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Elecciones

En medio de una fuerte interna en JxC, comenzaron las PASO en Santa Fe

Se eligen candidatos a gobernador y vice, y postulantes a legisladores, intendentes, presidentes comunales y concejales, para las elecciones generales del 10 de septiembre.

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Los comicios para las PASO de la provincia de Santa Fe comenzaron a las 8 de hoy y se desarrollaban con normalidad, informaron fuentes oficiales.

En este distrito se eligen candidatos a gobernador y vice, y postulantes a legisladores, intendentes, presidentes comunales y concejales, entre otras autoridades, para las elecciones generales del 10 de septiembre.

Tras a apertura de los comicios, el secretario electoral de Santa Fe, Pablo Ayala, señaló en declaraciones a Télam que «por ahora viene todo bien, salvo pequeñas contingencias».

Con 13 postulantes a la candidatura a gobernador comenzará a definirse la sucesión del mandatario peronista Omar Perotti.

La interna de Unidos para Cambiar Santa Fe, entre los precandidatos Carolina Losada y Maximiliano Pullaro, aparece como la más atractiva por la fuerte disputa.

Dentro de ese «frente de frentes» también competirá la fórmula de Mónica Fein, referente del socialismo y exintendenta de Rosario, que irá acompañada por Eugenio Fernández.

En el peronismo, el senado Marcelo Lewandowski surge como el favorito en la pulseada entre cuatro precandidatos, que compiten bajo el nombre Juntos Avancemos.

Lewandowski, secundado por Silvina Frana, ministra de Infraestructura del distrito, cuenta con el apoyo de Perotti, quien como primer postulante a diputado provincial intentará emular a sus antecesores Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz, que al finalizar sus mandatos presidieron la Cámara baja de la Legislatura.

La compulsa será ante tres jóvenes dirigentes: los diputado nacionales rosarinos Eduardo Toniolli (Movimiento Evita) y Marcos Cleri (La Cámpora), y el diputado provincial santafesino Leandro Busatto, de la Corriente Nacional de la Militancia y cercano al Jefe de Gabinete y precandidato a vicepresidente, Agustín Rossi.

También habrá competencia interna en el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), donde la puja será animada por Carla Deiana y Octavio Crivaro, mientras que en el espacio «Escucharte» el candidato será el ex diputado nacional por el PJ, Gustavo Marconatto.

La Coalición Cívica ARI, luego de desistir de integrar la sociedad entre el PRO, la UCR y una parte del socialismo, presentó una lista propia que encabeza Eduardo Maradona.

Completan la grilla el Partido Moderado, con la postulación de Walter Eiguren, y la lista «Viva la Libertad», que lleva como aspirante a Edelvino Bodoira, un abogado rafaelino que representa a sectores que se opusieron a la ley de interrupción del embarazo.

En cuanto a las intendencias, sobresalen los comicios para elegir candidatos en Rosario, donde el alcalde Pablo Javkin buscará la reelección, al igual que Emilio Jatón en Santa Fe, ambos en el seno de «Unidos para Cambiar Santa Fe».

Por primera vez se aplicará el voto joven, esto es, a partir de los 16 años, que fue habilitado por el Tribunal Electoral debido a que la Constitución de la provincia establece que solo pueden sufragar los ciudadanos a partir de los 18 años y no había norma equivalente a la ley nacional sancionada por el Congreso en 2012 y que tuvo su debut en las elecciones legislativas de 2013.

En el distrito rige la boleta única en papel, por lo que los electores deben marcar con fibra el candidato de su preferencia en una hoja que exhibe el menú completo de precandidatos para cada una de las cinco categorías.

El padrón electoral de Santa Fe es el tercero del país, con un total de 2.768.525 electores, que representan un 8,06 por ciento del total, detrás de las provincias de Buenos Aires y Córdoba.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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