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Consumo

Inflación: «Es fundamental terminar con los especuladores»

Así lo dijo el secretario general del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba), Roberto Baradel, en referencia a las paritarias y los aumentos.

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El secretario general del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba), Roberto Baradel, dijo hoy que «más allá de lograr un buen acuerdo paritario» para 2023, «es fundamental terminar con la especulación», con «el aumento de los alimentos y de los precios indiscriminadamente que no tienen razón de ser».

El gremialista realizó declaraciones en Chapadmalal, donde acompañó al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, y al ministro de Trabajo bonaerense, Walter Correa, en el acto de lanzamiento del programa «Vacaciones sin trabajo infantil», que se hizo en el complejo hotelero ubicado a 35 kilómetros de Mar del Plata.

«Vinimos acompañar al gobernador con este programa de la Copreti que me parece muy importante para defender los derechos de los niños y niñas de todo el territorio bonaerense y de la Argentina», sostuvo Baradel.

Al referirse sobre las negociaciones paritarias docentes 2023, Baradel dijo que «terminamos hace dos semanas las paritarias del 2022 y ahora, a fines de enero, nos volvemos a sentar para las de este año».

«La inflación no da descanso. Terminamos el 2022 con un acuerdo por arriba de la inflación con un 103%, más las sumas nacionales, como es en el caso de la provincia de Buenos Aires; es decir varios puntos por arriba de la inflación», señaló.

En esa línea, expresó que «más allá de buenos acuerdos paritarios, lo principal es bajar la inflación y ahí hay que hacer un buen esfuerzo y creo que el ministro de Economía, Sergio Massa, lo esta haciendo».

«Es fundamental para todos y todas poder parar la especulación con el aumento principalmente de los alimentos que se da con el aumento de los precios que son indiscriminados y no tienen razón de ser», afirmó.

En ese contexto, consideró que «no son los sueldos que generan la inflación sino los especuladores».

Consumo

Casi mil detenidos y 70.000 policías: Francia, otra vez en tensión por el costo de vida

Un dispositivo de 70.000 efectivos, drones, blindados y toques de queda parciales no evitó los choques en París, Lyon y otras ocho ciudades. Los gremios ya convocaron a una huelga general para el 5 de noviembre, mientras el reclamo económico de fondo sigue sobre la mesa.

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Casi mil personas terminaron detenidas este sábado en Francia, en una jornada que arrancó con marchas relativamente calmas y derivó en graves enfrentamientos con la policía en al menos diez ciudades. Las protestas, motivadas por el aumento del costo de vida y el reclamo de mejoras en las condiciones estudiantiles, volvieron a poner al Gobierno de Emmanuel Macron contra las cuerdas.

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, confirmó que las fuerzas de seguridad arrestaron a casi mil personas y que dos manifestantes resultaron heridos de gravedad en Toulouse y Clermont-Ferrand. El funcionario señaló además que no hubo saqueos durante la jornada, un dato que contrasta con lo ocurrido el 17 de octubre.

Movilización en Francia.

Una movilización masiva y una guerra de cifras

La convocatoria tuvo un acatamiento multitudinario. Según los registros oficiales, participaron 410.000 personas en todo el país; la Confederación General del Trabajo (CGT) elevó la cifra a cerca de 800.000. La diferencia entre ambos números es casi del doble, y es la medida de la disputa política que rodea a la protesta. En París, la marcha principal reunió entre 110.000 y 250.000 manifestantes.

La tensión estalló al final de las concentraciones, con focos de conflicto en París, Lyon, Marsella, Burdeos, Toulouse, Estrasburgo, Nantes, Lille, Niza y Grenoble.

Blindaje policial y toques de queda

El Gobierno ejecutó un operativo sin precedentes: 70.000 efectivos policiales, unidades de élite, tropas de la misión militar Sentinelle, vehículos blindados de la gendarmería, helicópteros y drones. Para dispersar barricadas, las fuerzas recurrieron al uso repetido de gases lacrimógenos y cañones de agua. Las autoridades también fijaron toques de queda nocturnos parciales en zonas periféricas y restricciones para las concentraciones públicas.

Nuñez defendió el accionar policial y habló de «un nivel extremadamente elevado de violencia» protagonizado por grupos radicales de ultraizquierda vestidos de negro. La respuesta oficial se concentra en el orden público y en señalar a la izquierda radical, una línea que Macron ya había adoptado tras los incidentes anteriores.

El líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, valoró la respuesta masiva en las calles y exigió al Presidente que ceda de inmediato ante los reclamos económicos. Anticipó que las medidas de protesta continuarán en las próximas semanas y apuntó a la huelga general convocada para el 5 de noviembre.

El antecedente del 17 de octubre

La jornada del sábado llegó una semana después de la protesta del 17 de octubre, que degeneró en saqueos, incendios y enfrentamientos en las principales ciudades. Según los balances oficiales de esos días, hubo cerca de 2.400 detenidos, unos mil policías heridos y alrededor de 3.000 comercios afectados. Macron habló en cadena nacional y dijo: «Sentimos rabia y vergüenza».

El primer ministro, Sébastien Lecornu, anunció el 19 de octubre toques de queda parciales y descartó uno general en París. Macron reconoció «fallos» en la respuesta policial, pero descartó la salida del ministro del Interior. Entre las medidas conocidas figuran los toques de queda, las restricciones a las concentraciones y un esquema de desempleo parcial para los comercios afectados; el reclamo por el costo de vida, en cambio, es el que Mélenchon exige atender.

Una ola que cruza Europa

La agitación francesa se inscribe en una ola de movilizaciones más amplia, según informó un canal de noticias argentino. En Italia, España, Portugal y Albania, miles de jóvenes y familias salieron a las calles de Roma, Milán, Turín, Barcelona y Tirana contra el encarecimiento de los alimentos, la crisis del alquiler y el aumento de los gastos militares, con choques callejeros, quema de contenedores y arrestos masivos.

El malestar por el costo de vida ya no es un problema nacional, sino un fenómeno continental que pone a prueba a gobiernos que responden, por ahora, con más fuerza policial que respuestas económicas.

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