Ciencia 🧬
El CONICET ahora transmitirá en vivo la búsqueda de dinosaurios en la Patagonia
La “Expedición Cretácica I 2025” se desarrolla en Río Negro, cerca de General Roca, donde en 2024 se halló la garra de un dinosaurio inédito. Tras el éxito del streaming desde el fondo del mar, el equipo busca completar el esqueleto del Bonapartenykus ultimus y mostrar en directo el trabajo paleontológico a todo el país.
⬛ Investigadores del CONICET emprendieron una nueva campaña científica en la Patagonia rionegrina, en el marco de la “Expedición Cretácica I 2025”, que se extenderá hasta el 15 de octubre. La iniciativa tiene como objetivo continuar las excavaciones donde, el año pasado, se descubrió la garra del Bonapartenykus ultimus, un dinosaurio carnívoro inédito que vivió hace unos 70 millones de años.
La expedición se lleva adelante en un yacimiento cercano a General Roca, considerado uno de los sitios más ricos en restos fósiles del Cretácico tardío. Desde el CONICET informaron que allí se encontraron los materiales más completos de fines de la Era de los dinosaurios en la Patagonia, incluyendo fósiles de mamíferos, lagartos, serpientes y nidadas de varias especies de dinosaurios.
Un viaje al pasado en tiempo real
Por primera vez, parte del trabajo científico podrá verse en vivo. Entre el 6 y el 10 de octubre, las excavaciones serán transmitidas por YouTube e Instagram, en dos franjas horarias: de 11 a 12:30 y de 17 a 18:30. La experiencia busca acercar la ciencia al público y mostrar cómo se desarrolla una campaña paleontológica en el terreno.
“Vamos a regresar a un yacimiento clave, donde años atrás se identificaron al menos diez especies nuevas aún no nombradas, incluyendo anfibios, reptiles, mamíferos y un dinosaurio carnívoro”, explicó Federico Agnolín, paleontólogo del CONICET y jefe científico de la misión.
Ciencia abierta y emoción en directo
El proyecto cuenta con el respaldo del CONICET, la National Geographic Society, la Fundación de Historia Natural Félix de Azara y el acompañamiento de la Secretaría de Cultura de Río Negro. Según Agnolín, la idea de transmitir en vivo surgió hace años, pero recién ahora se concretó tras la experiencia del Schmidt Ocean Institute, que en agosto pasado permitió seguir por streaming una expedición submarina en el cañón Mar del Plata.
“Desde hacía años queríamos hacer un tipo nuevo de comunicación científica. La tremenda campaña del Falkor nos impulsó a ver cómo podíamos hacerlo”, señaló el investigador, en referencia a la misión a bordo del buque R/V Falkor (too), que alcanzó casi 18 millones de visualizaciones.
En esta ocasión, los espectadores podrán interactuar con los científicos y observar en tiempo real las técnicas de extracción de fósiles. Uno de los momentos más esperados será la “gran excavación”, en la que se prevé que aparezcan nuevos restos del Bonapartenykus ultimus. “Creo que se va a poder captar ese instante de emoción que nos inunda a los paleontólogos cuando aparece un fósil nuevo, algo que jamás había sido filmado”, afirmó Agnolín.
Puntos clave:
- El CONICET encabeza la “Expedición Cretácica I 2025” en Río Negro.
- Buscan completar el esqueleto del dinosaurio Bonapartenykus ultimus, descubierto en 2024.
- La campaña se transmite en vivo por YouTube e Instagram hasta el 10 de octubre.
- Participan el CONICET, National Geographic, la Fundación Félix de Azara y la Secretaría de Cultura de Río Negro.
- El yacimiento tiene más de 70 millones de años y contiene fósiles de múltiples especies.
Ciencia 🧬
La luz que enciende el cerebro: tres científicos ganaron el Nobel de Medicina por la optogenética
La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo otorgó este lunes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética: una técnica que permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante pulsos de luz, con aplicaciones prometedoras en el tratamiento de trastornos neurológicos y la recuperación de la visión.
El cerebro humano guardó por siglos sus secretos más profundos detrás de una barrera casi infranqueable: la imposibilidad de intervenir sobre una sola neurona sin alterar el conjunto. Esa barrera se derrumbó gracias a un alga unicelular, una proteína extraordinaria y tres científicos que supieron ver lo que nadie había visto. Este lunes, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska reconoció ese trabajo con el galardón más importante de la ciencia.
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado conjuntamente al neurocientífico y psiquiatra estadounidense Karl Deisseroth, del Instituto Médico Howard Hughes y la Universidad de Stanford (Estados Unidos), y a los biofísicos alemanes Peter Hegemann, de la Universidad Humboldt de Berlín, y Georg Nagel, de la Universidad de Würzburg, por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética. El anuncio fue hecho en Estocolmo este lunes 5 de octubre de 2026.

Del alga al cerebro: cómo nació la optogenética
Todo comenzó con una pregunta aparentemente simple que formuló Peter Hegemann: ¿cómo una criatura microscópica como el alga Chlamydomonas, sin sistema nervioso ni ojos, es capaz de detectar la luz y nadar hacia ella? La respuesta que encontró cambió la neurociencia para siempre.
A principios de la década de 2000, Hegemann y Georg Nagel identificaron la canalrodopsina, una proteína presente en la superficie del alga que funciona como un canal iónico activado por la luz. Cuando el haz de luz azul la ilumina, el canal se abre, los iones cargados fluyen hacia el interior de la célula y generan un impulso eléctrico. Era, en esencia, un interruptor biológico activado por luz. Las investigaciones reconocidas de ambos científicos se realizaron en los Institutos Max Planck de Bioquímica y de Biofísica.
Karl Deisseroth llevó ese hallazgo a un terreno radicalmente nuevo. Introdujo el gen de la canalrodopsina en células nerviosas de ratas, logrando que las neuronas respondieran a la luz de la misma manera que el alga. Por primera vez en la historia, era posible encender o apagar neuronas específicas dentro de un cerebro vivo con una precisión que ningún fármaco ni electrodo había podido alcanzar. La optogenética había nacido.
Una nueva era para la neurociencia
La Academia Nobel calificó a los tres investigadores como los fundadores de «una nueva era en la neurociencia». El presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, Per Svenningsson, subrayó que «la optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera que antes solo podíamos soñar». El miembro del comité Abdel El Manira precisó que la técnica «se adoptó rápidamente en todo el mundo para mapear conductas complejas como la ansiedad, la sed o la ingesta de alimentos».
Mediante la optogenética, los investigadores de todo el mundo lograron revelar los circuitos neuronales que gobiernan recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos, y que están en la base de trastornos neurológicos y psiquiátricos tan extendidos como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, la depresión y las adicciones. La técnica no solo permite observar qué neuronas intervienen en cada proceso, sino también silenciarlas o activarlas, distinguiendo con claridad causa y efecto en el funcionamiento cerebral.
Aplicaciones clínicas: la vista, el Parkinson y más
El reconocimiento también pone en primer plano las aplicaciones médicas concretas que ya están en curso. Un ejemplo señalado por el propio comité Nobel es la retinitis pigmentosa, una enfermedad que destruye progresivamente las células fotorreceptoras de la retina y lleva a la ceguera. Científicos en distintos países están utilizando la optogenética para intentar restaurar la visión en pacientes con discapacidad visual, introduciendo canales iónicos sensibles a la luz en las células restantes de la retina para que puedan captar señales luminosas.
Las perspectivas se extienden también hacia el tratamiento de trastornos del movimiento y las alteraciones de los circuitos neuronales asociados a enfermedades psiquiátricas. Para el neurocientífico español Juan Lerma, consultado por medios europeos, este es «un premio largamente esperado» por la comunidad científica internacional, que lleva años apostando a la optogenética como una de las herramientas más transformadoras de la biomedicina contemporánea.
Quiénes son los premiados
Karl Deisseroth, nacido en 1971, es psiquiatra y neurocientífico. Desarrolla su labor en el Instituto Médico Howard Hughes y en la Universidad de Stanford, donde integra la práctica clínica con la investigación de laboratorio sobre los mecanismos cerebrales de la depresión y otros trastornos psiquiátricos.
Peter Hegemann, nacido en 1954, es biofísico y trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín. Su carrera estuvo marcada por el estudio de los mecanismos moleculares de la fotorrecepción en algas y microorganismos, un campo que puede parecer alejado de la medicina pero que demostró ser la puerta de entrada a una revolución científica.
Georg Nagel, nacido en 1953, es biofísico en la Universidad de Würzburg. Junto a Hegemann, fue el responsable de identificar y caracterizar la canalrodopsina, la proteína que se convirtió en la piedra angular de la optogenética. Los tres galardonados compartirán el premio económico de 12 millones de coronas suecas, equivalentes a aproximadamente 1,2 millones de dólares.
Lo que tenés que saber:
- El Premio Nobel de Medicina 2026 fue otorgado al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por el desarrollo de la optogenética.
- La optogenética permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante estímulos de luz, con una precisión sin precedentes en la historia de la neurociencia.
- La técnica nació del estudio de la canalrodopsina, una proteína del alga Chlamydomonas descubierta por Hegemann y Nagel a principios de los 2000.
- Sus aplicaciones incluyen el estudio de trastornos como Parkinson, epilepsia, depresión y adicciones, y ya se explora su uso para restaurar la visión en personas con retinitis pigmentosa.
- El premio económico asciende a 12 millones de coronas suecas (1,2 millones de dólares), que los tres científicos compartirán.
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