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Privatización de AySA: el Gobierno oficializó la venta del 90% de las acciones estatales
La operación se realizará en dos etapas: primero, una licitación nacional e internacional para adjudicar el paquete mayoritario a un operador privado; luego, el remanente irá a la Bolsa.
El Gobierno nacional avanzó formalmente con la privatización total de Agua y Saneamientos Argentinos S.A. (AySA) mediante la venta del 90% de las acciones que posee el Estado. La decisión quedó plasmada en el Decreto 494/2025, publicado este miércoles en el Boletín Oficial, y marca un giro estructural en la prestación del servicio público de agua potable y cloacas en el Área Metropolitana de Buenos Aires.
Según la normativa, la privatización se implementará en dos etapas: la primera, a través de una licitación pública nacional e internacional para adjudicar al menos el 51% del paquete accionario a un operador estratégico del sector privado. La segunda contempla la colocación del remanente de acciones en los mercados bursátiles del país. No se prevé, en esta instancia, la implementación de un Programa de Propiedad Participada para trabajadores.
Cambio regulatorio y nuevos márgenes para el sector privado
El decreto fue dictado en el marco de la modificación del régimen jurídico que regía los servicios de agua y saneamiento, impulsada por el oficialismo en el Congreso junto con la Ley Bases. Entre otros cambios, se habilitó legalmente la entrada de capitales privados en AySA, así como la posibilidad de cortes de servicio por falta de pago, lo que modifica derechos adquiridos por usuarios y usuarias desde la reestatización de la empresa en 2006.
El texto oficial sostiene que “el Ministerio de Economía, en su carácter de autoridad de aplicación, adoptará las medidas necesarias para garantizar que la privatización no afecte la continuidad de la prestación del servicio público de provisión de agua potable y colección de desagües cloacales”.
Argumentos económicos y crítica a la gestión estatal
Entre los fundamentos expuestos, el Ejecutivo calificó a AySA como una empresa “deficitaria” y argumentó que su funcionamiento dependió de una “constante y relevante asistencia del Tesoro Nacional”. Citando estados contables oficiales, señaló que entre 2006 y 2023 el Estado transfirió más de 13.400 millones de dólares para sostener su operación.
El decreto también apunta al “deterioro en la eficiencia y productividad” de la compañía, lo que se vería reflejado en la “disminución de la productividad laboral y el aumento de los costos operativos”.
“La intervención estatal, a través del desarrollo de actividades que pueden ser efectuadas por el sector privado, no dio los resultados esperados”, sostiene el Gobierno, y remarca que la prestación actual “implica importantes erogaciones para el Estado Nacional”.
Objetivos de la privatización y nuevo modelo de gestión
En la letra del decreto, el Gobierno expresa que la transferencia mayoritaria de acciones al capital privado apunta a facilitar inversiones en infraestructura que la empresa, en su estado actual, no estaría en condiciones de financiar.
La operación busca “contribuir directamente a la mejora en la prestación del servicio público”, según la redacción oficial, y plantea que ello se logrará mediante “técnicas regulatorias adecuadas” que permitan “satisfacer las necesidades de los usuarios”.
La medida implica un cambio sustancial en la naturaleza jurídica y operativa de AySA, que desde su reestatización —durante el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner— funcionaba como sociedad anónima con control estatal mayoritario y cobertura en Ciudad de Buenos Aires y 26 partidos del conurbano bonaerense.
Sin participación accionaria para trabajadores
A diferencia de otras privatizaciones históricas en el país, el proceso no contempla —al menos en esta etapa— un Programa de Propiedad Participada (PPP) para que trabajadoras y trabajadores de AySA accedan a acciones de la empresa. La ausencia del PPP fue señalada por referentes sindicales como un retroceso en los derechos laborales, aunque desde el Ejecutivo no se emitieron declaraciones al respecto.
Puntos clave:
- El Gobierno oficializó la venta del 90% de las acciones estatales de AySA mediante el Decreto 494/2025.
- La operación se realizará en dos etapas: licitación a operadores privados y colocación en bolsa.
- El texto argumenta que la empresa fue deficitaria y dependió de US$13.400 millones del Tesoro entre 2006 y 2023.
- Se modificó el marco regulatorio: se habilitan cortes por falta de pago y entrada de capital privado.
- No se implementará un Programa de Propiedad Participada para los trabajadores de la empresa.
Inflación
El FMI avala el tarifazo: subsidiar servicios cuesta hasta 22 veces más que ayudar a los pobres
Un informe del organismo multilateral analiza 76 países en tres décadas y concluye que los subsidios a las tarifas de servicios públicos son la forma más costosa e ineficiente de proteger a la población vulnerable frente a la inflación. El documento llega en plena discusión argentina sobre el impacto del tarifazo libertario.
Por cada peso gastado en reprimir las tarifas de energía, menos de 20 centavos llegan al quinto más pobre de los hogares. Ese es el dato de fondo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de poner en blanco y negro en un informe de alcance global, y que en el contexto argentino suena a aval técnico del brutal ajuste tarifario que el gobierno de Javier Milei aplicó desde diciembre de 2023.
El documento del organismo multilateral, basado en el análisis de intervenciones estatales en 76 países a lo largo de las últimas tres décadas, concluye que subsidiar las tarifas de los servicios públicos es la estrategia más costosa e ineficiente para proteger a la población de bajos ingresos frente a la suba de precios. La advertencia del FMI no es nueva en el debate económico, pero su publicación ahora, en plena tormenta tarifaria argentina, le da al gobierno de Milei una cobertura ideológica que el oficialismo no tardará en aprovechar.
El argumento técnico: costoso e inequitativo por diseño
El informe del FMI pone el foco en una paradoja que los economistas heterodoxos argentinos conocen bien pero desde el otro ángulo: los subsidios generalizados a las tarifas terminan beneficiando, en términos absolutos, más a los sectores de mayores ingresos que a los pobres. La lógica es simple: quien más consume energía o transporte, más se beneficia de la tarifa subsidiada; y quien más consume, en general, es quien más tiene.
El organismo cuantificó esa ineficiencia con una comparación que resulta difícil de ignorar: «brindar la misma protección a las familias de menores ingresos a través de subsidios al consumidor puede requerir entre tres y seis veces más recursos fiscales que las transferencias focalizadas». Y si el subsidio apunta a la producción energética para mantener las tarifas artificialmente bajas, el derroche es aún mayor: resulta «entre 14 y 22 veces más» costoso que transferir recursos directamente a los sectores vulnerables.
El ejemplo europeo que cita el informe es elocuente: durante la crisis energética de 2022 y 2023, por cada euro gastado en reprimir los precios de la electricidad, el gas natural y los combustibles, menos de 20 céntimos llegaron al quinto más pobre de los hogares. El resto se distribuyó en beneficios que aprovecharon principalmente las clases medias y altas.
Las tarifas en Argentina: el tarifazo y su otro lado
El argumento del FMI no puede leerse en el vacío. En la Argentina de 2026, los servicios públicos acumulan aumentos que van del 339% en electricidad al 912% en transporte desde el inicio de la gestión libertaria, según datos del IIEP (UBA-CONICET). El propio Milei justificó esos aumentos con exactamente el mismo marco conceptual que el organismo valida hoy: la corrección de tarifas distorsionadas como condición de eficiencia y orden fiscal.
Lo que el FMI no problematiza en su informe, y que el debate argentino exige poner sobre la mesa, es la pregunta de qué pasa cuando la transferencia directa a los sectores vulnerables no llega, llega mal o llega tarde. El ajuste tarifario sin una red de contención efectiva no es una solución; es simplemente el mismo problema con otro nombre. El documento omite evaluar si los gobiernos que desmantelan los subsidios efectivamente redirigen esos recursos hacia quienes los necesitan, o si simplemente reducen el gasto y cierran la brecha fiscal a costa de los más pobres.
Inflación diferencial: los pobres siempre pagan más
Uno de los señalamientos más precisos del informe apunta a la inflación que sufren diferencialmente los hogares de menores ingresos. El FMI reconoce que «los alimentos y la energía representan una porción mayor del gasto de las familias de menores ingresos», por lo que estas soportan una inflación real significativamente más alta que los hogares más prósperos durante las crisis del costo de vida. Es, en esencia, el mismo diagnóstico que organizaciones sindicales y centros de estudios económicos heterodoxos realizan sobre la Argentina desde 2023.
Ese reconocimiento choca, sin embargo, con la lógica del ajuste que el propio organismo impulsa a través de sus programas de asistencia. En el caso argentino, el acuerdo de Facilidades Extendidas firmado en abril de 2025 por USD 20.000 millones exigió al gobierno de Milei sostener el superávit fiscal y acumular reservas, metas que se financian, en buena medida, con la reducción de subsidios a la energía y el transporte.
La receta del FMI: focalización con fecha de vencimiento
El informe propone una hoja de ruta alternativa a los subsidios masivos. Según el documento, «las transferencias focalizadas y temporales son la forma más eficaz y económica de proteger a los hogares más pobres cuando los precios básicos se disparan». La propuesta contempla asistencias estrictamente dirigidas a familias de menores ingresos y, en casos excepcionales donde existan riesgos de tensión social, la cobertura puede extenderse transitoriamente a sectores medios, pero siempre mediante mecanismos de caducidad explícitos atados al impacto real del shock tarifario.
Mantener las tarifas congeladas o retrasadas, advierte el organismo, distorsiona los incentivos de consumo, desestimula el ahorro energético e incrementa el endeudamiento público. El razonamiento es técnicamente sólido en su propio marco, pero ignora un dato político que en Argentina tiene peso histórico: la capacidad real del Estado para implementar transferencias focalizadas masivas, eficientes y oportunas cuando se desmonta simultáneamente la estructura de subsidios que funcionaba como red de contención.
Un aval que no resuelve la pregunta central
El gobierno de Milei encontrará en este documento una confirmación de su diagnóstico sobre los subsidios. Pero el informe del FMI responde a la pregunta equivocada: no dice si el ajuste tarifario argentino fue necesario, sino que establece que, dado que los subsidios son ineficientes, las transferencias focalizadas son preferibles. Lo que no analiza es si esas transferencias llegaron, a quién, cuánto y con qué consecuencias sobre los indicadores de pobreza e indigencia que en Argentina se mantienen en niveles críticos bien entrado 2026.
El debate sobre los subsidios en Argentina no es solo técnico: es político, distributivo e histórico. Y en ese debate, la eficiencia fiscal que el FMI promueve no puede separarse de la pregunta sobre quién decide cómo se redistribuyen los recursos cuando el Estado deja de sostener las tarifas.
Lo que tenés que saber:
- El FMI publicó un informe basado en 76 países que concluye que los subsidios a las tarifas de servicios son la forma más costosa de proteger a los sectores vulnerables frente a la inflación.
- Según el documento, subsidiar la producción energética para mantener tarifas bajas resulta entre 14 y 22 veces más costoso que transferir recursos directamente a los hogares pobres.
- El informe cita la crisis energética europea de 2022-2023: por cada euro gastado en reprimir precios, menos de 20 céntimos llegaron al quinto más pobre de los hogares.
- El organismo propone transferencias focalizadas y temporales como alternativa, con mecanismos de caducidad explícitos y extensión transitoria a sectores medios solo en casos de riesgo de tensión social.
- En Argentina, los servicios públicos acumulan aumentos de entre 339% y 912% desde diciembre de 2023, en el marco del ajuste exigido por el acuerdo con el FMI de USD 20.000 millones firmado en abril de 2025.
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