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Deuda externa

El FMI exige blindar el tarifazo mientras admite que la economía no arranca

En su Asamblea Anual en Bangkok, el Fondo pidió a Argentina, Bolivia y Ecuador «preservar» la eliminación de subsidios a la energía. En el mismo informe recortó al 2,1% el crecimiento argentino para 2026 por la caída de la demanda interna.

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El-Argentino-Fondo Monetario Deuda Externa.
Tarifas un 525% más caras y el FMI pide sostener la quita de subsidios.

Mientras las boletas de gas, luz y transporte siguen devorando los ingresos de los hogares, el Fondo Monetario Internacional pidió que nadie dé un paso atrás. «Debe preservarse el difícilmente logrado avance alcanzado en varios países, incluidos Argentina, Bolivia y Ecuador, en cuanto a la reducción o eliminación de los subsidios a la energía», sostuvo el organismo. Lo que en Washington se celebra como un logro, en la Argentina se vive como un tarifazo que no termina.

La definición figura en el informe Perspectivas Económicas para el Hemisferio Occidental, presentado por Nigel Chalk, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, en el marco de la Asamblea Anual que el organismo realiza en Bangkok, Tailandia. Del encuentro participó también el ministro de Economía, Luis Caputo, junto a la directora gerente del Fondo, Kristalina Georgieva.

La receta: menos ayuda y más «señales de precios»

El documento reconoce que durante 2026 muchos gobiernos de la región aplicaron subsidios a los combustibles, reducciones de impuestos, garantías crediticias y otras intervenciones para amortiguar el encarecimiento de la energía. Pero las cuestiona: «Si bien estas medidas brindaron un alivio inmediato, las intervenciones no focalizadas generaron distorsiones y anularon señales de precios que, de otro modo, habrían reducido la demanda de energía».

Traducida a la vida cotidiana, la fórmula supone que los hogares consuman menos energía porque no pueden pagarla. El organismo planteó que «es necesario replantear estas intervenciones para mejorar su eficacia» y recomendó reemplazar las ayudas generalizadas por transferencias directas a los sectores de menores ingresos. A comienzos de octubre, el Fondo ya había difundido otro informe en el que afirmó que subsidiar la producción para sostener tarifas bajas resulta entre 14 y 22 veces más costoso que transferir recursos directamente a los sectores vulnerables.

El dato más llamativo es el contexto. El propio informe admite que «el alza en los precios internacionales de la energía y los alimentos ha interrumpido la desinflación que se observaba en gran parte del hemisferio en 2025 y parte de 2026». El FMI pide sostener la quita de subsidios justo cuando el petróleo vuelve a presionar sobre los precios. Aun así, elogió las «medidas audaces» de Argentina, Bolivia y Ecuador para que los valores internacionales se trasladen a los precios internos.

El «avance» que pagaron los hogares

Ese avance tiene un costo concreto. Desde diciembre de 2023, la canasta de servicios públicos y transporte acumuló una suba superior al 525%, según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el CONICET. En el desglose, el transporte trepó un 912%, el gas un 748%, el agua un 365% y la electricidad un 339%.

Desde comienzos de 2026 rige el régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF), creado por el Decreto 943/2025, que reemplazó la segmentación anterior y restringió la asistencia a hogares con ingresos inferiores a tres Canastas Básicas Totales. A eso se sumó en mayo la reforma del régimen de Zona Fría, con la que, según precisó la Secretaría de Energía, 1.600.000 usuarios perdieron el beneficio.

El Foro Economía y Trabajo, espacio de economistas vinculados al movimiento sindical, registró una caída real del 58% en los subsidios a la energía desde 2023, en el marco del cumplimiento de las metas pactadas con el FMI. Lo que el Fondo llama distorsión es, para millones de familias, la diferencia entre pagar la boleta o resignar otros consumos básicos.

El ajuste no trajo el crecimiento prometido

El mismo informe expuso la contracara del modelo. El FMI recortó su proyección de crecimiento para la Argentina al 2,1% en 2026, frente al 3,5% que estimaba en abril, y ubicó la previsión para 2027 en 3,5%. «En Argentina los datos registrados en lo que va del año han sido más débiles de lo que esperábamos al momento de publicar nuestro informe en abril», reconoció Chalk.

El funcionario explicó la corrección: «Había algunos factores idiosincráticos, como la menor demanda interna y condiciones de financiamiento más estrictas, que hicieron que cambiara nuestra perspectiva». Y agregó: «Ese proceso de ajuste nunca es fácil». La menor demanda interna que el Fondo menciona al pasar tiene nombre y apellido: salarios que pierden la carrera contra las tarifas.

Luis Cubeddu, responsable de la División de Supervisión Multilateral del organismo, pidió que la recuperación se traduzca en empleo y respaldó los cambios laborales impulsados por el Gobierno: «Es importante también mejorar la flexibilidad de los mercados laborales. Hubo una reforma importante del sector laboral este año y creo que eso va a facilitar la creación de empleo». El Fondo vuelve a presentar la flexibilización laboral como llave del empleo, mientras sus propias proyecciones de actividad van a la baja.

Risas en Bangkok y una revisión pendiente

En el panel compartido con Georgieva y el ministro de Finanzas de Grecia, Kyriakos Pierrakakis, Caputo admitió que los shocks externos como la suba del petróleo «fueron más largos de lo que anticipamos». La titular del Fondo recordó que Grecia canceló su programa antes de tiempo y, mirando al ministro argentino, anticipó que la Argentina seguiría ese camino. «Te vas a sorprender, ya está sucediendo», respondió Caputo entre risas. Georgieva insistió en que el orden fiscal «es la condición necesaria para lograr crecimiento».

Detrás del clima distendido, los equipos técnicos trabajan para cerrar la tercera revisión del programa de Servicio Ampliado por USD 20.000 millones firmado en abril de 2025, cuya aprobación habilitaría un desembolso de aproximadamente USD 869 millones. Al cierre de 2025, la deuda argentina con el FMI sumaba USD 57.100 millones. El respaldo del Fondo a la quita de subsidios no es un consejo técnico neutral: forma parte de las condiciones de un acuerdo que pagan los usuarios en cada factura.

Lo que tenés que saber:

  • En su Asamblea Anual en Bangkok, el FMI pidió preservar la reducción o eliminación de los subsidios a la energía en Argentina, Bolivia y Ecuador.
  • El organismo sostuvo que las ayudas no focalizadas «generaron distorsiones» y recomendó reemplazarlas por transferencias directas a los sectores de menores ingresos.
  • El mismo informe admite que la suba de la energía y los alimentos interrumpió la desinflación en la región.
  • El FMI recortó el crecimiento argentino para 2026 al 2,1%, frente al 3,5% proyectado en abril, por menor demanda interna y financiamiento más restrictivo.
  • Desde diciembre de 2023, los servicios públicos y el transporte acumulan una suba superior al 525%, según el IIEP de la UBA y el CONICET.

Deuda externa

Deuda pública: subió a US$486.628 millones en septiembre y ya creció US$61.000 millones con Milei

El stock bruto de la Administración Central aumentó 0,35% en el mes por los ajustes de valuación de la deuda en pesos, según la Secretaría de Finanzas. El 49% ya es pagadero en moneda local. El Gobierno prefiere mirar la deuda neta.

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Gráfico de barras del stock de deuda bruta de la Administración Central entre noviembre de 2023 y septiembre de 2026

La deuda que el Gobierno promete achicar volvió a crecer. La deuda bruta de la Administración Central subió 0,35% en septiembre y llegó a US$486.628 millones, según el último informe de la Secretaría de Finanzas de la Nación. Respecto de noviembre de 2023, el último cierre antes de que asumiera Javier Milei, el stock acumula un aumento equivalente a US$61.072 millones.

Del total, US$484.124 millones están en situación de pago normal. Según el boletín oficial, en septiembre las amortizaciones, canjes y cancelaciones (US$17.755 millones) superaron al nuevo financiamiento (US$15.721 millones), lo que redujo la deuda en US$2.034 millones. Pero los ajustes de valuación sumaron US$3.852 millones y más que compensaron esa baja. Esos ajustes reflejan, sobre todo, los títulos en pesos que capitalizan intereses o ajustan por inflación: convertidos a dólares, crecen cuando suben más que el tipo de cambio. En lo que va de 2026, el stock bruto acumula una suba de US$31.551 millones, un 6,9%.

Menos dólares, muchos más pesos

En septiembre la deuda en situación de pago normal, que creció US$1.732 millones (0,36%), se movió en dos direcciones. Las obligaciones en moneda extranjera bajaron US$1.841 millones, sobre todo por los pagos netos a organismos multilaterales y bilaterales de crédito. Las deudas en moneda local, en cambio, treparon el equivalente a US$3.573 millones, por la indexación de los bonos que ajustan por inflación o por tipo de cambio. En doce meses, la deuda en pesos subió el equivalente a US$38.455 millones y la de moneda extranjera bajó US$5.842 millones.

El resultado es una deuda cada vez más en pesos: el 49% de la deuda en situación de pago normal ya es pagadero en moneda local y el 51%, en moneda extranjera. Esa composición reduce la exposición a los saltos del dólar, pero eleva la carga de indexación cada vez que avanzan los precios. Con una inflación que en septiembre se aceleró al 1,9%, cada punto de suba engorda los bonos atados al índice.

La cuenta que prefiere el Gobierno

En el equipo económico suelen relativizar el dato bruto y poner el foco en la deuda neta consolidada, una métrica que descuenta los depósitos del sector público en el sistema financiero e incorpora los pasivos remunerados que antes estaban en el balance del Banco Central y ahora forman parte de las letras del Tesoro. Ese indicador no forma parte del boletín mensual de la Secretaría de Finanzas, que mide la deuda bruta del Tesoro sin descontar sus activos ni incluir los pasivos propios del Banco Central.

Con ese argumento, el Palacio de Hacienda defiende el superávit fiscal primario como la herramienta central para reducir las necesidades de financiamiento. Pero la cifra que hay que pagar es la bruta, y esa cifra no para de subir: más de 61.000 millones de dólares en menos de tres años de una gestión que llegó prometiendo terminar con el endeudamiento.

Lo que tenés que saber:

  • La deuda bruta de la Administración Central subió 0,35% en septiembre y llegó a US$486.628 millones.
  • La deuda en moneda extranjera bajó US$1.841 millones y la deuda en pesos subió el equivalente a US$3.573 millones.
  • El 49% de la deuda en situación de pago normal ya es pagadero en pesos, buena parte atado a la inflación.
  • Desde noviembre de 2023 el stock bruto creció US$61.072 millones; en 2026 suma US$31.551 millones (6,9%).
  • El Gobierno prefiere mirar la deuda neta consolidada, que no figura en el boletín oficial.
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