Elecciones
Bullrich negocia su precio: paz con Milei, guerra con Karina por las listas
La senadora se reunió en Olivos con el presidente y acordaron bajar la tensión pública, pero el conflicto real se traslada al armado electoral: Bullrich quiere espacios en las boletas que Karina Milei pretende controlar sin concesiones. En el fondo, la exministra juega su propia continuidad política.
En el universo libertario, la tregua dura lo que tarda en enfriarse el café. Patricia Bullrich y Javier Milei se sentaron más de dos horas en la Quinta de Olivos este viernes y acordaron bajar los decibeles de su disputa pública, pero la negociación real ya se corrió a un terreno mucho más áspero: el armado de las listas para 2025, donde la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, están en curso de colisión.
Fue el primer encuentro en semanas entre la senadora y el presidente después de que Bullrich suspendiera los desayunos dominicales que solía compartir con el mandatario. Según reconstruyeron fuentes al tanto de la conversación consultadas por este medio, la exministra de Seguridad no fue a Olivos a hacer las paces sino a hacer valer su posición: le señaló al presidente los errores de conducción política de la gestión, cuestionó la estrategia parlamentaria del oficialismo y puso en el centro de la escena el traspié de la Ley de Tierras, que habilitaba la compra indiscriminada de suelo a extranjeros y fue una derrota política evitable.
El reclamo sobre Sturzenegger y la economía
El cuestionamiento de Bullrich al episodio de la Ley de Tierras fue, al mismo tiempo, un tiro por elevación directo contra Federico Sturzenegger, el ministro de Desregulación que impulsó la iniciativa. La senadora le hizo saber al presidente que avanzar con esa reglamentación mientras el DNU 70/2023 todavía tramitaba en instancias judiciales fue un error político de manual. Milei, según indicaron las mismas fuentes, escuchó, reconoció parte de los planteos y también cuestionó otros. El presidente le pidió que los conflictos se resuelvan puertas adentro.
Bullrich también volcó su descontento sobre el rumbo económico y la escasa actividad que percibe en la microeconomía. El encuentro se produjo en una semana en la que el propio gabinete mostró sus fisuras: Luis Caputo no participó de la reunión de Gabinete del lunes por razones de salud, lo que reavivó versiones sobre su posible salida del Ministerio de Economía. Desde el entorno del funcionario negaron cualquier crisis, pero los trascendidos no ceden.
La guerra que no se apaga: Bullrich vs. Karina
El verdadero fondo del conflicto no está en la relación entre Bullrich y el presidente, sino en la disputa que la senadora mantiene con Karina Milei, la figura que desde hace más de dos años define a gusto el mapa de candidaturas territoriales de La Libertad Avanza. La secretaria general pretende que para las elecciones del próximo año cada boleta que lleve el sello del partido tenga, como condición innegociable, candidatos que respondan sin fisuras a su conducción. Bullrich, en cambio, busca posicionar nombres propios en las cabezas de lista nacionales.
En el entorno de la senadora interpretan sus últimas declaraciones públicas como una forma de subirse el precio de cara a esa negociación: mostrarse con fuerza propia es la manera de sentarse en mejores condiciones ante Karina. Quienes participan del bloque libertario en el Senado confirman que el objetivo de la dirigente es condicionar a la secretaria general en la designación de los candidatos. Un juego de poder que se libra con la reelección de Milei como telón de fondo.
Un mileísmo sin Milei como horizonte
Aunque desde el círculo de Bullrich descartan públicamente cualquier ruptura con el oficialismo, en privado trabajan sobre un escenario que contemplan como posible: que la figura del presidente se desgaste mientras el modelo económico libretario mantenga adhesión. En ese caso, la senadora aspira a convertirse en el reemplazo natural de Milei al frente del espacio. Un mileísmo sin Milei, en el que ella sería la continuidad y no la ruptura.
Esa construcción explica también por qué Bullrich no rompe pero tampoco se somete. Necesita de Milei para no quedar aislada, pero también necesita diferenciarse lo suficiente para aparecer como una alternativa creíble si el presidente no puede o no quiere ir por la reelección. El equilibrio es frágil y, como quedó demostrado esta semana, está sometido a una presión creciente.
Lo que tenés que saber:
- Bullrich y Milei se reunieron más de dos horas en Olivos y acordaron moderar la tensión pública, pero el conflicto de fondo continúa.
- La senadora cuestionó al presidente la estrategia parlamentaria y el manejo del episodio de la Ley de Tierras, apuntando implícitamente a Sturzenegger.
- El conflicto real se traslada al armado de listas: Bullrich quiere espacios propios en las boletas nacionales que Karina Milei pretende controlar.
- En el entorno de la senadora trabajan sobre un escenario de «mileísmo sin Milei» en el que ella sería la continuidad del modelo si el presidente se desgasta.
- Versiones sobre una posible salida de Caputo del Ministerio de Economía se reavivaron tras su ausencia en la reunión de Gabinete del lunes.
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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