Análisis
Semiótica de los Votos: cantidad y calidad en la voluntad electoral
Por Fernando Buen Abad Domínguez.
Por Fernando Buen Abad Domínguez
En los votos, que son documentos históricos, habita un relato complejo, muy desigual y muy accidentado. Incluso con todas sus imperfecciones, la democracia que conocemos, hasta ahora, parece merecer todavía la confianza relativa de los electores y parece que aún tiene sentido votar. Sigue siendo una forma oficializada de expresar la diversidad de imaginarios sociales para fijar formas de convivencia. Según cuenta la página web chequeado.com, 2024 es un “súper año electoral”. 100 países, aproximadamente, realizarán comicios y en 50 de ellos habrá votos para elegir presidencias, según informan con datos oficiales de organismos electorales, la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES) y la consultora Anchor Change. Parece ser un récord histórico. ¿Qué significa esto?
Por la diversidad de sus procedencias, los votos son nudos narrativos antecedidos de conflictos muy diversos. De cada voto se desprende una historia particular y una historia general que, a sabiendas o no, sintetiza las virtudes o las calamidades del contexto que las genera. Los votos, todos, una vez reunidos en las urnas y delimitando sus preferencias, son una enciclopedia cruda del civismo que, incluso en aquellos lugares donde es obligatorio, da un reflejo estremecedor del paisaje político de la voluntad que los incuba y de la lista enorme de faltantes sociales necesarios para una vida colectiva buena en todas sus escalas. Pero es una enciclopedia siempre parcial. Reflejan una parte de las voluntades políticas, pero nunca su totalidad. Y en los intersticios habitan muchas marrullerías, también.
Ni todas las decepciones, ni todos los cansancios, ni todas las emboscadas que en nombre de la democracia han sufrido nuestros pueblos, han logrado que sucumba la esperanza de intervenir en la historia colegiando con votos las voluntades de mayorías. A pesar de irregularidades, insuficiencias y fraudes. Más allá de tergiversaciones, manoseos y traiciones. Sin importar los costos, las humillaciones y los descalabros, la democracia parece merecer el esfuerzo de reponer entusiasmos para incidir en las tareas de modelar el poder con base en la voluntad social organizada electoralmente. Eso parece.
Con los votos se narra una historia de saberes y de ignorancias acosados por tensiones e intereses plagados con claroscuros. El escenario para la voluntad democrática de los pueblos cuenta hoy, paradójicamente, con un gran descrédito global sobre el papel delos partidos políticos más conocidos y no obstante ha tomado un lugar relevante la solución frentista y movimientista. Ganó lugar el peso de la personalidad individual de algunos líderes o lideresas (su fama y carisma) y parece predominar una tendencia ideológica centrista o de centro derecha. Los votantes todavía esperan que las elecciones sean capaces de parir gestiones gubernamentales honestas, que por lo menos no roben, que cumplan lo que prometen y que no aprovechen la confianza de la mayoría para beneficios comerciales de alguna minoría trabajando en la oscuridad. Bien harían las izquierdas en tomar nota sincera. No es mucho pedir.
Han quedado de soslayo los idearios, las doctrinas o programas de las organizaciones y algunos sólo sirven como referencias de “buena voluntad” o filantropía. De ordinario se muestra, en campañas, poco o nada de los conflictos históricos medulares, el debate capital-trabajo y la lucha de clases, según sea el caso, y cuando aparecen, muestran signos de maquillaje o suavidad conveniente a las coyunturas más que a las necesidades políticas objetivas. Más vistosos son los malabares de la industria de la propaganda y los equilibrismos demagógicos para hacer pasar por idóneo lo que en realidad ha merecido repudio. En el colmo del espectáculo mediático electoral están los histriones de la escuela de Goebbels gesticulando exageraciones formales a mansalva para esconder su mediocridad intelectual. Y con eso algunos ganan elecciones democráticamente. Hay pruebas al canto muy dolorosas y vergonzosas.
A la idea de que la democracia debe expresar la fuerza informada de las mayorías, que se organizan para resolver problemas comunes y asegurarse el mejor aprovechamiento de las fuerzas productivas y las fortalezas creativas, se ha opuesto una versión circense del aplausómetro irresponsable que sin entender causas, problemas y soluciones elige, vota y se desentiende luego de las consecuencias históricas del voto no pocas veces desinformado. Reina la idea de que la democracia es ir a votar un día tal por algún candidato o candidata hijo de la fama. El carácter histórico del voto, su peso documental y su expresión política ha quedado bajo los estragos de cierta lógica del espectáculo. Muy peligroso pero muy rentable.
Esa complejidad narrativa de los votos reclama para su emisión y para su comprensión, tareas decodificadoras minuciosas que muy poco ocupan la atención de las organizaciones que llaman a votar. Pero es una complejidad que reclama atención urgente. Por ardua que resulte. Cada voto nos cuenta una parte de la vida que lo anima, con sus sueños, sus frustraciones, sus alegrías y sus pretensiones. Y a pesar de que en el diseño gráfico de la mayoría de las boletas electorales los protagonistas no son los pueblos ni sus clamores más hondos, a pesar de que se privilegian los rostros o los emblemas de personas y partidos… a pesar de que la riqueza histórica documentada sintéticamente en los votos, no se ve con su esplendor y sus dilemas, está ahí la disputa por el sentido, la contienda del día a día, el latir del presente y del devenir puestos a dar batalla para expresarse y expresar a mayorías y minorías.
Eso sería razón suficiente para expedirnos con mucho mayor respeto por los procesos electorales, mayor cuidado y protección de los votos, uno por uno, y mayor responsabilidad colectiva para atender y entender la trascendencia del voto en el corto, el medianoy el largo plazo. Menos manoseos, abusos y reduccionismos. Menos palabrerío y demagogia. Más y mejor pasión democrática participativa. Los votos tienen mucho que decir y no siempre se escucha. Especialmente cuando hay elecciones. Para que no sean un relato afónico en las condiciones actuales.
Por Jesús Rivero*
Deseo comenzar por la etimología de transmisión, porque como planteaba Jacques Marie Emile Lacan, el origen me colma.
Transmisión etimológicamente significa acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá.
¿Qué se transmite?
El objeto petit “a» que agujerea al sujeto-sujetado y lo sostiene desde su pérdida.
¿Es pedagógico?
Se puede decir que no. Aunque las palabras no pueden decir todo.
Éste petit “a» de Jacques Lacan es su invento privilegiado, ya que a la nada le cedió un lugar topológico, lo nombró y dio (donó) existencia.
Falta irreductible que opera más allá del sujeto supuesto saber. Es la hiancia que motoriza el deseo. Lacan en su última enseñanza transmite esto, la cosa, el ruido. No un supuesto saber platónico y universal, esto obtura.
Hagan la prueba, pongan sobre un escritorio una piedra y un libro frente a una audiencia y observen las miradas de dicha audiencia, que se transmite. El ruido, la enunciación del enunciado. El dicho del decir del disertante, cuyo rasgo unario, no tiene que ver con la pedagogía. Lo que se transmite es otra cosa, el objeto petit “a».
Lo que todos buscan en este movimiento, que es el peronismo, cuyo significante vacío busca negociar con un significado. Es el punto de capitón que anuda la significación. Esta lucha casi interminable que auguran para siempre los opositores, pero nadie mejor que ellos saben, que dicha disputa de poder (lucha de clases) siempre llega a su anudamiento.
El significante vacío sin negociación, no es nada. La problemática es intentar identificar un líder, sin transmisión. Sin hacer circular una cosa, más allá. Esto no puede ser forzado, no es pedagógico, responde a la lógica de la falta, de lo que se perdió. El mismo Sigmund Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” planteó que “las masas no se identifican al ideal del yo, sino que se identifican entre sus yoes, al objeto ideal que es el líder». Es decir, no hay identificación al significante, sino entre las masas a un rasgo, que es el objeto ideal.
Este objeto (poder) no es pedagógico. No se aprende, se comprende. La conducción no es para cualquiera, se tiene o no se tiene. Todos tienen el bastón de mariscal en la mochila, pero no todos saben transmitirlo. De aquí, vemos a grandes teóricos no entender la fórmula de dicha conducción, nunca la van a entender, porque no se entiende se comprende.
El mismo Juan Domingo Perón, que en lo singular creo es el mejor en conducción, no decía: “la política no se aprende, se comprende, y solamente comprendiendo es posible realizarla racionalmente. Decía el Mariscal de Sajonia que él tenía una mula que lo había acompañado en más de diez campañas, pero decía que la mula no sabía nada de estrategia. Lo peor es que él pensaba que muchos de los generales que también lo habían acompañado, sabían lo mismo; hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido. El éxito será siempre para quien la haya comprendido, no para el que pretenda aprenderla”.
Hoy en día hay muchos que pretenden aprenderla, y hay pocos que desde el exilio, cárcel o proscripción, la comprenden. Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía.
*escritor y activista político.
-
Industria4 díasCoca-Cola cerró su histórica planta de Ventura tras 114 años y reubicará a 78 de sus 85 trabajadores
-
Gremiales6 díasEl Consejo del Salario fracasó: la CGT pidió $911.000, empresarios ofrecieron $400.000 y decide el Gobierno
-
Gremiales7 díasSin paritarias ni respuestas, los trabajadores de ANAC paran y ponen en alerta los vuelos
-
Actualidad2 díasEl acuerdo Tini-Stoessel y la disputa por las cuentas corporativas
-
Economía 💲5 díasMichel sostuvo que el superávit de Milei “es artificial” y que la “economía real” está en caída libre
-
Economía 💲4 díasEl 95,3% de los depósitos de Caputo está en el exterior: US$ 13 millones y un patrimonio que creció 62% en un año
-
Fútbol & Goles!6 díasJulián Álvarez faltó por tercera vez a Atlético Madrid y hablan de depresión
-
Economía 💲7 díasBullrich cruzó a bancos y fintech: exigió “etiquetado frontal” para que los deudores sepan cuánto van a pagar
