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Opinión

Dólar Soja II: El segundo capítulo de una extorsión

Por Claudio Lozano.

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Por Claudio Lozano*

El Dólar Soja II no sólo es el segundo capítulo de una extorsión, sino que revela que la gestión del Ministro Massa, si bien contuvo la situación de crisis que originó el final del Ministro Guzmán y el paso fallido de Batakys, en ningún caso logró superar las causas que a partir del 9 de junio hicieron posible la desestabilización financiera y cambiaria de la Argentina.

Segundo capítulo de una extorsión, que si bien pretende presentarse como un Plan de Fomento Exportador, todos sabemos que tal formulación es una mentira. Se trata de producción existente que era retenida en su comercialización o en su liquidación exportable a la espera y especulando con una devaluación. Ya en ocasión del Dolar Soja I sabíamos que se habían guardado 11 millones de toneladas equivalentes a más de 6000 millones de dólares para poder seguir presionando. De hecho el compromiso adoptado por los exportadores de liquidar 3000 o 3500 millones de dólares está aún por debajo de lo que podría garantizarse.

Y revela que la falta de reservas, una de las tres principales causas de la crisis de junio se mantuvo pese a la extorsión concretada del Soja I, y el ingreso de cerca de 8500 millones de dólares. Las otras dos causas, el elevado endeudamiento público interno y la crisis social, no sólo siguen presentes sino que incluso se han agravado. Es más, la primera de ellas (el endeudamiento) en simultáneo con la retención de la producción exportable, ha puesto en marcha una nueva corrida cambiaria frente a la cual el dólar soja II pretende ser la solución.

Más allá de esta descripción que indica que la situación económica y política de nuestro país sigue atada con alambre, lo cierto es que han aparecido en el último tiempo dos posibilidades, que de poder ser aprovechadas adecuadamente, podrían permitirnos dar pasos para caminar hacia una solución. Nos referimos al nuevo swap con China y al triunfo de Lula en Brasil.

Por un lado, según lo expuesto por el propio Ministro, el nuevo swap incluiría una excepción que posibilitaria transformar yuanes en dólares por 5000 millones. Por otro, Brasil dispone hoy de cerca de 400.000 millones de dólares de reservas, lo cual podría permitirnos pensar en que a partir de que Lula asuma es posible avanzar en un convenio bilateral donde Brasil nos ceda unos miles de millones de dólares y Argentina garantice abastecimiento energético.

Estas dos condiciones podrían devolverle al gobierno la capacidad de controlar el mercado cambiario y poder a partir de allí estructurar un Programa Popular Antiinflacionario. Programa que debe inspirarse en las mejores tradiciones de las gestiones de signo popular. Ni el Austral ni la Convertibilidad son ejemplos a seguir por el gobierno actual.

Ninguno de ellos puede asociarse con las demandas que hicieron posible el triunfo del Frente de Todos en el 2019. Tanto el Austral como la Convertibilidad se fundaron en la caída del salario real y una mayor regresividad distributiva. Hay que recordar la experiencia Gelbard que combinó congelamiento con aumento por suma fija de salarios y jubilaciones y de las asignaciones familiares.

En la Argentina actual, signada por la informalidad esto debiera hacerse agregando la puesta en marcha de un Ingreso Básico Universal (que reemplace los planes vigentes) para la población en situación de informalidad y desempleo, y el mejoramiento de la Asignación Universal por Hijo.

En este marco de congelamiento (no hay alternativa frente a una tasa del 100 %) el nuevo valor del tipo de cambio y de un nuevo sistema de retenciones debe hacerse contemplando la situación de los precios internacionales y de los distintos tipos de productores.

A la vez , esto debe efectuarse decretando la Emergencia Cambiaria y poniendo en marcha herramientas que penalicen e inhiban los comportamientos especulativos.

A su vez las tarifas (sobre todo las energéticas) deben fijarse evaluando seriamente los costos de producción locales. Solo con una política de shock, regulación eficaz, congelamiento y recomposición del poder adquisitivo de la mayoría de la población es que podremos salir de la actual situación de crisis y frenar el intento de retorno del neoliberalismo.

*Presidente Unidad Popular y ex Dir. Banco Nación

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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