Opinión
Lago Escondido y la pérdida de soberanía
Para muestra basta un botón
Por Guillermo Martín Caviasca
“Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha, se estanca, como el agua. El que se estanca se pudre.”
Raúl Scalabrini Ortiz
Durante 10 días unos 400 argentinos y argentinas de todo el país marchamos hacia el Lago Escondido, en la Patagonia, donde un poderoso empresario transnacional instaló un “feudo” cuasi independiente.
El capital transnacional suele ser anónimo, sin embargo en el mundo existen algunos personajes emblemáticos que son los “dueños” visibles, fundadores o principales accionistas. Uno de ellos es el magnate inglés Joe Lewis quien desde la década del ‘90 asentó sus reales en nuestro territorio realizando inversiones en energía y transformándose en un decisor político por sobre nuestras instituciones y “nuestros” políticos.
Lewis se apropió en el Sur de territorios cuyo objeto no es la producción sino la “recreación” y la construcción de un centro de coordinación logístico, lobbista y conspirativo destinado a diseñar grandes políticas de gobierno a nivel argentino e internacional.
Allí se reúnen y generan acciones destinadas a gobernar de hecho, diversos representantes de grupos de poder, nacionales y extranjeros. Como salió a la luz recientemente con el escándalo de la reunión conspirativa de jueces, periodistas y políticos. Pero se viene realizando desde hace varios años, como las visitas asiduas de Mauricio Macri o del presidente Obama, que salieron a la luz. Lewis no solo dispone de 12.000 hectáreas que rodean un lago.
En la costa atlántica, una zona de conflicto con Inglaterra, tiene una pista de aterrizaje para aviones de gran porte que no está cubierta por ningún radar argentino y de la que no sabemos cuándo, ni cómo, ni quienes llegan o salen por ella.

Los problemas de nuestra dependencia se extienden a lo largo del país con la ocupación de territorios para el saqueo de recursos, de ríos y puertos para el control de nuestra logística, de servicios y finanzas para dominar las palancas de la vida nacional. Deuda para volvernos burdamente tributarios, de empresas para producir lo que ellos necesitan de la forma que ellos necesitan. También de millones de kilómetros cuadrados con base en Malvinas ocupados militarmente para arrebatarnos el Atlántico sur y la Antártida. Lo cierto es que Lago Escondido es una muestra cabal de cómo funciona el poder transnacional y como nos domina. Allí la economía y la política se unen. Se ve con transparencia la pérdida de soberanía y como el poder económico se transforma en poder político por sobre las instituciones democráticas.
Las leyes argentinas señalan con claridad que todos los lagos, ríos, mares son públicos y que hasta 15 metros de la máxima creciente son de libre tránsito. Por lo tanto el acceso a ellos debe ser garantizado. Allí está el tema por el que Lewis y sus tributarios tienen problemas para cerrar completamente el acceso y por donde el pueblo organizado puede intentar romper las fronteras del feudo extranjero. Con esa herramienta en la mano ya hace 9 años venimos avanzando para quebrar la resistencia del enemigo extranjero y sus cómplices y matones locales. Y así mostrar que se puede vencer en muchas otras situaciones de sustracción de soberanía.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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