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Análisis

Con Sergio Massa como Superministro, el Gobierno jugó su bala de plata

A 15 meses de las elecciones de 2023, el FdT reconfiguró una nueva etapa del Gobierno. Todo el poder se concentra en la economía. Ganadores, perdedores y los que se preservaron en un discreto segundo plano.

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Por Daniel Olivera

En las últimas 48 horas el Frente de Todos, la herramienta política de la coalición oficialista, estuvo pariendo un nuevo gobierno.

Y esta vez fue un parto distócico, que requirió de múltiples intervenciones quirúrgicas. Casi en las antípodas de aquel sábado 18 de mayo de 2019 cuando Cristina movió la “reina” y alumbró, casi sin esfuerzo, a la versión triunfadora del Frente de Todos.

Entonces, a la actual vice le alcanzó con un par de reuniones reconciliadoras con el líder del Frente Renovador y el actual Presidente. Un gambito magistral que enterró el sueño reeleccionista de Macri.

Casi 38 meses después, reconfigurar la coalición y el Gobierno se transformó en un “parto chino”. En buena parte por los errores no forzados (como la foto en Olivos en plena cuarentena) y la guerra de guerrillas intra FdT terminaron por esmerilar el escaso capital político (léase credibilidad frente a la opinión pública) que le quedó a un gobierno azotado, además, por una pandemia y una guerra que disparó por las nubes los precios de los alimentos y la energía.

Y si bien es cierto que la recuperación económica es real, tanto que en 2021 se ganó lo perdido en 2020 y un poco más, que el empleo sube mes a mes, que los indicadores industriales baten récords, o que el campo exportará este año en dólares más que nunca antes en la historia.

La realidad es que los días 14 de cada mes, el Índice de Precios hace saltar la térmica del 40% de la población que no llega a fin de mes. Y le provoca escozor a una clase media que puesta a elegir sueña más con Miami que con el PreViaje.

Y así, de un solo plumazo, cuando cada uno de los 47 millones de argentinos va al híper, el súper, el chino o el almacén del barrio, junto con el bolsillo se devalúa la imagen del Gobierno.

Un desembarco anunciado

Después de amagar con un desembarco fallido el fin de semana que Guzmán abandonó, Sergio Massa llegó este jueves con un doble mandato. Uno urgente, y otro necesario.

El primero es tabicar la sangría de la inflación, que en 15 días dará por encima del 8% mensual y obturar el agujero negro de los 2 mil millones de dólares mensuales que le hacen falta a Economía para más o menos cerrar las cuentas y conformar al FMI.

Si el primer mandato es de supervivencia, el otro es estratégico: cómo hacer competitivo al Frente de Todos en 2023, frente a una ofensiva encarnizada de la derecha, que viene por todo, y por todos.

Con la cabeza de Cristina como estandarte y con el manual del Consenso de Washington en la mano, un catecismo que anteayer recitó el mismísimo Macri: volver al 2015.

Esta vez, Sergio Massa tendrá todos los “fierros” para accionar. Y el acuerdo tácito, aunque siempre lábil y provisorio, de Cristina y Máximo Kirchner.

En ese nivel de rosca política nunca hay un por siempre jamás. Será un Superministro que controlará Economía (con Finanzas, Hacienda, AFIP, y el Banco Central bajo su órbita), Desarrollo Productivo y Agricultura.

Nadie tuvo ese poder desde Domingo Cavallo con Carlos Menem en la Convertibilidad. Su llegada estuvo precedida de un operativo clamor de los mercados, con el dólar blue en leve retroceso, los bonos soberanos en alza y un Merval en positivo.

Nadie se anima a pronosticar si se jugará por revivir una adaptación de la Caja de Conversión o un shock heterodoxo a lo Remes Lenicov-Lavagna. Demasiado pronto para pronósticos.

Ganadores y perdedores

Pero este jueves 28 corrió sangre y dejó demasiadas cabezas cortadas por la cimitarra del nuevo poder.

“Zapatitos blancos” o el “preferido de la Embajada”, más conocido como Gustavo Béliz, fue la primera víctima.

Después cayeron en dominó: Batakis (fue degradada –pese a su resistencia airada– al Banco Nación), Domínguez se fue a su casa y Daniel Scioli hizo las maletas para volver a Brasilia. Muy despechados los dos últimos. Sienten que les soltaron la mano.

También hubo ganadores. En ese lote está la Liga de Gobernadores, que logró mantener como jefe de Gabinete a su “primus interpare”, Juan Manzur.

Todo pese a que desde las usinas cristinistas apostaron fuerte por el regreso de Coqui Capitanich. El ascenso de Carlos Castagneto al comando de la AFIP es una especie de premio consuelo para el kirchnerismo con terminales en la Vicepresidenta, y para Marcó del Pont reemplazar a Béliz podría significar una nueva oportunidad.

El Frente Renovador logró conservar la estratégica presidencia de la Cámara de Diputados que quedó en manos de Cecilia Moreau. En medio de ese vendaval, el ministro Moroni jugó fuerte al presentar su renuncia y que ésta no fuera aceptada. ¿Cuánto tuvo que ver el celular de Hugo Moyano para que continuara en su cargo? Posiblemente mucho.

Corridos de la foto quedaron dos actores siempre protagónicos: La Cámpora y los movimientos sociales. Los primeros a buen resguardo, anclados en la raviolera del Estado y a la espera de la gestualidad de Máximo K. Los segundos atentos a seguir articulando la lucha callejera y la organización popular, para continuar su cruzada militante… seguir apechugando los efectos nefastos de una inflación indómita y sostener las banderas de independencia económica y soberanía política cuando estamos a días de un nuevo 7 de agosto de Tierra, Techo y Trabajo.

La CGT hizo de la prudencia un culto. Y le tendió los brazos a Massa, apelando un “perfil productivista y pro industrial”. Lo que por ahora parece salido del catecismo de los deseos.

Y al final del día, el presidente Fernández procesará, como mejor pueda, el torbellino de un jueves de julio que se llevó puesto a lo poco de “Albertismo” o seudo Albertismo que le quedaba.

Como si hubiera pasado otra pandemia, su tropa se vio reducida a la mínima expresión. Todavía conserva su lapicera. Y los atributos presidenciales. Ahora tendrá que aprender a convivir con un Superministro y una súper vicepresidenta. Nadie dijo que la Argentina fuera un país fácil. Y le quedan quince meses para que el barco llegue sano y salvo al puerto.

Análisis

Un siglo de Fidel

A cien años del nacimiento del líder carismático de la Revolución cubana, su transmisión, que etimológicamente significa, acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá, sigue intacta. Millones de jóvenes y no tan jóvenes recuerdan esta fecha con una vigencia anacrónica, como si el tiempo todavía pudiera ser socialista.

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Por Jesús Rivero*

Fidel Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, antigua provincia cubana en la zona oriente de la isla. Hijo de Angel Castro Argiz y Lina Ruz González. Su padre era un migrante español (gallego) que al llegar a Cuba había conseguido cierta propiedad y, campesino de arraigo, en ella se dedicó a la producción cañera. Su madre provenía de una familia campesina acomodada de la Provincia Pinar del Río.

Inquieto, observador, audaz y agudo en sus reflexiones, Fidel Castro comenzó sus primeros estudios en la escuela pública de Birán, continuando los siguientes niveles educativos en escuelas particulares católicas en la ciudad de Santiago de Cuba. En 1945 se graduó de bachiller en letras en el colegio de Belén en la Habana, perteneciente a la campaña de Jesús. 

Entonces ingresó a la Universidad de La Habana para prepararse en Ciencias Sociales y Derecho, Nacional e Internacional. 

En el ambiente universitario se integró a las luchas socio-políticas de su época, ocupando diversas posiciones en la Federación Estudiantil Universitaria. De ideología marxista-leninista, favorable a las causas justas, libertarias y populares, se integró pronto a actividades revolucionarias como las del Comité Pro Independencia de Puerto Rico. 

Fidel Castro tenía 25 años  cuando fue designado por el Partido del Pueblo cubano, como candidato al Congreso en las elecciones previstas para junio de 1952, pero el 10 de marzo de ese mismo año se produjo el golpe de Estado del coronel Fulgencio Batista Zaldívar, siendo Fidel uno de los primeros en denunciar el carácter reaccionario e ilegítimo del régimen de facto y llamar a su derrocamiento. 

El 26 de julio de 1953 comandó el asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, plan que incluía tomar también el cuartel de Bayamo, en una acción concebida como detonante de la lucha armada contra Fulgencio Batista. Los jóvenes no lograron su objetivo y fue hecho prisionero por las fuerzas represivas de la tiranía pocos días después del revés militar. Se le mantuvo incomunicado durante 76 días. Fue sometido a juicio donde hizo su autodefensa y condenado a 15 años de prisión, hecho histórico que quedó plasmado en su libro “La historia me absolverá”. La reacción popular en su apoyo y del resto de los moncadistas logró presionar al gobierno y fueron liberados en mayo de 1955. Semanas después fundó el “Movimiento 26 de Julio».

El 17 de enero de 1957 dirigió la primera acción armada contra el ejército de Batista  en el cuartel de La Plata y obtuvo su primera victoria. El ejército rebelde comenzó a crecer y fortalecerse.

En su condición de comandante en jefe, dirigió la acción militar y la lucha revolucionaria de las fuerzas rebeldes y del Movimiento 26 de Julio durante 25 meses de belicismo. Tuvo bajo su mando directo a la columna Uno “José Marti» y participó personalmente en casi todas las operaciones, combates que tuvieron lugar durante el belicismo interno en el territorio del primer frente rebelde.

Tras la contundente derrota de las tropas de élite de la tiranía, estas, a través de sus principales jefes, decidieron reconocer la derrota el 28 de diciembre de 1958, es decir la victoria rebelde.

Luego de la victoria de la Revolución cubana fue electo diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, creada en 1976, en presentación con el municipio de Santiago de Cuba. Desde entonces hasta 2008 ocupó los cargos de presidente del Consejo de Estado y presidente del Consejo de Ministros. 

Fidel recibió un gran número de condecoraciones extranjeras y nacionales, como así también numerosas distinciones académicas y compañías de espacios de enseñanza superior cubana, América Latina y Europa.

El 3 de enero de 1961, el entonces presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con Cuba por diferencias políticas e ideológicas y ordenó el cierre de la embajada de Estados Unidos en La Habana. El 3 de febrero de 1962 el presidente John F. Kennedy ordenó de manera oficial el bloqueó económico y comercial a Cuba vigente en la actualidad, ejerciendo así un brutal aislamiento de la Isla, y generando severas violaciones al derecho internacional y los derechos humanos fundamentales de la población con efectos directos en la vida digna de la población. 

El 20 de julio de 2015 como efecto del reordenamiento geopolítico (política internacional) se reanudaron las relaciones diplomáticas en un acto simbólico que marcó el punto final de una ruptura de poco más de medio siglo: Obama visitó Cuba y fue recibido por Raúl Castro en el Palacio de la Revolución. Fidel Castro quien a causa de una salud endeble había renunciado a sus cargos oficiales el 31 de julio de 2006, fue testigo de todo esto ya que murió el 25 de noviembre de 2016. Sus restos fueron cremados y esparcidos en el Cementerio de Santa Ifigenia.

En lo que respecta a su relación con Argentina, estuvo cuatro veces en nuestro país. La primera fue el 1 de mayo de 1959, durante el gobierno de Arturo Frondizi, apenas cuatro meses después de la Revolución. El día siguiente habló ante la comisión de los 21 de la Organización de los Estados Americanos, en el noveno piso de la Secretaria de Industria.

La segunda visita se dio 36 años después. Fue en octubre de 1995 durante la presidencia de Carlos Saúl Menem. Fidel Castro fue alojado en el hotel Llao Llao por razones de seguridad en donde se reunió con el entonces presidente argentino quien hacía su juego presumiendo que intercambiaba habanos por vinos riojanos con el líder cubano, aunque ideológicamente los separaba un abismo.

Esta segunda visita estuvo enmarcada en la Cumbre iberoamericana que congregó a una treintena de mandatarios, y Fidel Castro era una de las voces más esperadas ya que su intervención tendría una repercusión internacional, más allá del contexto de aplicación de políticas neoliberales, no solo a nivel nacional, sino a nivel global como efecto de la caída del muro de Berlín en 1989.

La tercera visita es la más recordada por su afinidad con el mandatario electo y porque era la primera vez que venía a la asunción de un presidente y porque dio un discurso histórico  ante la multitud. Fue en 2003 nada más ni nada menos que para la jura del Flaco, nuestro Flaco, Nestor Carlos Kirchner. El día después, el 26 de mayo, fue muy activo, ya que primero se congregó a la plaza San Martín para homenajear al libertador, luego al Rosedal, para hacer lo mismo con José Martí y más tarde almorzar con unos doscientos invitados en el hotel Four Seasons.

Para finalizar su visita dio una charla histórica en la Facultad de Derecho, pensada inicialmente para 800 personas pero el acto debió trasladarse a las afueras donde se concentraban unos 30.000 asistentes que llegaron a ser alrededor de 50.000.

La cuarta y última visita es recordada también porque fue la última actividad internacional de Fidel Castro. Fue en julio de 2006 para la cumbre del Mercosur.

Además de los actos protocolares Fidel Castro y el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías, hablaron ante unas 40.000 personas en el cierre de la llamada Cumbre de los Pueblos, en un descampado de la Universidad de Córdoba. Al día siguiente y acompañado por Chávez visitó en Alta Gracia a casi 40 kilómetros de la capital cordobesa el museo montado en una de las casas de la infancia de Ernesto Guevara de la Serna. Esa misma noche Fidel Castro regresó a la Isla y ya no volvería a dejar Cuba. 

Nombrar a Hugo Chávez no es en vano. Nos retrotrae a la lll “Cumbre de los Pueblos de América» en 2005, que se realizo en el marco de la lV Cumbre de las Américas en Mar del Plata en la que Estados Unidos no consiguió imponer su voluntad de que se firmará el acuerdo de apoyo al ALCA.

Estoy un poco sorprendido, acá pasó algo que no tenía imprevisto” le dijo George Bush (hijo) a Nestor Kirchner. Y, Chavez regalo a la historia aquel “¡Alca, Alca, al carajo!”. “Hoy en Mar del Plata hemos enterrado al ALCA, y no solo debemos ser enterradores del ALCA, sino enterradores y en mucha mayor dimensión, complejidad y profundidad del modelo capitalista neoliberal  que desde Washington arremete contra nuestros pueblos desde hace tanto tiempo” dijo, el ex presidente venezolano y discípulo de Fidel.

Ese día Chávez llamó a impulsar el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América), organismo creado por Fidel Castro quien convocó a todos los países de América Latina y el Caribe a construir una alternativa justa y solidaria: la Patria Grande para hacerle frente al ALCA (Área  de Libre Comercio de las Américas) u  tratado de Libre Comercio impulsado por el imperialismo estadounidense  con el legado de próceres como San Martín, Sucre, O` Higgins, Petión, Bolívar, Morazán, Garvey, Tupac Katari, Julián Apaza, Bartolina Sisa, Sandino y Martí  y un presente marcado por mandatarios como Lula da Silva, Nestor Carlos Kirchner, Evo Morales y Rafael Correa. 

Fidel fue quien junto al pueblo revolucionario de Cuba, a pesar de que la Isla sigue sometida al bloqueo férreo de Estados Unidos, consiguió sostener la soberanía, en varias ocasiones limitada, y se convirtió en referencia del siglo xx para todos los pueblos que buscan autonomía.

Fidel es símbolo de lucha global. No solo hizo signo en el pueblo cubano, sino también escribió historia a nivel mundial, abriendo espacio para que otros reescriban su propia historia, la historia de todos.

 

*escritor y activista político (fundador del Frente de Liberación Socialista).

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