CABA
Luego de la seguidilla de fugas en la Ciudad, anunciaron medidas para las cárceles
El jefe de Gobierno porteño dijo que se impulsará «la deportación de extranjeros ilegales» que delincan, indicó Jorge Macri.
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, anunciaron medidas para morigerar la «sobrepoblación de detenidos en comisarías y alcaldías de la Ciudad» y así prevenir fugas de presos, luego de varios episodios y cruces al respecto.
El mandatario de la Ciudad señaló que el distrito se ve afectado por una «sobrepoblación de detenidos en comisarías y alcaldías» y advirtió que «es un problema que empezó en la
pospandemia».
Con el objetivo de solucionar esta situación, el referente del PRO anunció que se avanzará en mejoras físicas de comisarías y alcaidías, remodelar y modernizar y fortalecer la seguridad en
algunas dependencias.
De cada 100 detenidos, 94 tienen causas en la Justicia Nacional o Federal y el 20% tiene sentencia firme, es decir, ya están condenados, detalló el Gobierno porteño.
Además, dio a conocer que se profundizará la implementación de 2 mil tobilleras electrónicas para que pueda haber detención domiciliaria en los casos que decida la Justicia para delincuentes no peligrosos y también se impulsará «la deportación de extranjeros ilegales» que delincan, indicó Jorge Macri.
«No hay sentido en que la Argentina esté teniendo que gastar y generar recursos para cuidar a alguien que ha venido a delinquir al país», añadió el jefe de Gobierno porteño.
Al advertir sobre la delicada situación, el Ejecutivo de la Ciudad indicó que en el distrito había 60 detenidos en las alcaldías y comisarías en 2020 y que actualmente hay más de 2.000, incluidos 340 extranjeros.
El Gobierno porteño avanzará en la construcción de una Alcaldía Central en la zona sur de la Ciudad; en la instalación de 19 módulos de detención, equipados y preparados para alojar 300 detenidos; y se retomarán las obras en el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz para trasladar a los presos detenidos en la cárcel de Devoto.
Jorge Macri también explicó que la proactividad de la Policía de la Ciudad en la lucha contra la inseguridad hace que haya más de 80 delincuentes detenidos por día, lo que genera presión en los lugares de reclusión.
Para poder llevar adelante estas medidas, el Gobierno porteño avanzará en un Decreto de Emergencia edilicia en alcaidías y comisarías de la Ciudad.
En ese sentido, Bullrich indicó que «todo esto lleva a apurar los plazos de construcción de cárceles y de establecimientos penitenciarios».
La ministra de Seguridad remarcó que las medidas del Gobierno de la Ciudad «ayudan mucho al proceso de ordenamiento que hay que hacer» en lo que refiere a los detenidos.
«No es lo mismo tener a un preso en una cárcel que en una comisaría», subrayó.
Y concluyó: «Éste es un acuerdo razonable, que realmente nos ha hecho llegar a una conclusión común, porque no podemos vaciar las comisarías de un día para el otro, sino que hay que hacer un proceso».
CABA
Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo
La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.
Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.
En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.
Criminalizar la infancia, una respuesta ligera
Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?
- Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
- Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
- Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.
El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.
El fantasma de las redes y la coartada perfecta
La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.
En la Ciudad, docentes vienen denunciando:
- Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
- Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
- Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.
Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.
Protocolos sin comunidad
El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.
Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.
Lo que no se dice
Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:
- ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
- ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
- ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?
La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.
Entre el control y el abandono
El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.
En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.
La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?
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