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Nación volvió a reclamar a CABA mayor aporte económico al sostenimiento de sus colectivos

El Ministerio de Transporte convocó esta tarde a representantes del Gobierno porteño para avanzar en el traspaso de las 32 líneas de colectivos que circulan en de su jurisdicción.

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El Ministerio de Transporte de la Nación reiteró hoy el reclamo al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires «mayor participación económica en el sostenimiento de sus colectivos» para lo cual en febrero se discutirán propuestas de ambas partes para avanzar en un proceso de transición.

El Ministerio de Transporte convocó esta tarde a representantes del Gobierno porteño para avanzar en el traspaso de las 32 líneas de colectivos que circulan en de su jurisdicción, con el objetivo de seguir avanzando hacia una distribución más equitativa y federal de los recursos al transporte automotor de pasajeros, indicó esa cartera.

A su vez, durante la reunión se conversó sobre la formalización de la Agencia Metropolitana del Transporte, el ente tripartito que nuclea a representantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Provincia de Buenos Aires y el Estado Nacional para la coordinación conjunta del transporte multimodal.

Mediante dicha agencia, creada en 2012, el Gobierno nacional busca equiparar a la Ciudad con la Provincia en cuanto al control y a las responsabilidades sobre el transporte que se realiza dentro de cada jurisdicción del AMBA.

La reunión se desarrolló en las oficinas del Ministerio de Transporte con el objetivo de avanzar en este proceso de traspaso que comenzó en febrero del año pasado.

Durante el encuentro, se dialogaron sobre «diferentes propuestas en pos de que la administración porteña se haga cargo de las líneas de colectivos», informó la cartera de Transporte.

En este sentido, el equipo de la Nación acordó un esquema de trabajo coordinado de cara a febrero donde se realizará un nuevo encuentro con propuestas de ambas carteras apuntando a tener un periodo de transición para la administración de sus 32 líneas de colectivos.

A su vez, se indicó que «se le pidió a la ciudad mayor participación económica en el sostenimiento de sus colectivos, teniendo en cuenta que para los primeros meses del año 2022 no habían realizado aportes económicos a las líneas, pero terminó el año con un aporte del 51%, a diferencia de lo aportado en el año 2018 que representaba más del 80%».

Este proceso, comenzó en febrero de 2021 con el objetivo de darle cumplimiento a ley 26.740, artículo 2 del año 2012, que ratifica la transferencia a la Ciudad de Buenos Aires de los Servicios de Transporte Subterráneo y Premetro; de transporte automotor y de tranvía cuya prestación corresponda a su territorio, y cuyo traspaso no se realizó de forma íntegra.

Además, se destacó que en 2018 el propio gobierno porteño firmó un consenso fiscal con el Gobierno anterior donde se comprometió, como el resto de todas las jurisdicciones, a hacerse cargo de la administración y financiamiento de su propio transporte público.

Por el Ministerio de Transporte de la Nación participaron de la reunión el ministro de Transporte, Diego Giuliano; la secretaria de Gestión del Transporte, Jimena López; el secretario de Articulación Interjurisdiccional, Marcos Farina; el jefe de gabinete de asesores, Facundo Benegas; y el subsecretario de Política Económica y Financiera de Transporte, Carlos Vittor.

En representación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, estuvieron la secretaria de Transporte y Obras Públicas, Manuela López Menéndez; y la subsecretaria de Planificación de la Movilidad, Lucia Capelli.

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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