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Producción

La industria argentina retrocedió a niveles de 2007 tras cuatro meses de caída consecutiva

El sector manufacturero acumula una merma del 2,1% entre marzo y junio, cortando la recuperación que había iniciado en abril del año pasado. El nuevo régimen cambiario impacta directamente en los costos de insumos.

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La actividad industrial argentina atraviesa su peor momento en casi 18 años, con un nivel productivo comparable al registrado en septiembre de 2007, según reveló un informe del Centro de Investigación del Ciclo Económico (CICEc) de las Bolsas de Comercio de Rosario y Santa Fe. El sector acumula cuatro meses consecutivos de caída, con una merma del 2,1% entre marzo y junio de este año.

El estudio, basado en datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), pone en evidencia el brutal freno a la recuperación que había comenzado en abril de 2024. Entre ese mes y febrero de 2025, la industria había logrado acumular un crecimiento del 9%, tendencia que se quebró abruptamente en marzo.

El impacto del cambio de régimen cambiario

El CICEc identificó una correlación directa entre el deterioro industrial y las modificaciones en la política cambiaria implementadas por el gobierno libertario. «El cambio en la tendencia de la evolución del sector industrial ocurrió de la mano del anuncio del nuevo régimen cambiario implementado a partir de abril», señala el informe.

Según el análisis, «el esquema anunciado de flotación entre bandas supuso un aumento en el tipo de cambio que encareció el costo de los insumos, lo cual se tradujo en un freno en los niveles de actividad industrial». Este encarecimiento golpeó especialmente a un sector que depende fuertemente de insumos importados para su producción.

Sectores más golpeados por la crisis

La debacle industrial no fue pareja: 12 de los 16 sectores que conforman el Índice de Producción Industrial Manufacturera (IPIM) registraron deterioro en el período analizado. Los más castigados fueron:

  • Prendas de vestir, cuero y calzado: -8,4%
  • Productos textiles: -7,4%
  • Maquinaria y equipo: -6,9%

En contrapartida, solo tres sectores lograron mantenerse en terreno positivo: producción de minerales no metálicos (+6,6%), refinación de petróleo (+1,6%) y productos de caucho y plástico (+0,6%).

Alimentos y bebidas: el sector que más pesa en la caída

Pese a tener una merma relativamente menor (-0,7%), el sector de alimentos y bebidas fue el que más contribuyó al retroceso general debido a su peso específico del 25% en el índice. El informe detalló que «esta caída se atribuye principalmente a la menor producción del segmento gaseosas, aguas, sodas, cervezas, jugos para diluir, sidras y bebidas espirituosas».

También cayó la producción de «otros productos alimenticios», merma que no pudo ser compensada por el incremento en actividades como la molienda de oleaginosas y la producción de azúcar, productos de confitería y chocolate.

Una industria que no se recupera desde 2011

Los datos revelan la dimensión histórica de la crisis industrial argentina. Según el CICEc, «el máximo desempeño productivo del sector se alcanzó en noviembre de 2011», y desde entonces la producción manufacturera no logró volver a esos niveles. «Los valores más recientes se ubican 13% por debajo de aquel pico de producción», precisa el estudio.

Esta situación refleja más de una década de deterioro estructural del aparato productivo nacional, agravado ahora por las políticas económicas del gobierno libertario que profundizaron la dependencia del tipo de cambio y encarecieron los costos de producción.

El contexto macroeconómico que afecta la industria

El informe reconoce que el actual marco macroeconómico presenta «un acomodamiento de las cuentas públicas y un progresivo proceso desinflacionario», pero advierte sobre «diversos desafíos» que persisten. Entre ellos, destaca «la reciente volatilidad observada en las tasas de interés y el tipo de cambio, que tienen un impacto directo en la economía real».

Esta volatilidad, característica de las políticas neoliberales que privilegian la especulación financiera por sobre la producción, golpea directamente al sector manufacturero, que requiere estabilidad y previsibilidad para planificar inversiones y sostener el empleo.

Puntos clave:

  • La industria argentina registra cuatro meses consecutivos de caída, retrocediendo a niveles de 2007
  • El nuevo régimen cambiario implementado en abril encareció los insumos y frenó la producción
  • 12 de 16 sectores industriales mostraron deterioro entre marzo y junio
  • La producción actual está 13% por debajo del pico alcanzado en noviembre de 2011
  • El sector de alimentos y bebidas, pese a una caída menor, fue el que más impactó por su peso específico

Desregulación

La industria textil argentina al límite: el 70% del mercado ya es importado

Con seis de cada diez máquinas paradas y una caída de la producción del 34% respecto a 2023, la industria textil argentina enfrenta su peor momento ante una apertura comercial que duplicó el ingreso de indumentaria importada. La Fundación Pro Tejer y la FITA denuncian competencia fraudulenta por subfacturación y reclaman al gobierno de Milei condiciones mínimas para sobrevivir.

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Milei abrió las puertas y el textil se hundió: 70% del mercado es importado y la subfacturación hace el resto.

Las importaciones ya explican el 70% del mercado textil argentino. Lo que históricamente era una disputa pareja entre producción local y productos del exterior se convirtió, bajo la gestión libertaria, en una derrota estructural para la industria nacional: en el primer semestre de 2026, la indumentaria importada creció un 62% en toneladas y un 36% en dólares, mientras las fábricas textiles del país operaban apenas al 39% de su capacidad instalada.

Esos datos fueron aportados por la Fundación Pro Tejer y la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), los dos organismos que nuclean al sector y que coinciden en un diagnóstico que el gobierno de Javier Milei prefiere ignorar: la política de apertura comercial irrestricta, combinada con la apreciación del tipo de cambio real y la demora en medidas de competitividad, está destruyendo una cadena productiva que empleó durante décadas a cientos de miles de trabajadores formales.

Apertura sin red: la caída en los eslabones primarios

En el primer semestre del año, las importaciones de productos textiles e indumentaria totalizaron 177.356 toneladas y 911 millones de dólares. La baja del 20% interanual en cantidades y del 5% en valores no es, como podría interpretarse, una señal de mejora: esa contracción se concentra en los insumos, no en los productos finales.

Según el informe de Pro Tejer, las materias primas cayeron un 33%, los hilados un 43%, los tejidos planos un 52% y los tejidos de punto un 34%. La lectura es inequívoca: hay menos insumos porque hay menos producción local. Las fábricas no fabrican, por lo tanto no demandan materias primas. El mercado interno simplemente se abastece con el producto terminado que llega del exterior.

La Fundación Pro Tejer precisó que «el escenario productivo local se ve afectado por la veloz apertura comercial, la desregulación total de las importaciones y la apreciación del tipo de cambio real, en un contexto de demora de medidas para reducir la carga tributaria y mejorar la competitividad sistémica de la economía argentina».

Subfacturación: más del 70% de los productos entra a precio ficticio

La FITA fue más terminante en su diagnóstico y acuñó el término que sintetiza el problema de fondo: «competencia fraudulenta». La federación señaló que las rebajas impositivas y los procesos de desregulación de los últimos años beneficiaron principalmente a las importaciones, mientras la producción nacional continúa cargando con una presión tributaria elevada, altos costos logísticos y falta de financiamiento.

Pero el punto más crítico es la subfacturación. Más del 70% de los productos importados ingresa al país a valores significativamente inferiores a los antecedentes del sector, en muchos casos sin cubrir siquiera el costo de la materia prima principal. Esta práctica, que constituye una violación a las normas de comercio exterior vigentes, configura una ventaja artificial imposible de compensar por cualquier esfuerzo de eficiencia en la producción local.

A eso se suma la competencia de plataformas digitales como Shein y Temu, que comercializan indumentaria de origen asiático sin tributar aranceles, operando en un vacío regulatorio que el gobierno libertario no ha mostrado voluntad de cerrar.

La producción en caída libre: 34% menos que en 2023

Las cifras de actividad son concluyentes. En el primer semestre de 2026, la producción textil cayó un 24,4% respecto al mismo período de 2025 y un 34% respecto a 2023, el último año antes del gobierno de Milei. El uso de la capacidad instalada se ubicó en apenas el 39%, lo que en términos prácticos significa que seis de cada diez máquinas están paradas en las fábricas del sector.

La FITA aclaró que el sector no rechaza la apertura comercial en términos generales. La entidad firmó recientemente una declaración conjunta con organizaciones del Mercosur y de Europa en el marco del acuerdo birregional, y gestiona activamente el avance comercial con Estados Unidos. El reclamo no es por el comercio exterior en sí, sino por las condiciones en que se da ese comercio: sin reglas de origen verificadas, sin valores de referencia que impidan la subfacturación y sin paridad de cargas tributarias entre lo que se produce aquí y lo que se importa.

El reclamo: que se cumpla la ley

La demanda del sector ante el gobierno no es, por ahora, proteccionismo clásico. La FITA y Pro Tejer reclaman el cumplimiento de la normativa vigente de comercio exterior: aplicar los controles aduaneros que ya existen para detectar subfacturación, establecer valores de referencia para los principales productos importados y garantizar que las plataformas digitales extranjeras tributen igual que los comercios locales.

Sin esas condiciones mínimas, la industria textil argentina enfrenta un horizonte de desindustrialización acelerada que no se limita a una rama productiva: arrastra empleo registrado, capacidad de exportación, desarrollo regional y una cadena de valor que va desde el algodón en el norte del país hasta las terminaciones en los talleres del conurbano bonaerense.

Puntos clave

  • Las importaciones representan ya el 70% del mercado textil argentino, según la Fundación Pro Tejer.
  • La indumentaria importada creció un 62% en toneladas y un 36% en dólares en el primer semestre de 2026.
  • La producción textil cayó un 24,4% interanual y un 34% respecto a 2023, con solo el 39% de la capacidad instalada en uso.
  • La FITA denuncia que más del 70% de los productos importados ingresa subfacturado, sin cubrir el costo de la materia prima.
  • Plataformas como Shein y Temu operan sin pagar aranceles, ampliando la brecha de competitividad con la producción local.
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