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Franja de Gaza

Padre argentino herido en Gaza por bombardeo de Israel pide el fin de la guerra

El sacerdote argentino que resultó herido la semana pasada tras un ataque israelí que alcanzó la única iglesia católica de la Franja, denunció desnutrición generalizada y escasez crítica de ayuda humanitaria entre los 2,5 millones de habitantes del enclave.

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El Argentino Diario-Padre Gabriel Romanelli-Franja de Gaza.

El padre Gabriel Romanelli, quien resultó herido tras bombardeos israelíes que alcanzaron la Iglesia de la Sagrada Familia, la única católica de la Franja de Gaza, aseguró en las últimas horas que se encuentra «bien» y envió un mensaje contundente sobre el conflicto: «Esta guerra tiene que terminar porque no va a ser la solución de nada».

El sacerdote argentino, perteneciente al Instituto del Verbo Encarnado (IVE), mantuvo un diálogo con Splendid AM990 desde Gaza, donde describió la dramática situación que atraviesan los habitantes del enclave palestino.

Un llamado urgente por la paz

«Estoy bien, dentro de lo que se puede estar bien aquí en la Franja de Gaza en este tiempo», expresó Romanelli, quien recibió atención médica por una herida leve en una pierna antes de regresar a su comunidad. El religioso fue contundente en su posición: «Nosotros estamos por la paz con Israel, con Palestina porque esta guerra tiene que terminar, no va a ser la solución de nada y las heridas de esta guerra van a llevar mucho tiempo curarlas».

El bombardeo del jueves pasado a la parroquia de la Sagrada Familia causó al menos dos muertos y siete heridos, según reportes confirmados por medios locales e internacionales. Días antes del ataque, el párroco había advertido a los refugiados que permanecieran dentro de las habitaciones debido a la cercanía de tanques y bombardeos, medida que según un trabajador de Cáritas Jerusalén evitó «al menos 50 o 60 muertos».

Crisis humanitaria y desnutrición generalizada

Romanelli describió una situación crítica en términos de ayuda humanitaria: «Lo primero que pide la gente es que pare todo, que nos den una esperanza de vida. Son palestinos y la mayor parte son civiles. Hay 2 millones y medio de personas que esperan por comida y la solución no es matar a la gente es dejar entrar comida».

El sacerdote denunció la insuficiencia de la asistencia internacional: «Hace falta de todo literalmente. Las ayudas humanitarias que prometieron, si es que han entrado, fue a cuenta gotas y no es suficiente. En las fronteras de Jordania con Egipto hay muchos camiones que están esperando entrar, esperemos que los que tengan que tomar la decisión tomen la decisión justa que es dejarlos entrar».

Testimonios de desnutrición y muerte

El religioso fue contundente al describir el estado de la población: «La desnutrición es algo generalizado en la gente adulta ni que hablar en los menores, desde el inicio de la guerra en general salvo la época de la tregua o la ayuda humanitaria que ha logrado hacer la iglesia en la ciudad de Gaza no se podía entrar lácteos ni carnes ni verdura ni frutas frescas, eso hace que la desnutrición sea real y hay quien ha muerto por desnutrición».

El padre Romanelli, quien mantiene comunicación telefónica diaria con el Papa Francisco desde que se recrudeciera el conflicto, se ha convertido en una de las voces más autorizadas para describir la situación humanitaria en Gaza desde el interior del conflicto.

Puntos clave:

  • El padre Gabriel Romanelli resultó herido en bombardeos israelíes a la única iglesia católica de Gaza la semana pasada
  • El sacerdote argentino pidió el fin inmediato de la guerra desde la Franja de Gaza
  • Denunció desnutrición generalizada entre los 2,5 millones de habitantes del enclave
  • Reportó insuficiencia crítica de ayuda humanitaria y restricciones al ingreso de alimentos
  • Confirmó muertes por desnutrición entre la población civil

DDHH

Defendió a Mandela, acusó a Israel de genocidio y hoy es Nobel de la Paz: quién es Navi Pillay

La sudafricana que defendió a los presos políticos del apartheid, entre ellos Nelson Mandela, y que presidió la comisión de la ONU que concluyó que Israel comete genocidio en Gaza, fue distinguida con el Nobel de la Paz 2026. Donald Trump, que lo reclamaba a viva voz, se quedó afuera.

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El premio más simbólico del planeta fue a parar a manos de la mujer que se atrevió a ponerle nombre a lo que ocurre en la Franja de Gaza. El Comité Noruego del Nobel eligió como Premio Nobel de la Paz 2026 a la jurista que encabezó la comisión de investigación independiente de la ONU que acusó a Israel de cometer genocidio contra el pueblo palestino. La decisión, conocida este viernes, llegó apenas horas después de que Donald Trump reclamara el galardón para sí mismo ante la prensa acreditada en la Casa Blanca.

La distinguida es la sudafricana Navanethem «Navi» Pillay, de 85 años, ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014. Según anunció el propio Comité a través de su cuenta oficial, el premio le fue otorgado «por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional», así como por su aporte a la construcción de un orden jurídico global y a la persecución de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.

Un premio para el derecho internacional en tiempos de guerra

El Comité sostuvo que Pillay trabajó para exigir responsabilidades a los Estados y a sus líderes, y que su trayectoria brindó esperanza a las víctimas de la violencia y de los conflictos armados. A lo largo de su carrera, la jurista puso el foco en la obligación de individuos y Estados de respetar el Estado de derecho, sin excepciones para los poderosos.

El presidente del Comité Nobel, Jørgen Watne Frydnes, explicó el sentido de la elección: «Cada vez más conflictos se están abordando a través de la diplomacia, tratados y mecanismos legales, en lugar de amenazas, violencia y guerra. El derecho internacional es un fundamento para un mundo más pacífico».

Frydnes fue todavía más allá al describir el escenario global: «En un momento de desafíos existenciales (incluyendo más guerras y conflictos de los que el mundo ha visto en mucho tiempo), el derecho internacional ya no es solo un complemento para la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta«. La frase funciona como una respuesta directa a quienes pretenden reemplazar las normas internacionales por la ley del más fuerte.

Gaza: el informe que incomodó a las potencias

El dato que convierte este Nobel en un mensaje político de alto voltaje es su rol al frente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado. En septiembre de 2025, ese organismo concluyó en un informe de 72 páginas que Israel cometió cuatro de los actos tipificados como genocidas por el derecho internacional desde el inicio de la ofensiva sobre Gaza. Entre las pruebas, el panel citó la destrucción de una clínica de fertilidad como evidencia de medidas destinadas a impedir nacimientos dentro del grupo palestino.

En aquel momento, Pillay fue tajante: «La responsabilidad por estos crímenes atroces recae en las autoridades israelíes de los más altos niveles, que orquestaron una campaña genocida durante casi dos años con la intención específica de destruir al grupo palestino en Gaza». Israel rechazó de inmediato la conclusión, como hizo cada vez que un organismo o una figura pública utilizó ese término para describir su campaña militar.

Además, la jurista se desempeña en la causa que investiga a Myanmar por el genocidio contra la minoría rohingya ante la Corte Internacional de Justicia. Premiarla a ella es premiar exactamente aquello que Washington y Tel Aviv intentaron desacreditar durante años. Un mensaje que también interpela a los gobiernos que, como el de Javier Milei, se alinearon sin matices con la Casa Blanca y con el gobierno de Benjamín Netanyahu.

Los premios que intentaron quitarle

El reconocimiento de Oslo contrasta con los obstáculos que Pillay enfrentó en los últimos años. En septiembre de 2022, la Asociación de Naciones Unidas de Alemania iba a entregarle la Medalla de la Paz Otto Hahn en una ceremonia en el Ayuntamiento Rojo de Berlín, pero la entonces alcaldesa Franziska Giffey suspendió el acto tras la presión del embajador israelí en Alemania, Ron Prosor. El diplomático llegó a declarar que «que Navi Pillay investigue a Israel es como pedirle a Putin que presida una comisión de investigación sobre Ucrania».

En octubre de 2023, la rama estadounidense de la Asociación de Derecho Internacional desvinculó de su conferencia anual el premio que iba a entregarle, después de que una treintena de organizaciones pidieran a los grandes estudios jurídicos retirar su patrocinio. La campaña de desprestigio no logró lo que buscaba: en 2025 recibió el Premio de la Paz de Sídney y hoy suma el Nobel.

De la trinchera contra el apartheid a los tribunales internacionales

Pillay se graduó en derecho en 1965 en la Universidad de Natal y empezó a trabajar junto al abogado N.T. Naicker, integrante del Congreso Nacional Africano (CNA), quien estaba bajo arresto domiciliario. En 1967, con apenas 26 años, abrió su propio estudio y se convirtió en la primera mujer no blanca en hacerlo en la provincia de Natal. Según recordó ella misma, ningún bufete quería contratarla porque «no aceptaban que empleados blancos recibieran instrucciones de una persona de color».

Durante 28 años defendió a militantes antiapartheid del CNA, del Movimiento de Conciencia Negra y de otras organizaciones, y denunció la tortura contra presos políticos. En 1971 obtuvo una medida judicial para impedir que la policía aplicara métodos ilegales de interrogatorio a su propio esposo, detenido bajo la Ley Antiterrorista. Dos años después logró que los presos políticos de la isla Robben, entre ellos Nelson Mandela, tuvieran derecho a asistencia letrada.

En 1988 se doctoró en ciencias jurídicas en Harvard, la primera sudafricana en lograrlo en esa facultad. Más tarde integró y presidió el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde formó parte del tribunal que en la causa Akayesu reconoció por primera vez la violación como un acto de genocidio, un hito para los derechos de las mujeres en el derecho penal internacional. Luego fue jueza de la Corte Penal Internacional, antes de asumir como Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

Trump, el gran perdedor de la jornada

La víspera del anuncio, el presidente de Estados Unidos insistió en que merecía el premio. «Nunca ha habido nadie en la historia del Premio Nobel que lo merezca más. Resolví ocho guerras. Detuve la destrucción total del mundo», aseguró Trump ante los periodistas en la Casa Blanca.

El mandatario evocó además a la venezolana María Corina Machado, galardonada en 2025: «La última vez se lo dieron a una joven, que era una persona fabulosa. Y ella dijo que no lo merecía, que yo lo merecía. Y me lo dio». Aun así, admitió que el Comité difícilmente lo elegiría. La distancia entre el presidente que exige medallas y la jueza que exige rendición de cuentas a los poderosos resume el mensaje de Oslo.

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