capacitación, mientras que en las empresas de la región los proyectos de agentes y automatizaciones avanzan con baja conexión al negocio, escaso patrocinio ejecutivo y retornos que todavía no aparecen. En los resultados conocidos de los estudios sobre IA agéntica no figura una medición del efecto de estas automatizaciones sobre el empleo ni sobre las condiciones de trabajo, un debate que sigue abierto.
Lo que tenés que saber:
- El 93% de los profesionales argentinos usa IA para aprender, igual que Polonia y por encima del 85% de Estados Unidos y Japón (Informe del Progreso de Preply, más de 5.000 profesionales de nueve países).
- El 59% tuvo dificultades para aplicar una habilidad aprendida en la vida real, frente al 49% global, el porcentaje más alto del relevamiento.
- Solo el 33% tiene su formación financiada total o parcialmente por el empleador, contra el 51% global.
- El 58% de las empresas iberoamericanas relevadas por NTT Data considera bajo el impacto de la IA agéntica y solo el 4% reporta retorno financiero real.
- Hasta el 40% de los proyectos de IA agéntica podría cancelarse antes de 2027, según un informe de Harvard Business Review Analytic Services impulsado por Deloitte.
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