CABA
El gas que mata en silencio: otra familia destruida por un calefactor en mal estado
Una familia entera murió en su casa tras inhalar monóxido de carbono. El escape de gas que provocó la tragedia evidenció la falta de controles preventivos y la desprotección ante riesgos evitables en los hogares.
Cinco personas murieron este lunes en el barrio porteño de Villa Devoto tras inhalar monóxido de carbono dentro de su vivienda. Las víctimas fueron dos hombres, dos mujeres y una niña de cuatro años. Todos presentaban entre 30 y 40 años. Según confirmaron fuentes del SAME, fallecieron por la acumulación de gases tóxicos debido a un escape en el sistema de calefacción. Un bebé de tres años, también presente en el lugar, sobrevivió y fue trasladado al Hospital Zubizarreta.
El hecho ocurrió en una casa ubicada en Sanabria al 3700. Fue un familiar quien, al advertir que nadie respondía, forzó la entrada y encontró a varios de los residentes inconscientes. De inmediato, llamó al 911. Al llegar, los bomberos y personal del SAME confirmaron la muerte de cinco personas y evacuaron al menor con signos vitales débiles.
El jefe del SAME, Alberto Crescenti, afirmó: “Las cinco personas fallecieron por inhalación de monóxido de carbono. El gas desplazó el oxígeno y se produjo una intoxicación letal”. El operativo incluyó la ventilación forzada del inmueble para permitir el ingreso del equipo médico.
Un asesino invisible y recurrente
El monóxido de carbono es un gas incoloro, inodoro y altamente tóxico. En la Argentina mueren en promedio más de 200 personas por año por inhalación de este gas, según datos del Ministerio de Salud de la Nación. La mayoría de los casos ocurre durante el invierno, por el uso de calefacción deficiente o instalaciones mal mantenidas.
El Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS) insiste cada año con campañas de prevención, pero la tragedia de Villa Devoto reveló que las recomendaciones oficiales no alcanzan. En muchos casos, las viviendas carecen de ventilación adecuada o cuentan con estufas y calefones sin revisión técnica.
Además, la Ley 19.587 de Higiene y Seguridad en el Trabajo contempla normas para instalaciones seguras, pero su aplicación en ámbitos residenciales queda librada a la voluntad de propietarios o consorcios, sin control sistemático por parte del Estado.
Alerta roja en plena ola polar
La tragedia se produjo en el contexto de una ola de frío polar que afectó a gran parte del país. En la Ciudad de Buenos Aires, el Servicio Meteorológico Nacional registró temperaturas mínimas cercanas a cero grados durante la madrugada del lunes.
La combinación entre la necesidad de calefaccionar los hogares y la precariedad de muchas instalaciones representa un cóctel letal. Organizaciones como la Cruz Roja y el Centro de Estudios de la Situación Energética (CESIP) alertaron que la pobreza energética afecta a más de 5 millones de personas en Argentina, especialmente en los barrios populares y viviendas antiguas sin mantenimiento.
¿Prevención o abandono?
El caso de Villa Devoto no fue un hecho aislado. En mayo, una familia de Mar del Plata murió en circunstancias similares. En junio, un matrimonio de Lanús perdió la vida también por un calefón en mal estado. Sin embargo, no existe una política integral ni una ley nacional que exija revisiones periódicas obligatorias en las viviendas particulares.
La Defensoría del Pueblo porteña había impulsado en 2021 un proyecto para la distribución gratuita de detectores de monóxido de carbono en hogares vulnerables. La iniciativa nunca fue tratada en la Legislatura.
A pesar de las alertas anuales, el Estado nacional y los gobiernos locales siguen sin articular un sistema de fiscalización o asistencia técnica que permita evitar estas muertes evitables. El resultado: familias destruidas y vidas truncadas por un gas que se cobra víctimas silenciosamente cada invierno.
CABA
Menos psicopedagogos, más policías: la escuela porteña deja de ser un lugar de cuidado
El protocolo porteño habilita el ingreso de la Policía de la Ciudad a las escuelas a pedido de los directivos, por orden judicial o por fuerza mayor. Ninguna ley lo impedía, pero la comunidad educativa lo defendió como una conquista democrática.
La Policía de la Ciudad tiene, desde este lunes, una puerta formal para entrar a las escuelas porteñas. El nuevo protocolo del gobierno de Jorge Macri convierte en norma escrita lo que durante décadas la comunidad educativa resistió: la presencia de uniformados dentro de las aulas como respuesta a los conflictos escolares. La intervención policial podrá darse a pedido del propio colegio a través del 911, por orden judicial o por razones de fuerza mayor ante un riesgo inminente.
La habilitación forma parte de la Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26, publicada en el Boletín Oficial porteño con la firma de los ministerios de Educación, Justicia y Seguridad de la Ciudad y del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. La norma adapta las escuelas al nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27.801), vigente desde el 5 de septiembre, e impone a los directivos el deber de denunciar ante la Justicia a estudiantes desde los 14 años por hechos que pudieran constituir delitos, incluso fuera del establecimiento. El documento trascendió el fin de semana, cuando Federico Puy, secretario general adjunto de Ademys, lo difundió en su cuenta de X.
Un límite sin ley, pero con memoria
La frontera entre la escuela y la policía nunca estuvo escrita en una ley para los niveles obligatorios. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) lo explicó en sus recomendaciones sobre policías en las escuelas: a diferencia de lo que ocurre con las universidades públicas, no existen normas en la Ciudad ni en la provincia de Buenos Aires que impidan a la policía ingresar a un establecimiento escolar, aunque sí hubo proyectos de ley que nunca fueron tratados. La única prohibición expresa es el artículo 31 de la Ley de Educación Superior, que veda el ingreso de la fuerza pública a las universidades nacionales sin orden judicial o pedido de sus autoridades.
Lo que sostuvo ese límite fue otra cosa: la Convención sobre los Derechos del Niño, la Ley 26.061 de Protección Integral y un consenso político y pedagógico construido desde 1983. La escuela democrática se pensó como un espacio de cuidado, justamente porque la dictadura la había convertido en territorio de vigilancia. El régimen militar difundió en 1977 el folleto “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)”, que ordenaba a docentes y directivos detectar al “enemigo” entre sus alumnos; y en septiembre de 1976, en La Plata, un grupo de estudiantes secundarios que habían reclamado por el boleto estudiantil fue secuestrado en lo que se conoce como la Noche de los Lápices.
La escalada porteña
El protocolo actual no nació de la nada. El 28 de marzo de 2018, durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, el Ministerio de Seguridad porteño aprobó mediante la Resolución 86/2018 un “Protocolo de Ingreso a los Establecimientos Educativos de la Ciudad de Buenos Aires”, que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
Según el texto filtrado por UTE, su primer artículo establecía que “el personal policial podrá ingresar a los edificios o inmuebles escolares cuando sea requerida su presencia por alguno de los miembros del equipo de conducción del establecimiento”.
Llegó apenas 40 días después del protocolo antitomas impulsado por la entonces ministra de Educación, Soledad Acuña, y el entonces secretario de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, se negó a hacer público su anexo con el argumento de que solo servía a los efectos “de la comunicación interna” de la fuerza.
Ese mismo año, Ademys denunció que, el día previo al tratamiento del aborto legal en Diputados, la policía entró a una escuela secundaria tomada para desalojar a los estudiantes. En 2022, frente a nuevas intervenciones, el secretario adjunto de UTE, Eduardo López, lo resumió en una frase: “La escuela no es un lugar para la Policía”.
El paso siguiente llegó en abril de este año. Tras la ola de amenazas de tiroteos que se multiplicó en todo el país después del ataque en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, el 30 de marzo, el gobierno porteño activó un protocolo que dispuso que, ante una denuncia realizada por la escuela o por un tercero, el equipo directivo deberá permitir el ingreso de la Policía al establecimiento. La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, lo justificó así: “La respuesta tiene que ser, al mismo tiempo, seguridad y formación. Protocolo y acompañamiento. Consecuencia y reparación”. Estudiantes, familias y docentes respondieron entonces con una consigna que hoy vuelve a circular: “No a la policía en las escuelas”.
Qué cambia ahora
La diferencia con los antecedentes es de escala y de lógica. El ingreso policial ya no aparece como una excepción ante un arma o una amenaza puntual, sino como una pieza dentro de un circuito que empieza con la obligación de denunciar a adolescentes de 14 años.
El nuevo texto exige que los efectivos se identifiquen, actúen “respetando los derechos” de niñas, niños y adolescentes y procuren “cesar el riesgo”; también prohíbe a las escuelas interrogar a los alumnos.
Las salvaguardas contrastan con los estándares que organismos de derechos humanos promovieron durante años. El CELS recomendó atender a la policía en la puerta mientras se evalúa la situación, sobre todo si los efectivos están armados y hay chicos en el edificio.
Y recordó una pauta de la guía elaborada por la provincia de Buenos Aires junto a UNICEF: no deben brindarse nombres de estudiantes a ninguna autoridad policial sin un oficio judicial, y la policía no puede tomar contacto con ningún menor de edad, aun cuando se presuma que tiene un arma, hasta que llegue un familiar o adulto responsable.
“Una antesala de las cárceles”
Puy advirtió que el protocolo “obliga a las directoras a denunciar a estudiantes que ‘podrían estar cometiendo un delito’”, sostuvo que “constituye una clara persecución a los jóvenes” y alertó que busca convertir a las escuelas en una “antesala de las cárceles”. UTE, por su parte, rechazó “que las escuelas se conviertan en puertas de entrada al sistema penal” y advirtió “sobre el riesgo de estigmatización y criminalización de niñas, niños y adolescentes”; el gremio reclamó equipos especializados, formación y recursos para abordar los conflictos sin judicializarlos.
Ninguna ley impedía que un patrullero estacionara frente a una escuela y sus agentes cruzaran el portón; lo impedía una idea de la democracia sobre qué lugar ocupan los chicos en la sociedad. Con este protocolo, el gobierno porteño elige reemplazar gabinetes, psicopedagogos y equipos de orientación por el 911, y deja la resolución de los conflictos adolescentes en manos de quienes están entrenados para otra cosa.
Lo que tenés que saber del Protocolo
- La Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26 habilita el ingreso policial a las escuelas porteñas a pedido del colegio, por orden judicial o por fuerza mayor.
- No existe una ley que prohíba el ingreso policial a escuelas; la única prohibición expresa rige para las universidades nacionales, por el artículo 31 de la Ley de Educación Superior.
- En 2018, la Resolución 86/2018 del Ministerio de Seguridad porteño aprobó un protocolo de ingreso a escuelas que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
- En abril de 2026, tras las amenazas de tiroteos, la Ciudad ya había dispuesto que los directivos permitieran el ingreso policial ante una denuncia.
- Ademys y UTE rechazaron el nuevo protocolo por criminalizar a las adolescencias.
-
DDHH1 díaDemocracia ¿en riesgo?: Corte de EEUU le dio luz verde a Trump para revisar la ciudadanía de los votantes
-
CABA3 díasLe dijeron no al GCBA: la Justicia frenó el cobro de Ingresos Brutos a una empresa porteña
-
Transporte4 díasCortes en el tren este fin de semana: qué ramales de Mitre y Sarmiento no van a circular
-
Fútbol & Goles!3 días“Volví por estas alegrías”: la emoción de Di María tras consagrarse campeón con Rosario Central
-
CABA4 díasRécord de suicidios: estudiantes secundarios escriben la ley que el Estado no da
-
Geopolítica 🌎6 díasEn su viaje a Nueva York, Kicillof le dijo al mundo que el milagro de Milei no existe: “Es una catástrofe”
-
Espectáculos 🎭2 díasEster Expósito habló sobre los rumores de crisis con Kylian Mbappé: “No puedo pasarme la vida desmintiendo todo”
-
CABA6 díasMacri le baja las patentes a la clase media porteña: quién paga menos y quién queda exento
