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Escándalo Lanata vs Clarín por una deuda de 300 mil dólares

Elba Marcovecchio criticó a Radio Mitre por exigir una deuda y dejarla fuera del homenaje al periodista tras su fallecimiento.

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Lo que tenés que saber

  • La radio reclama una deuda de US$300 mil que Lanata tomó en vida.
  • Marcovecchio calificó el reclamo como “ínfimo” frente a lo que generó el periodista.
  • Asegura que no fue invitada al homenaje en la emisora.
  • La abogada negó que el préstamo se usara para su casa.
  • La sucesión de Lanata ya está en marcha, pero sin declaratoria de herederos aún.

Elba Marcovecchio arremetió contra la radio por la deuda que reclama a la sucesión de Lanata

Elba Marcovecchio, viuda del periodista Jorge Lanata, se refirió públicamente a la deuda de US$300 mil que la emisora donde él trabajó los últimos años reclama como parte del proceso sucesorio. En declaraciones recientes, sostuvo que el reclamo es injusto y desproporcionado, considerando el valor profesional que Lanata aportó durante más de una década.

“Jorge le dio 12 años maravillosos. Les dio años de popularidad y un nivel intelectual que ¿quién lo sucede?”, afirmó la abogada. Lanata había solicitado un préstamo de US$400 mil a la radio, de los cuales alcanzó a devolver US$100 mil. El dinero se habría destinado a refacciones en la propiedad de Punta del Este.

La viuda niega haber usado el dinero y habla de “malagradecidos”

Elba Marcovecchio fue tajante al deslindarse de la deuda:
“No fue en nada para mi casa. No participé de todo eso”, explicó. Según dijo, Lanata había solicitado a la emisora una compensación económica por su trayectoria en la radio, y ese préstamo se inscribía en ese marco.

“Cuando se comparaba el monto, no era exagerado para los ingresos que él tenía”, señaló la abogada. Además, asentó la acusación de que los directivos de la radio son “malagradecidos”, cuando fue consultada directamente sobre el calificativo.

Sin homenaje ni invitación

Uno de los puntos que más molestó a Marcovecchio fue la exclusión del homenaje que la emisora organizó tras la muerte del periodista.
“No me invitaron al homenaje en la radio. Reclaman el dinero porque es una corporación y no tienen corazón. Es presentar una deuda de valor ínfimo para lo que él le generó a la radio”, aseguró.

Para la letrada, la relación de Lanata con la emisora fue clave en el crecimiento y posicionamiento intelectual de la misma, y consideró que ese legado debería pesar más que una deuda formal.

La herencia de Lanata y el proceso sucesorio

En cuanto a la situación legal, Marcovecchio confirmó que la sucesión ya se inició, aunque todavía no se emitió la declaratoria de herederos.
“La sucesión ya empezó, pero todavía no hay declaratoria de herederos. No soporto ver el nombre de él con la carátula sucesión”, expresó con angustia. Agregó que tanto ella como las hijas del periodista están en pleno proceso de duelo.

Respecto a los bienes, señaló que Lanata dejó una casa en Punta del Este, obras de arte y un auto. Según ella, el periodista trabajó toda su vida y lo ganado fue fruto exclusivo de su esfuerzo:
“Jorge trabajó toda su vida y de hecho trabajaba demasiado. Podría no haber dejando nada porque la ganaba él”, concluyó.

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The Guardian le pide a Londres que reabra las negociaciones por Malvinas

El columnista Simon Jenkins publicó en el diario británico The Guardian una columna en la que exhortó al gobierno del Reino Unido a retomar el diálogo con la Argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas, disparada por la bandera que la Selección exhibió tras vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026.

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"No pueden ser británicas para siempre": The Guardian le dice al gobierno británico lo que Milei no se anima a reclamar.

Una columna publicada el 16 de julio de 2026 en The Guardian, uno de los diarios de mayor influencia del Reino Unido, sacudió el debate sobre la soberanía de las Islas Malvinas desde adentro mismo del establishment mediático británico. Su autor, el periodista y analista Simon Jenkins, sostuvo que el gobierno de Londres deberá, tarde o temprano, sentarse a negociar con la Argentina la cuestión del archipiélago, y que ningún territorio colonial tiene el derecho eterno de permanecer bajo dominio imperial.

El disparador fue la imagen que dio la vuelta al mundo: jugadores de la Selección argentina desplegando una bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas» en el campo del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, minutos después de la victoria por 2 a 1 sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial de la FIFA 2026. El gesto, que generó una airada respuesta del gobierno británico y la exigencia de una investigación a la FIFA, tuvo sin embargo una lectura radicalmente distinta desde las páginas del diario progresista londinense.

Una voz disidente en el corazón del establishment británico

Jenkins no esquivó la incomodidad del argumento. En su columna, cuyo título completo fue «¿Las Malvinas son argentinas? No exactamente, pero ‘las Falklands’ no pueden seguir siendo británicas para siempre», el periodista reconoció la complejidad histórica del conflicto pero apuntó directamente contra la parálisis diplomática de Londres. «Tarde o temprano, el gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de reanudar las negociaciones», escribió, y agregó que, en el estado actual de las cosas, «el Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth y el ministro de Defensa pospondrán el problema».

La frase que condensó toda la carga política del texto fue contundente: «No pueden ser británicas para siempre». Y la pregunta que Jenkins formuló después no fue retórica sino estructural: cuánto tiempo más puede el Reino Unido sostener, a un costo de más de 60 millones de libras esterlinas anuales en defensa, la presencia militar en un archipiélago disputado a miles de kilómetros de sus costas.

Gibraltar como espejo: el antecedente que incomoda a Londres

El eje argumentativo central de Jenkins fue la comparación con Gibraltar. Apenas 24 horas antes de que la Selección argentina exhibiera su bandera en Atlanta, el Reino Unido y España habían firmado en Bruselas un acuerdo que eliminó los controles fronterizos entre España y el Peñón, poniendo punto final a décadas de tensión diplomática sobre otro enclave de la era colonial británica.

El paralelismo resultó inevitable para Jenkins: si Londres pudo sentarse a negociar con Madrid sobre Gibraltar, ¿por qué no podría hacerlo con Buenos Aires sobre Malvinas? «¿Será mucho esperar que una negociación similar surja producto de la semifinal de anoche?», se preguntó el columnista, en una formulación que mezcló ironía y desafío dirigido al propio gobierno del primer ministro Keir Starmer.

Jenkins también cuestionó el peso que la diplomacia británica suele asignar al referéndum de 2013, en el que el 99,8% de los 1.517 habitantes de las islas votó por permanecer bajo administración del Reino Unido. Para el columnista, ese resultado no cierra la discusión sobre la soberanía, sino que la congela artificialmente: no puede equipararse la voluntad de una población instalada bajo ocupación colonial con la resolución definitiva de una disputa territorial reconocida por la propia ONU.

El reclamo argentino: historia, derecho internacional y política actual

La Resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas, aprobada en 1965, reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos gobiernos a continuar negociaciones para alcanzar una solución pacífica. Ese mandato internacional nunca fue cumplido por Londres, que desde el fin de la guerra de 1982 adoptó una política de silencio sistemático sobre la cuestión.

Jenkins repasó en su columna los tres momentos históricos en que ambos países estuvieron más cerca de avanzar: las conversaciones bilaterales entre 1966 y 1968; la Declaración Conjunta de 1971 sobre comunicaciones con el continente; y la propuesta confidencial del gobierno laborista de Harold Wilson en 1974, que ofreció al presidente Juan Domingo Perón un esquema de condominio con administración conjunta, banderas compartidas y gobernación rotativa. Ese proceso, señaló el periodista, fue interrumpido violentamente por el inicio del conflicto armado de 1982, que transformó lo que pudo haber sido una solución negociada en una lógica de guerra que aún hoy condiciona la política exterior de ambos países.

La bandera como catalizador diplomático

Jenkins no se limitó al análisis histórico. Evaluó el impacto político concreto del gesto de los jugadores argentinos y expresó su deseo de que el símbolo trascienda lo deportivo. «Sería gratificante si la bandera de las Malvinas exhibida durante el partido en los Estados Unidos sacudiera a alguien para que pase a la acción», escribió, en una formulación que invierte completamente la lectura que el gobierno británico había hecho del episodio: donde Peter Kyle, ministro de Empresa, calificó el gesto de «totalmente inapropiado» y pidió una investigación de la FIFA, Jenkins lo leyó como un llamado a la responsabilidad política.

La columna del periodista británico tiene un peso político adicional que no puede ignorarse: el gobierno de Javier Milei, a diferencia de administraciones anteriores, exhibió un perfil notablemente más tibio en la defensa pública del reclamo soberano. Las ambigüedades del presidente argentino ante la cámara, en contraste con la firmeza del gesto de los futbolistas, generaron una situación paradójica: son los propios columnistas del establishment de prensa británico quienes, en este caso, empujan el debate con mayor énfasis que el jefe de Estado argentino.

Puntos clave

  • Simon Jenkins publicó el 16 de julio en The Guardian una columna que exige al gobierno británico reabrir negociaciones con Argentina por Malvinas.
  • El texto comparó la situación con el acuerdo sobre Gibraltar firmado entre el Reino Unido y España en Bruselas, apenas 24 horas antes de la semifinal del Mundial.
  • Jenkins cuestionó el referéndum de 2013 como argumento definitivo y recordó que la ONU reconoció la disputa de soberanía en 1965 mediante la Resolución 2065.
  • El columnista cifró en más de 60 millones de libras anuales el costo que representa para los contribuyentes británicos el mantenimiento militar del archipiélago.
  • La postura contrasta con la reacción oficial de Londres, que exigió una investigación a la FIFA por la exhibición de la bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas».
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